COMENTARIO

 Gn 28,12 

La escala que Jacob ve en su sueño —que podría reflejar las escaleras de los templos mesopotámicos o egipcios, copiadas en los santuarios de Canaán—, tal como aparece en el texto bíblico está llena de un profundo simbolismo: es el medio por el que se unen el cielo y la tierra. Algunos Padres de la Iglesia interpretaron esa escala como la providencia divina que llega a la tierra mediante el ministerio de los ángeles; otros, en cambio, vieron en la escala un signo de la Encarnación de Cristo en la estirpe de Jacob, pues es entonces, efectivamente, cuando se unen lo divino y lo humano, al ser Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. En el Evangelio de San Juan, el sueño de Jacob se ve cumplido en la glorificación de Jesucristo a través de su muerte en la Cruz: «En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn 1,51). De ahí que otros importantes intérpretes consideran que la escala que vio Jacob representa la cruz por la que Cristo, y los cristianos, alcanzan la gloria del cielo. San Bernardo aplicaba el simbolismo de la escala a la Santísima Virgen: «Ésta (la Virgen) es la escala de Jacob, que tiene doce peldaños, entre los dos lados. El lado derecho es el desprecio de sí mismo por el amor a Dios, el lado izquierdo es el desprecio del mundo por amor al Reino. La subida por sus doce peldaños son los grados de humildad. (…) Por estos peldaños suben los ángeles y son elevados los hombres…» (Sermo ad Beatam Virginem 4).

Volver a Gn 28,12