COMENTARIO

 Gn 39,21-23 

A partir del convencimiento de que las realidades, instituciones y personajes del Antiguo Testamento prefiguran y anuncian a los del Nuevo, no sólo se descubre en José un anuncio anticipado de Cristo, sino que, quizá por razón del nombre, se le ha comparado también con San José, el esposo de la Virgen María. Así comenta San Bernardo: «Aquel José vendido a causa de la envidia de sus hermanos y conducido a Egipto, prefiguraba que Cristo sería vendido: este otro José, huyendo de la envidia de Herodes, llevó a Cristo a Egipto. Aquél por fidelidad a su señor no quiso unirse a la mujer; éste, reconociendo virgen a su esposa, madre de su Señor, y guardando continencia, la custodió fielmente. A aquél se le dio el entender los misterios de los sueños; a éste se le ha concedido ser conocedor y partícipe de los sacramentos celestiales. Aquél guardó trigo, no para sí, sino para todo el pueblo; éste recibió el encargo de cuidar el pan vivo que baja del cielo, tanto para sí mismo, como para todo el mundo» (Homiliae super Missus est 2,16).

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