COMENTARIO
Jacob había conseguido ya el derecho de primogenitura; ahora va a conseguir la bendición del padre al hijo mayor. Esa bendición implicaba, al parecer, el derecho a la herencia que ya antes había comprado Jacob a Esaú, y el representar a la familia adquiriendo así la primacía sobre los hermanos (cfr v. 29). Además, a través de la bendición del padre se trasmite también la bendición de Dios. La Biblia no enjuicia los medios de los que Jacob se vale para hacerse con la bendición paterna; pero sí pone de relieve, una vez más, que Jacob no tenía derecho a ella según las leyes humanas, sino que recibió ambas cosas, primogenitura y bendición, como un don gratuito de Dios, que eligió al menor (cfr 25,23). También aquí, como en el caso de Isaac (cfr 21,8-13), se resalta la intervención de la madre, por encima de las leyes establecidas, en la realización de los proyectos divinos. El pasaje quiere poner en evidencia, al mismo tiempo, la sagacidad del patriarca, superior a la de Esaú. La acción de Jacob queda justificada en el conjunto del relato, puesto que había comprado antes los derechos de primogenitura a su hermano. Sin embargo, el profeta Oseas considerará la conducta de Jacob como algo negativo de lo que tendrá que arrepentirse, y, en este sentido, Jacob prefigura al pueblo de Israel al que el profeta pide conversión (cfr Os 12,3-7).
Este relato presenta un estilo similar al que veíamos en el cap. 24. En efecto, la acción se desarrolla en cinco escenas, cada una incluyendo un diálogo entre dos personajes, cuya psicología queda magníficamente descrita; se combina la tensión dramática sobre quien será el receptor final de la bendición, con la forma, en cierto modo graciosa, en que se desarrolla la acción.