COMENTARIO

 Gn 34,1-31 

Siquem es por una parte el nombre de la ciudad frente a la que había acampado Jacob, y, por otra, el nombre de una persona individual. Igualmente Jamor representa por un lado el pueblo al que pertenecen los habitantes de Siquem, y por otro, un individuo concreto, el padre de Siquem. En la presente narración se entremezclan ambos planos.

Dado el lugar que esta historia ocupa en el conjunto del Génesis, parece evidente que el autor sagrado quiere mostrar con ella un cierto paralelismo entre Jacob y Abrahán. Éste también estuvo en Siquem y allí recibió la promesa de poseer aquella tierra (cfr 12,6-7). Con la llegada de Jacob parece cumplirse en cierto modo aquella promesa; pero el cumplimiento queda truncado por la conducta violenta de sus hijos. Por eso Jacob, como Abrahán, se dirigirá a Betel, a la montaña. La historia también dará razón en época posterior del estado de las tribus de Simeón y Leví: la primera prácticamente absorbida por la de Judá, la segunda sin derecho a un territorio propio. Es la situación que se describirá asimismo en el cap. 49, y que viene ya preparada en este relato.

Hay que destacar la repulsa explícita que aquí encontramos del abuso sexual, agravado en el contexto por tratarse de una joven judía forzada por un no judío; y, al mismo tiempo, la condena implícita de la venganza sangrienta y a traición por parte de los hijos de Jacob (v. 30).

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