COMENTARIO
La relación entre Esaú y Jacob, interrumpida por la estancia de este último con Labán, vuelve a retomarse al narrar el encuentro entre los dos hermanos. Esaú, antepasado de Edom (cfr 25,19-30), es presentado ahora habitando su propio territorio, la montaña de Seír, es decir, la zona montañosa que se extiende desde el sureste del Mar Muerto hasta el golfo de Ácaba.
La narración bíblica de estos episodios contiene un aspecto importante de la historia de la salvación: la formación del pueblo de Israel como cumplimiento de la promesa que Dios hizo a Abrahán. En este sentido la figura de Jacob, volviendo con sus hijos a la tierra prometida, revela la voluntad divina de otorgar esta tierra a su pueblo, Israel. Es significativo que la vuelta de Jacob a Canaán venga narrada con trazos que recuerdan el éxodo de Egipto: la salida, cargados de riquezas, de un país pagano y enemigo; el paso del río; la persecución; la noche como momento en el que Dios pasa; y el encaminarse hacia la tierra prometida.
Jacob es ahora el destinatario y el portador de la promesa divina, y él, personalmente, ha de recorrer un camino de fe y de relación con Dios similar al que recorrió Abrahán. Salta a la vista, sin embargo, la distinta forma en que Dios va modelando la personalidad de ambos patriarcas: a Abrahán mediante unas pruebas que acepta con fe y obediencia radical a la voluntad divina; a Jacob, en cambio, mediante unos acontecimientos naturales de la historia, que el patriarca ha de cambiar o superar, luchando constantemente. Baste recordar en este sentido cómo se hace Jacob con la primogenitura, o cómo llega a casarse con Raquel y a poseer una gran riqueza. En Jacob sobresale el espíritu de lucha para conseguir lo que, por otra parte, es don de Dios. Aspecto que culminará en la lucha descrita en 32,23-30, por la que Jacob consigue la bendición divina. Si el momento más relevante de la historia de Abrahán es su obediencia a Dios al disponerse a sacrificar a Isaac, el de la historia de Jacob es su lucha con Dios para obtener la bendición. Tras este episodio, Jacob, cuyo nombre se habrá cambiado significativamente por el de Israel, estará en disposición de entrar en la tierra prometida.