COMENTARIO
La conducta de Tamar que, en parte no es del todo recta, es sin embargo alabada, no sólo aquí sino también en Rt 4,12, en cuanto que lo que en realidad quiere no es prostituirse, sino adquirir con sagacidad lo que Judá le estaba negando engañándola con sus dilaciones, y, de esa forma tan peligrosa —está a punto de ser condenada—, obtener su derecho a tener descendencia de la familia de Judá. Por el texto no puede asegurarse si Tamar se disfrazó de prostituta sagrada, de las que ejercían en lugares de cultos cananeos, o simplemente de prostituta como oficio que practicaban a veces en Israel mujeres extranjeras. La atención del relato recae en la audacia de Tamar y en la ingenuidad de Judá, más que en una valoración moral de la prostitución que, por otra parte, el Antiguo Testamento condena frecuentemente, sobre todo en los libros proféticos y sapienciales.