COMENTARIO

 Gn 42,8-17 

La acusación de José a sus hermanos aparece como una treta para que éstos se identifiquen hablando de la familia a la que pertenecen. Queda resaltado que para ellos José sencillamente «no existe». Quizá José teme por la suerte de su hermano de madre, Benjamín, y por ello pone como condición que lo traigan hasta él. Es posible que José piense en el dolor de su padre y por eso no retenga al primogénito, Rubén, sino a Simeón; o que al enterarse ahora de la conducta de Rubén cuando los demás querían matarle (cfr 37,21) su decisión de no retener a éste sea como un reconocimiento de su comportamiento anterior. En todo caso la historia está narrada con maestría literaria y mantiene el interés creciente del lector. El verse privados por la fuerza de uno de los hermanos les lleva a reflexionar sobre lo que ellos mismos habían hecho: anular voluntariamente —ellos creen que ha muerto— a un hermano. Reconocen su culpabilidad, y que merecen tal castigo de Dios. Comienza el proceso de conversión: se despierta su conciencia. «Como el borracho, que cuando bebe mucho vino no siente ningún daño, pero después se da cuenta de cuán grande ha sido el mal, así, el pecado, mientras se comete, oscurece la mente y como una densa nube la corrompe; pero después surge la conciencia y acusa al entendimiento con más fuerza, mostrándole lo absurdo de tal hecho» (S. Juan Crisóstomo, Homiliae in Genesim 54,2).

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