COMENTARIO
A la pena de haber tenido que dejar a Simeón en Egipto se une ahora esta sorpresa que les deja desconcertados. Imposible para ellos imaginar que el hombre que los ha tratado con tanta dureza les haga ese regalo por generosidad. En aquel suceso no pueden menos de ver algo misterioso, sin duda la mano de Dios, que, debido a la conciencia de su culpa, interpretan como premonición de algún nuevo castigo: quizá que los egipcios pudieran perseguirles y acusarles no sólo de espías, sino también de ladrones. Así, el gesto benevolente de José se convierte para ellos en un motivo más de temor (cfr v. 35), que, por otra parte, contribuye a dar más emoción al relato, en el que se quieren poner en contraste la bondad de José y el perverso comportamiento anterior de sus hermanos con él.