COMENTARIO

 Gn 29,1-14 

La llegada de Jacob a casa de Labán y su encuentro con Raquel tienen un cierto parecido con la llegada del siervo de Abrahán y su encuentro con Rebeca (cfr cap. 24). Difieren, sin embargo, en cuanto a la designación del lugar: aquí sólo se da una referencia genérica al «país de los orientales», que indicaría propiamente la región del noroeste del desierto arábigo, amplia zona recorrida por los pastores seminómadas. La distinta designación respecto a la procedencia de los antepasados de Israel (Aram-Naharaim en el caso de Abrahán o «el país de los orientales» en el caso de Jacob) se puede explicar por la movilidad que tenían estos grupos de pastores seminómadas, que iban con sus ganados de una parte a otra, y a veces hacían vida sedentaria. De ahí que sea diversa la referencia al lugar en que se encontraban en uno u otro momento, dependiendo del origen de las tradiciones, que, por otra parte, siempre se mueven en un marco muy amplio.

Aunque el desarrollo de los acontecimientos parece casual, el contexto deja entrever que así empieza a manifestarse la providencia divina, tal como Jacob la había implorado cuando Dios se le apareció en Betel (cfr 28,20).

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