COMENTARIO

 Gn 45,1-28 

El desenlace sigue manteniendo el tono emocional que la historia de José y sus hermanos presenta desde el principio. Ahora aparece además expresamente la interpretación correcta de los acontecimientos hecha por José, el hombre sabio. Al darse a conocer a sus hermanos, éstos interpretan los hechos desde su punto de vista humano: el temor a la venganza (cfr v. 3 y más adelante 50,15). José explica que todo respondía al plan de Dios (cfr vv. 5-13). La generosidad del faraón es también reflejo de la misericordia divina, pero, sobre todo, lo es el hecho de que Jacob haya encontrado al hijo que creía perdido (cfr v. 28).

Junto a la misericordia de Dios, en esta historia sobresale la grandeza de alma de José que, lejos de guardar rencor o de pensar siquiera en la venganza, orienta todas sus acciones a recuperar a sus hermanos, llevándoles poco a poco al arrepentimiento del pecado cometido, perdonándolos desde el principio y tratándolos como lo que eran, hermanos suyos. Tal actitud de José es en este sentido modelo de cómo deben ser las relaciones humanas, en las que el perdón ha de estar siempre presente. Escribe San Juan Pablo II que «el mundo de los hombres puede hacerse “cada vez más humano”, solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio. El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no sólo en la relación de Dios con el hombre, sino también en las recíprocas relaciones entre los hombres. Un mundo, del que se eliminase el perdón, sería solamente un mundo de justicia fría e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicaría sus propios derechos respecto a los demás; así los egoísmos de distintos géneros, adormecidos en el hombre, podrían transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresión de los más débiles por parte de los más fuertes, o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros» (Dives in misericordia, n. 94).

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