COMENTARIO
José no sólo responde a la petición del faraón de interpretar los sueños, sino que pasa a dar consejos prácticos para afrontar la situación que se avecina. Con ello está indicando que, si bien un aspecto del futuro está ya determinado en el sueño, Dios, al mismo tiempo que lo da a conocer, pide la iniciativa y la previsión humanas para controlar el porvenir en lo posible. Es más, Dios cuenta con esa actividad de los hombres para que se realicen sus proyectos de salvación que, en el contexto de la historia de José, incluyen la bajada a Egipto y la supervivencia de Jacob y sus hijos.
La actividad humana para controlar los bienes de la tierra entra, en efecto, en los planes divinos, y responde, al mismo tiempo, a la propia naturaleza del hombre. A la luz de lo revelado en la Sagrada Escritura desde el principio, el Concilio Vaticano II afirma que «una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad (cfr Gn 1,26-27; Sb 2,23), sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo (cfr Sal 8,7.10)» (Gaudium et spes, n. 34).