COMENTARIO
En la historia de José, los sueños tienen gran importancia (cfr caps. 40-41). Éstos no son, como en los capítulos anteriores, vehículo de revelaciones divinas, sino simple medio de adivinación del futuro. Sin embargo, a través de ellos se descubre la providencia de Dios que guía los acontecimientos.
El mismo Jacob queda sorprendido al darse cuenta del significado de los sueños de su hijo, y reprende a José pensando que aquello puede ser una pretensión infundada. Sin embargo, el patriarca permanece en actitud reflexiva, abierto a lo que pueda suceder aunque no lo comprenda todavía. Muy distinta es la reacción de los hermanos de José, quienes, pretendiendo hacer fracasar el anuncio contenido en los sueños, actúan perversamente. Pero Dios sabrá sacar de aquel mal un gran bien para todos ellos, y llevar a cabo su plan providencial precisamente a través de aquel comportamiento injusto.
Bajo los sueños narrados en este pasaje, San Ambrosio ve reflejada «la futura resurrección de Cristo, a quien, cuando le vieron en Jerusalén, lo adoraron los once discípulos, y a quien adorarán todos los Santos cuando resuciten llevando los frutos de las buenas obras, como está escrito: “Vienen con alegría llevando sus gavillas” (Sal 125,6)» (De Ioseph 2,7).