COMENTARIO
En primer lugar, Jacob explica a sus esposas que Dios ha intervenido en su favor, para que, de esa forma, ellas acepten voluntariamente marcharse con él (cfr v. 16). Con ese recurso el texto da a conocer las verdaderas causas de los acontecimientos: los medios puestos por Jacob habían tenido éxito porque Dios, que se le había aparecido al emprender el viaje hacia casa de Labán (cfr 28,10-22), estaba con él y le ayudaba frente a las trampas que le ponía Labán.
En los vv. 11-13, «el ángel de Dios» es decir, su mensajero o enviado, se identifica de alguna manera con Dios mismo. Pero a pesar de tal identificación, se deja entrever cierta diferencia entre «el ángel de Dios» y el «Dios de Betel», que podría entenderse como una distinción entre una presencia divina —aunque sea en sueños— y el mismo Dios en su misterio inaccesible. A lo largo de la Biblia, la distinción entre Dios y sus mensajeros celestes, los ángeles, se hará más explícita. Aquí todavía no queda aclarada esa diferenciación, sino que más bien el autor sagrado parece querer evitar un modo de hablar de Dios demasiado antropomórfico, como sería el afirmar que Dios mismo se aparece a alguien de manera sensible.