COMENTARIO
Tras narrar el pecado de los hijos de Jacob contra José, el texto sagrado ofrece una nueva pincelada sobre la vida de éstos en Canaán, y, en concreto, sobre Judá y su descendencia. Aunque se trate de un episodio concerniente a la persona de Judá, con él se alude a los orígenes de la tribu a la que daría inicio.
Es posible que la inserción de la «historia de Judá» en este contexto se deba a un cierto paralelismo con la «historia de José», en cuanto que las tribus provenientes de ambos patriarcas llegarían a ser las más importantes. También es posible que se quiera señalar el contraste entre la conducta de Judá que se une a Tamar creyéndola una prostituta, y la castidad de José ante la tentación por parte de la mujer de Putifar, que se narra en el capítulo siguiente. En cualquier caso, el relato en su conjunto tiene especial interés porque trata de la tribu de la que había de nacer primero el rey David, y después el Mesías. Una tribu, la de Judá, que en un momento de su historia se hallaba separada del resto de las tribus, pero que en los planes divinos había de jugar un papel extraordinario para la vida del pueblo elegido.
La protagonista del relato es Tamar, una pobre viuda que defiende sus derechos con extraordinaria decisión e inteligencia. En cambio, Judá, que se había separado de sus hermanos y actúa con parcialidad en contra de la ley establecida, es atrapado en su falta y tiene que reconocer finalmente el derecho de aquella mujer. Ésta consigue su propósito de tener descendencia de la sangre del marido difunto, y nada menos que directamente del padre de éste. Tamar se convierte así en el instrumento decisivo en aquel momento para que continúe la línea de la descendencia de Judá de la que nacería David. En este sentido Tamar influye en el desarrollo de la historia de la salvación de manera parecida a como lo habían hecho antes Sara y Rebeca, y lo harán posteriormente otras mujeres. A la luz del conjunto de la Sagrada Escritura, el lector de este pasaje puede descubrir cómo, mediante las circunstancias tan humanas que se narran, llenas de temores y engaños, pero sobre todo mediante la valentía de aquella mujer, Tamar, Dios guía la historia para que se cumplan sus designios en orden a la realeza de David y al nacimiento del Mesías. A Tamar la encontramos mencionada en la genealogía de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (cfr Mt 1,3).