36Gn1Éstos son los descendientes de Esaú, es decir, de Edom:
2Esaú tomó sus esposas de entre las hijas de Canaán: Adá, hija de Elón, el hitita; Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibón, el jeveo, 3y Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebayot. 4Adá dio a Esaú Elifaz, Basemat dio a luz a Reuel, 5y Oholibamá dio a luz a Yeús, Yalam y Coré. Éstos son los hijos que le nacieron a Esaú en tierra de Canaán.
6Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos e hijas, a todos los de su casa, a sus ganados, a todos sus animales, toda la fortuna que había adquirido en tierra de Canaán y se fue al país de Seír, lejos de su hermano Jacob. 7Su hacienda era demasiado grande para poder habitar juntos, y la tierra en la que residían no era capaz de dar pasto para tanto ganado. 8Esaú se estableció en la montaña de Seír. Esaú es Edom.
9Éstos fueron los descendientes de Esaú, padre de Edom, en la montaña de Seír. 10Éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Adá, esposa de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, esposa de Esaú.
11Hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gatam y Quenaz. 12Elifaz, hijo de Esaú, tenía una concubina, Timná, que le dio a Amalec. Éstos son los hijos de Adá, esposa de Esaú.
13Éstos fueron los hijos de Reuel: Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
14Éstos fueron los hijos de Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibón, esposa de Esaú. Ésta dio a Esaú Yeús, Yalam y Coré.
15Éstos son los jefes de tribu entre los hijos de Esaú: de los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, los jefes Temán, Omar, Sefó, Quenaz, 16Coré, Gatam y Amalec. Tales son los jefes de tribu de Elifaz en el país de Edom, todos ellos hijos de Adá.
17Éstos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: los jefes de tribu Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Tales son los jefes de Reuel en el país de Edom, todos ellos hijos de Basemat, esposa de Esaú.
18Éstos son los hijos de Oholibamá, esposa de Esaú: los jefes de tribu Yeús, Yalam y Coré. Tales son los jefes de tribu descendientes de Oholibamá, hija de Aná y esposa de Esaú.
19Éstos son los hijos de Esaú y sus jefes, es decir, de Edom.
20Éstos fueron los hijos de Seír, el jorita, habitantes de aquel país: Lotán, Sobal, Sibón, Aná, 21Disón, Éser y Disán; y éstos son los jefes de los joritas, hijos de Seír, en el país de Edom. 22Fueron hijos de Lotán: Jorí y Hemam; y hermana de Lotán era Timná. 23Éstos fueron los hijos de Sobal: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam. 24Éstos fueron los hijos de Sibón: Ayá y Aná. Aná es el que encontró aguas termales en el desierto cuando cuidaba los asnos de su padre Sibón. 25Éstos son los hijos de Aná: Disón y la hija de Aná, Oholibamá. 26Éstos son los hijos de Disón: Jemdán, Esbán, Yitrán y Querán. 27Éstos son los hijos de Éser: Bilhán, Zaaván y Acán. 28Éstos son los hijos de Disán: Us y Arán.
29Éstos son los jefes de tribu de los joritas: los jefes Lotán, Sobal, Sibón, Aná, 30Disón, Éser y Disán. Éstos son los jefes de los joritas según sus clanes, en tierra de Seír.
31Éstos son los reyes que reinaron en el país de Edom antes de que hubiera un rey entre los hijos de Israel. 32En Edom reinó Bela, hijo de Beor, cuya ciudad se llamaba Dinhaba. 33Murió Bela y reinó en su lugar Yobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 34Murió Yobab y reinó en su lugar Jusam, del país de los temanitas. 35Murió Jusam y reinó en su lugar Adad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; su ciudad se llamaba Avit. 36Murió Adad y reinó en su lugar Samlá, de Masrecá. 37Murió Samlá y reinó en su lugar Saúl de Rejobot del río. 38Murió Saúl y reinó en su lugar Baal–Janán, hijo de Acbor. 39Murió Baal–Janán, hijo de Acbor, y reinó en su lugar Adar, cuya ciudad se llamaba Pau, y su mujer Mehetabel, hija de Matred, hijo de Mezahab.
40Éstos son los nombres de los jefes de tribu de Esaú según sus familias, sus territorios y sus nombres: los jefes Timná, Alvá, Yetet, 41Oholibamá, Elá, Pinón, 42Quenaz, Temán, Mibsar, 43Magdiel e Iram.
Tales son los jefes de tribu de Edom según sus lugares de residencia en el país que poseían. Esaú es el padre de Edom.
37Gn1Jacob se estableció en el país en el que había residido su padre, en la tierra de Canaán.
2Esta es la historia de los descendientes de Jacob:
José tenía diecisiete años y pastoreaba el ganado con sus hermanos. Como era un muchacho acompañaba a los hijos de Bilhá y Zilpá, mujeres de su padre, e informó al padre de la mala fama de aquéllos. 3Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque era el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica con mangas. 4Sus hermanos, al ver que su padre le amaba más que a ellos, le odiaban hasta el punto de no poder devolverle el saludo.
5José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, por lo que ellos le tuvieron más odio todavía. 6Les dijo:
—Escuchen el sueño que he tenido: 7Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que las gavillas de ustedes la rodeaban y se postraban ante ella.
8Sus hermanos le respondieron:
—¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú?
Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras.
9Todavía tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo:
—Miren, aún he tenido otro sueño: El sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí.
10Cuando lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole:
—¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?
11Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas.
12Habían ido sus hermanos a pastorear las ovejas de su padre a Siquem, 13e Israel dijo a José:
—Tus hermanos están pastoreando en Siquem. Ven que te voy a mandar a donde están ellos.
Le contestó José:
—Estoy dispuesto.
14Le dijo su padre:
—Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias.
Lo envió desde el valle de Hebrón y él llegó a Siquem. 15Un hombre lo encontró vagando por el campo y le preguntó:
—¿Qué buscas?
16Respondió:
—Estoy buscando a mis hermanos; por favor, dime dónde están pastoreando.
17El hombre le dijo:
—Se marcharon de aquí, pues oí que decían: «Vámonos a Dotán».
Y José fue siguiendo a sus hermanos hasta que los encontró en Dotán.
18Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte. 19Se decían unos a otros:
—Mira, ahí viene ese soñador; 20vamos ahora, matémoslo y arrojémoslo a un pozo; luego diremos que lo ha devorado una fiera salvaje. Así veremos en qué paran sus sueños.
21Oyó esto Rubén y, queriendo salvarlo de las manos de éstos, dijo:
—No le quitemos la vida.
22Entonces les propuso Rubén:
—No derramen sangre; échenlo a este pozo en medio del desierto, pero no pongan las manos sobre él.
Lo decía para salvarlo de las manos de éstos y devolverlo a su padre.
23Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, éstos arrancaron a José la túnica que llevaba, una túnica con mangas, 24lo agarraron y lo echaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.
25Después se sentaron a comer y, alzando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos transportaban tragacanto, resina y láudano, y que iba bajando hacia Egipto. 26Entonces dijo Judá a sus hermanos:
—¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? 27Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y nuestra carne.
Y sus hermanos asintieron. 28Cuando pasaban unos mercaderes madianitas, lo sacaron, subiendo a José del pozo, y lo vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes se llevaron a José a Egipto.
29Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras, 30y yendo a donde estaban sus hermanos les dijo:
—El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir yo ahora?
31Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en la sangre. 32Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle:
—Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no.
33Él la reconoció y exclamó:
—Es la túnica de mi hijo. Una fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado.
34Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo. 35Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarlo; pero él rehusaba consolarse y decía:
—Quiero llegar de luto hasta el sheol donde está mi hijo.
Y su padre lloró por él.
36Entretanto los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar, eunuco del faraón y capitán de los guardias.
38Gn1Por aquel tiempo Judá se alejó de sus hermanos y se fue hasta donde vivía un adulamita llamado Jirá. 2Allí vio Judá a la hija de un cananeo llamado Súa, la tomó por esposa y se unió a ella. 3Ella concibió y dio a luz un hijo al que puso por nombre Er. 4Concibió de nuevo y dio a luz otro hijo al que puso por nombre Onán. 5Volvió a concebir y dio a luz otro hijo al que puso por nombre Selá. Fue en Cazib donde ella le dio a luz.
6Judá buscó para Er, su primogénito, una esposa llamada Tamar. 7Pero Er, el primogénito de Judá, se portó mal ante el Señor y el Señor le hizo morir. 8Entonces dijo Judá a Onán:
—Acércate a la mujer de tu hermano y cumple con ella como cuñado, para suscitar descendencia a tu hermano.
9Onán sabía que la descendencia no sería suya, por lo que, cada vez que se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba por tierra, para no dar descendencia a su hermano.
10Desagradó al Señor lo que hacía y le hizo morir también a él. 11Y dijo Judá a su nuera Tamar:
—Permanece viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá.
Pues pensó: «No vaya a ser que muera también éste igual que sus hermanos». Tamar se fue y permaneció en casa de su padre.
12Pasó mucho tiempo y murió la hija de Súa, esposa de Judá. Cuando Judá se consoló del duelo, subió a Timná, al esquileo de sus ovejas, con su amigo Jirá el adulamita.
13Le comunicaron a Tamar:
—Mira, tu suegro sube a Timná a esquilar sus ovejas.
14Ella se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo, y, disfrazada, se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timná, pues veía que Selá había crecido y ella no había sido dada a él por esposa.
15Judá la vio y la tomó por una prostituta, pues tenía cubierto el rostro. 16Se dirigió a ella en el camino y le dijo:
—Por favor, deja que vaya contigo.
Pues no reconoció que era su nuera. Ella le preguntó:
—¿Qué me vas a dar por venir conmigo?
17Él respondió:
—Te enviaré un cabrito del rebaño.
Replicó ella:
—Bien, si me das una prenda hasta que lo envíes.
18Él le preguntó:
—¿Qué prenda he de darte?
Le contestó:
—Tu sello, tu cordón y el bastón que llevas.
Él se los dio y se llegó a ella dejándola embarazada. 19Ella se levantó, fue y, quitándose el manto, se vistió de nuevo las ropas de viuda.
20Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recuperar la prenda de manos de la mujer; pero éste no la encontró. 21Preguntó a la gente de aquel lugar:
—¿Dónde está la prostituta que se ponía en Enaim junto al camino?
Le respondieron:
—Aquí no ha habido ninguna prostituta.
22Él volvió a Judá y le dijo:
—No la he encontrado, e incluso la gente del lugar dice que ahí no ha habido ninguna prostituta.
23Repuso Judá:
—Que se los quede para ella; no vayamos a ser objeto de burla. Yo he enviado este cabrito y tú no la has encontrado.
24Pasados unos tres meses, le comunicaron a Judá:
—Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y además, está embarazada debido a su prostitución.
Dijo Judá:
—Que la saquen fuera y la quemen.
25Cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro:
—El hombre a quien pertenece esto me ha dejado embarazada.
Y añadió:
—Comprueba por favor de quién son este sello, los cordones y el bastón.
26Judá los reconoció y dijo:
—Es más inocente que yo, puesto que no le di a mi hijo Selá.
Y no volvió a tener relaciones con ella.
27Llegó el momento del parto, y resultó que tenía mellizos en el vientre. 28Al dar a luz salió una mano; la agarró la comadrona, y ató a la mano una cinta roja, diciendo:
—Éste ha salido primero.
29Pero sucedió que retiró la mano, y salió su hermano. Entonces ella dijo:
—¡Qué brecha te has abierto!
Y le puso por nombre Peres. 30Después salió su hermano con la cinta roja en la mano, y le puso por nombre Zéraj.
39Gn1José fue bajado a Egipto. Putifar, un egipcio eunuco del faraón y capitán de los guardias, lo compró a los ismaelitas que lo habían bajado allí. 2El Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre afortunado viviendo en casa de su amo egipcio. 3Su amo vio que el Señor estaba con él, y que le daba éxito en todo lo que emprendía. 4José halló gracia ante él y entró a su servicio. Putifar lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo. 5Desde el momento en que lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo, el Señor bendijo la casa del egipcio gracias a José. La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquel tenía en su palacio y en el campo. 6El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José, y no se preocupaba de otra cosa que del alimento que tomaba. José era bien parecido y de bella presencia.
7Después de todo esto, la mujer de su amo puso los ojos en José, y le dijo:
—Duerme conmigo.
8El rehusó, y repuso a la mujer de su amo:
—Mira, mi amo no me controla nada de lo que hay en casa, y me ha confiado todo lo que tiene; 9no hay nadie más importante que yo en esta casa, y no se ha reservado nada excepto tú, porque eres su mujer. ¿Cómo voy a cometer esa gran maldad, pecando contra Dios?
10Ella insistía a José todos los días, pero él no accedió a unirse y a darse a ella.
11Cierto día entró José en la casa a hacer su trabajo, y no había allí ninguno de los sirvientes. 12Ella lo agarró de la ropa diciéndole:
—Duerme conmigo.
Pero él, abandonando la ropa en sus manos, huyó y salió afuera. 13Al ver que había abandonado la ropa en sus manos y había huido afuera, 14ella llamó a sus sirvientes y les dijo:
—Miren, nos ha traído un hebreo para escarnecernos; ha entrado donde yo estaba para unirse a mí; pero he gritado con voz fuerte, 15y, al oír que yo levantaba la voz y gritaba, ha abandonado su ropa junto a mí, ha huido y ha salido afuera.
16Ella se guardó la ropa de José hasta que su amo llegó a casa. 17Y entonces le contó las mismas cosas, diciendo:
—El siervo hebreo que nos trajiste ha entrado donde yo estaba para abusar de mí, 18y cuando levanté la voz y grité, abandonó su ropa junto a mí, y huyó afuera.
19Cuando el amo de José oyó la versión de su mujer que le decía: «Esto me ha hecho tu siervo», montó en cólera; 20apresó a José y lo metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey; y quedó preso allí.
21Pero el Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel. 22El jefe de la cárcel confió a José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que se hacía allí lo disponía él. 23El jefe de la cárcel no vigilaba nada de lo que le había confiado, pues en todo estaba el Señor con José, y le daba éxito en lo que emprendía.
40Gn1Después de estos sucesos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. 2El faraón se llenó de ira contra sus dos eunucos, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, 3y los puso bajo custodia en casa del capitán de los guardias, en la cárcel donde José estaba preso. 4El capitán de los guardias se los encargó a José para que los sirviera, y estuvieron algún tiempo bajo custodia.
5Ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron sendos sueños en la misma noche, y cada sueño con un sentido. 6Por la mañana José entró a donde estaban ellos y los vio abatidos. 7Entonces preguntó a los eunucos del faraón que estaban con él en la cárcel bajo custodia:
—¿Por qué tienen hoy tan mala cara?
8Le contestaron:
—Hemos tenido un sueño, y no hay nadie que lo interprete.
José les replicó:
—¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Por favor, cuéntenmelos.
9El jefe de los coperos contó a José su sueño. Le dijo:
—En mi sueño había una vid delante de mí, 10y en la vid tres sarmientos; entonces echaba yemas, florecía y sus racimos se convertían en uvas maduras. 11Yo tenía en la mano la copa del faraón, tomaba las uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía la copa en la mano del faraón.
12José le respondió:
—Ésta es su interpretación: Los tres sarmientos son tres días. 13Al cabo de tres días el faraón te levantará la condena y te repondrá en tu cargo; pondrás la copa del faraón en su mano, como acostumbrabas antes cuando eras copero. 14Y si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, ten la bondad de hablarle de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. 15Pues fui arrebatado del país de los hebreos, y nada he hecho aquí para que me metieran al calabozo.
16Al ver el jefe de los panaderos que había interpretado favorablemente, dijo a José:
—También yo he soñado que llevaba tres cestas de pan sobre la cabeza; 17y en la cesta de arriba estaba toda la repostería que come el faraón; pero los pájaros se la comían de la cesta que llevaba en la cabeza.
—Ésta es la interpretación: Las tres cestas son tres días; 19al cabo de tres días el faraón te levantará la condena, te colgará de un árbol, y los pájaros comerán tu carne.
20Al tercer día era el cumpleaños del faraón, y preparó un banquete para todos sus servidores. Entonces levantó la condena del jefe de los coperos y la del jefe de los panaderos, en medio de sus siervos. 21Restableció al jefe de los coperos en su cargo de copero, y éste puso la copa en la mano del faraón. 22En cambio al jefe de los panaderos le colgó, como les había interpretado José. 23El jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.
41Gn1Al cabo de dos años, el faraón soñó que estaba de pie junto al Nilo, 2y salían del Nilo siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pacer en el juncal; 3detrás de ellas salían del Nilo otras siete vacas macilentas y flacas que se pararon junto a las primeras a la orilla del Nilo. 4Y las vacas macilentas y flacas devoraron a las siete vacas hermosas y gordas. Entonces se despertó el faraón. 5Volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño: siete espigas brotaban de una misma caña repletas y lozanas; 6y, a continuación, surgían otras siete espigas delgadas y abrasadas por el solano. 7Y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas repletas y granadas. Luego se despertó el faraón, y vio que era un sueño.
8A la mañana siguiente estaba intranquilo. Mandó llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto y el faraón les contó su sueño, sin que hubiera quien se lo interpretase al faraón. 9Entonces el jefe de los coperos habló al faraón diciendo:
—Hoy me acuerdo de mi pecado. 10Cuando el faraón se llenó de ira contra sus siervos y me puso bajo custodia en casa del capitán de los guardias, a mí y al jefe de los panaderos, 11él y yo tuvimos un sueño la misma noche, cada uno nuestro sueño, con un sentido. 12Había allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de los guardias, se lo contamos y él nos interpretó nuestros sueños; a cada uno nos interpretó el sueño. 13Y tal y como nos lo interpretó, así se cumplió: a mí se me repuso en mi cargo, y a él lo colgaron.
14El faraón mandó llamar a José, y se apresuraron a sacarlo del calabozo. Se cortó el pelo, se cambió la ropa y se presentó al faraón. 15El faraón le dijo a José:
—He tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete; pero me han informado sobre ti, que te basta escuchar un sueño para interpretarlo.
16Respondió José al faraón:
—No depende de mí. Que Dios responda favorablemente al faraón.
17Y el faraón contó a José:
—En mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del Nilo; 18entonces salían del Nilo siete vacas gordas y hermosas que se ponían a pacer en el juncal; 19detrás de ellas salían otras siete vacas delgadas, muy macilentas y flacas. No las había visto tan macilentas en todo el país de Egipto. 20Y las vacas flacas y macilentas devoraron a las primeras siete vacas gordas. 21Después de que éstas fueran engullidas, no se notaba que estuviesen dentro, pues el aspecto de las vacas era tan macilento como al principio. Entonces me desperté. 22También vi en mi sueño que brotaban siete espigas de una misma caña, rellenas y lozanas; 23y, a continuación, detrás de ellas, surgían otras siete espigas secas, delgadas, abrasadas por el solano; 24y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas lozanas. He contado esto a los magos y no se encuentra nadie que me lo explique.
25José respondió al faraón:
—El sueño del faraón es solamente uno: Dios comunica al faraón lo que va a hacer. 26Las siete vacas hermosas son siete años y las siete espigas lozanas son siete años; el sueño es solamente uno. 27Las siete vacas flacas y macilentas que salen detrás de aquellas son siete años, y las siete espigas delgadas y abrasadas por el solano serán siete años de hambre. 28Es lo que he dicho al faraón: Dios ha revelado al faraón lo que va a hacer. 29Van a venir siete años prósperos en todo el país de Egipto; 30después sobrevendrán siete años de hambre que harán olvidar la abundancia en el país de Egipto, pues el hambre consumirá la tierra; 31no se reconocerá la abundancia en la tierra a causa del hambre que la seguirá, porque será terrible. 32Y en cuanto a que el sueño se haya repetido al faraón dos veces, significa que la decisión es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla. 33Ahora, pues, que el faraón se fije en alguien inteligente y sabio, y lo ponga al frente del país de Egipto. 34Proceda el faraón a nombrar inspectores sobre el país, y cobre la quinta parte al país de Egipto durante los siete años de abundancia. 35Que recojan el alimento de los años prósperos que van a venir, almacenen grano y alimento en las ciudades bajo la autoridad del faraón, y lo guarden. 36Así el país tendrá alimento de reserva para los siete años de hambre que va a haber en el país de Egipto, y el país no perecerá de hambre.
37Pareció bien la propuesta al faraón y a todos sus servidores. 38Y el faraón preguntó a sus servidores:
—¿Encontraremos un hombre como éste en quien esté el espíritu de Dios?
39Luego el faraón dijo a José:
—Después de haberte dado Dios a conocer todo esto, no hay nadie tan inteligente y sabio como tú. 40Tú estarás al frente de mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; tan sólo yo en el trono estaré por encima de ti.
41Y el faraón confirmó a José:
—Mira, te he puesto al frente de todo el país de Egipto.
42Se quitó el faraón el anillo del dedo y lo puso en el dedo de José; lo vistió con ropa de lino, y le puso un collar de oro al cuello. 43Le hizo subir en su segunda carroza, y gritaban ante él:
—¡De rodillas!
Así lo puso al frente de todo el país de Egipto.
44El faraón dijo a José:
—Yo soy el faraón. Sin contar contigo nadie moverá ni mano ni pie en todo el país de Egipto.
45Y el faraón puso a José por nombre Safenat–Panéaj, y le dio por esposa a Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On.
José salió a recorrer el país de Egipto. 46Tenía José treinta años cuando se presentó ante el faraón, rey de Egipto. Salió José de presencia del faraón y recorrió todo el país de Egipto.
47La tierra produjo copiosamente en los siete años de abundancia, 48y él recogió todo el alimento que hubo durante los siete años en el país de Egipto, y lo guardó en las ciudades; el alimento del campo que rodeaba cada ciudad lo guardó en ella. 49Así José almacenó muchísimo grano, como las arenas del mar, hasta el punto que dejó de medirlo, pues sobrepasaba la medida.
50Le nacieron a José dos hijos antes de que llegara el año del hambre; se los dio Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On. 51Al primogénito, José le puso por nombre Manasés, porque dijo: «Dios me ha hecho olvidar toda mi fatiga y toda la casa de mi padre». 52Al segundo le puso por nombre Efraím, pues dijo: «Dios me ha hecho crecer en la tierra de mi aflicción».
53Cuando se acabaron los siete años de abundancia en el país de Egipto, 54comenzaron a llegar los siete años de hambre, como había anunciado José. Hubo hambre en todos los países; pero en toda la tierra de Egipto había pan.
55Llegó también el hambre a todo el país de Egipto, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón dijo a todos los egipcios:
—Vayan a José, y hagan lo que él les diga.
56Reinaba el hambre sobre toda la faz de la tierra, y entonces José abrió todos los graneros y vendió grano a los egipcios mientras arreciaba el hambre en el país de Egipto. 57De todos los países venían a Egipto a comprar grano a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra.
42Gn1Jacob se enteró de que había grano en Egipto, y dijo a sus hijos:
—¿Por qué están mirándose unos a otros? 2He oído que hay grano en Egipto; bajen allí y compren para nosotros, para que podamos vivir y no muramos.
3Bajaron, pues, diez hermanos de José a comprar grano a Egipto. 4A Benjamín, hermano de José, no lo envió Jacob con sus hermanos, porque pensó: «No vaya a sucederle alguna desgracia».
5Los hijos de Israel llegaron junto con otros que iban también a comprar, porque reinaba el hambre en el país de Canaán. 6José era el gobernador del país y el que vendía a toda la gente del país. Llegaron sus hermanos y se postraron ante él rostro en tierra. 7Al ver José a sus hermanos los reconoció; pero, fingiéndose extraño, les habló duramente. Les preguntó:
—¿De dónde vienen?
Ellos respondieron:
—Del país de Canaán a comprar alimentos.
8José había reconocido a sus hermanos pero ellos no lo reconocieron a él. 9Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo:
—¡Ustedes son espías! Han venido a observar los puntos desguarnecidos del país.
10Le respondieron:
—No, señor, tus siervos han venido a comprar alimentos; 11todos nosotros somos hijos del mismo padre, y somos gente honrada; tus siervos no son espías.
12Les volvió a decir:
—No. Han venido a observar los puntos desguarnecidos del país.
13Respondieron:
—Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en el país de Canaán; el pequeño está ahora con nuestro padre, y el otro ya no existe.
14Les dijo de nuevo José:
—Vuelvo a decirles: ustedes son espías; 15pero los voy a poner a prueba de este modo: ¡Por vida del faraón! no saldrán de aquí hasta que venga su hermano pequeño. 16Envíen a uno de ustedes a que busque a su hermano; mientras tanto quedarán presos, y se pondrán a prueba sus palabras, a ver si la verdad está de su parte. Si no, ¡por vida del faraón!, es que son espías.
17Y los puso bajo custodia tres días.
18Al tercer día les dijo José:
—Hagan esto y vivirán, pues yo temo a Dios. 19Si son gente honrada, ¡uno de sus hermanos quede preso en la cárcel! Los demás vayan a llevar el grano comprado para remediar el hambre de sus casas. 20Después me traerán a su hermano pequeño para poder comprobar la verdad de sus palabras, y no morirán.
Así lo hicieron, 21diciéndose los hermanos entre sí:
—En verdad somos culpables respecto a nuestro hermano, pues vimos su angustia cuando nos pedía piedad y no le escuchamos; por eso nos sobreviene esta desgracia.
22Les replicó Rubén:
—¿No les dije que no pecaran contra el muchacho, y no me hicieron caso? Ahora nos piden cuenta de su sangre.
23Ellos ignoraban que José entendía, pues entre ellos había habido un intérprete. 24José se retiró de su lado y rompió a llorar; luego volvió a donde estaban y les habló de nuevo. Eligió de entre ellos a Simeón y le hizo prender delante de todos. 25Después José dio órdenes de que les llenaran los envases de grano, les devolvieran su dinero, a cada uno en su saco, y les dieran provisiones para el camino. Y así lo hicieron.
26Cargaron el grano en los asnos y partieron. 27Cuando en el lugar donde pernoctaron uno de ellos abrió su saco para dar pienso al asno, vio el dinero que estaba en la boca del saco 28y dijo a sus hermanos:
—Me han devuelto el dinero; está también en mi saco.
Entonces se sobresaltaron y aterrados se decían unos a otros:
—¿Qué es lo que ha hecho Dios con nosotros?
29Llegaron a donde estaba Jacob, su padre, en la tierra de Canaán y le contaron todo lo que les había sucedido, diciendo:
30—El señor del país nos habló duramente y nos tomó por espías del territorio. 31Le respondimos: «Nosotros somos gente honrada; no somos espías; 32éramos doce hermanos, hijos del mismo padre, uno ya no existe, y el pequeño está ahora con nuestro padre en el país de Canaán». 33Entonces el señor del país nos replicó: «De esta forma sabré que ustedes son gente honrada: dejen conmigo a uno de los hermanos, tomen lo necesario para remediar el hambre de sus casas y márchense. 34Después me traerán a su hermano pequeño y así sabré que no son espías, sino gente honrada. Entonces les devolveré a su hermano y podrán circular por el país».
35Cuando vaciaron los sacos, encontró cada uno su bolsa de dinero dentro, y al ver las bolsas con el dinero, tanto ellos como su padre se llenaron de temor. 36Les dijo su padre Jacob:
—Ustedes me están dejando sin hijos; José ya no existe, Simeón tampoco, y quieren llevarse a Benjamín. Todo recae sobre mí.
37Respondió Rubén a su padre:
—Puedes matar a mis dos hijos si no te lo devuelvo; confíamelo que yo te lo devolveré.
38Pero él dijo:
—Mi hijo no bajará con ustedes, pues su hermano murió y sólo queda él; si le ocurriera alguna desgracia en el viaje que emprenderán, harían bajar de pena mis canas al sheol.