COMENTARIO
Aunque aduce hábilmente un pretexto que justifique su persecución, el tono en que Labán se dirige a Jacob denota que ha habido un cambio en su actitud debido a una intervención de Dios. En efecto, Dios sigue cuidando de Jacob y, como comenta San Juan Crisóstomo, «la mano de Dios es más fuerte que todos los demás, y nos protege y nos hace invencibles en cualquier circunstancia. Es lo que queda patente en el caso de este justo (Jacob). Pues aquel que lo perseguía con tanto ímpetu, y quería infligirle el castigo de la huida, no sólo no le recrimina nada hiriente, sino que le habla con suavidad como un padre a un hijo, diciéndole: “¿Qué has hecho? ¿Por qué te marchaste ocultamente?” ¡Ved qué cambio!, ved cómo aquel que estaba fuera de sí como una bestia, imita la mansedumbre de una oveja» (Homiliae in Genesim 57,5).