COMENTARIO

 Gn 31,43-54 

El pacto entre Jacob y Labán incluye dos aspectos: el primero, acerca del comportamiento de Jacob con las hijas de Labán (vv. 49-50); el segundo, en orden a delimitar la frontera entre el territorio en que habitarían uno y otro (cfr vv. 51-52). El primer aspecto se relaciona con el nombre de Mispá que significa «atalaya» o «lugar de vigilancia»; el segundo, con el nombre arameo Yegar-Sehadutá o el hebreo Galed, pues los dos significan lo mismo: «testimonio». De esta forma, el relato del pacto explica los nombres dados a aquel lugar; y, al mismo tiempo, el nombre de aquel monte fronterizo servirá para recordar y reconstruir la historia y el fundamento de las relaciones entre Israel y los arameos.

El pacto se narra con las características comunes a los tratados de alianza en la antigüedad: una señal duradera como las piedras levantadas, un banquete, unas cláusulas y la invocación a los dioses de los pactantes. La seriedad y el valor de estas alianzas humanas será el contexto para expresar asimismo la relación de Dios con su pueblo como una Alianza bilateral.

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