COMENTARIO
Raquel y Lía coinciden en reconocer la avaricia de Labán. Éste había exigido a Jacob un alto precio por sus hijas, y no sólo regalos como en el caso de Rebeca (cfr 24,22). Además, se había quedado para él el mohar, o paga que se hacía al adquirir una mujer como esposa —en este caso el fruto del servicio de Jacob—, en vez de retribuirlo de nuevo a las hijas y su descendencia, como parece que exigían las costumbres vigentes. En este sentido las hijas de Labán pueden acusar a su padre de haberse comido el dinero de ellas, y en este mismo sentido el texto destaca que Dios ha hecho justicia, pues lo que Jacob ha tomado del ganado de Labán, pertenecía en realidad a sus esposas. La conducta de Jacob queda por tanto plenamente justificada ante las esposas y ante el lector.