COMENTARIO

 Gn 32,4-21 

Jacob sospecha la hostilidad de Esaú que viene a su encuentro con cuatrocientos hombres, a pesar de la embajada enviada. Por ello prepara cuidadosamente el encuentro con su hermano: primero, disponiendo con prudencia a su gente; segundo, mediante la oración en la que da gracias a Dios y al mismo tiempo le pide ayuda; y tercero, enviando, como en oleadas, regalos que aplaquen la ira de Esaú. Así muestra Jacob sus buenas intenciones de paz y reconciliación con su hermano.

El detalle señalado en el texto (v. 14) de que Jacob pasó aquella noche en el campamento, lo comenta así San Ambrosio: «La virtud perfecta tiene la tranquilidad y estabilidad del descanso. Por eso el Señor reserva su don a los perfectos diciendo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Es propio de los perfectos no dejarse inquietar fácilmente por las cosas mundanas, ni turbarse por el temor, ni estremecerse por las sospechas, ni dejarse dominar por el terror, ni ceder por el miedo; sino mantener en paz un espíritu sereno, en actitud confiada, como en una playa amplísima frente a las corrientes de las inquietudes mundanas. (…) Por el contrario, el impío se aflige más por sus sospechas que por los golpes de fuera, y tiene muchas más heridas en su ánimo que los que son golpeados por otros en su cuerpo» (De Iacob et vita beata 2,6,28).

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