43Gn1El hambre seguía apretando en el país. 2Cuando hubieron consumido la provisión de grano que habían traído de Egipto, les dijo su padre:
—Vuelvan a comprarnos algún alimento.
3Judá le respondió:
—Aquel hombre, jurando, nos ha insistido: «No se presenten ante mí sin que su hermano venga con ustedes». 4Si accedes a mandar a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos alimento; 5si no accedes, no bajaremos, porque aquel hombre nos advirtió: «No se presenten ante mí sin su hermano».
6Israel exclamó:
—¿Por qué me han traído tal desgracia, contando a aquel hombre que aún tienen otro hermano?
7Replicaron:
—Aquel hombre nos interrogó sobre nosotros y nuestra familia, preguntándonos: «¿Vive todavía su padre?, ¿tienen algún hermano?» Nosotros le contestamos según tales preguntas. ¿Acaso podíamos saber que iba a decir: «Traigan a su hermano»?
8Entonces dijo Judá a su padre Israel:
—Manda al muchacho conmigo; nos pondremos en camino e iremos, para poder seguir viviendo y no morir, ni nosotros, ni tú, ni los niños de ustedes. 9Yo respondo de él, a mí me lo podrás exigir; si no te lo traigo y lo pongo ante ti, seré para ti culpable de pecado toda la vida. 10Pues si no nos hubiéramos entretenido, ya estaríamos ahora de vuelta por segunda vez.
11Les dijo su padre Israel:
—Si ha de ser así, háganlo; tomen los mejores productos del país en sus equipajes y llévenselos a aquel hombre como regalo: un poco de resina aromática, un poco de miel, tragacanto, ládano, pistachos y almendras. 12Llévense el doble de dinero y devuelvan personalmente el dinero encontrado en la boca de los sacos, pues quizá fue un error; 13y traigan a su hermano. Pónganse en camino y vuelvan a aquel hombre. 14Que El–Saday les conceda hallar misericordia ante ese hombre, y les devuelva a su otro hermano y a Benjamín. Yo, si me quedo sin hijos, sin ellos me quedaré.
15Tomaron los hombres aquel regalo; llevaron también el doble de dinero, y a Benjamín; y poniéndose en camino, bajaron a Egipto y se presentaron a José. 16Cuando José vio con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo:
—Haz entrar a estos hombres en casa, mata algún animal y prepáralo, pues ellos van a comer conmigo a mediodía.
17El hombre hizo lo que le había mandado José e introdujo a aquellos hombres en casa de José. 18Ellos sintieron miedo al ser introducidos en casa de José, y decían:
—Nos meten aquí por lo del dinero devuelto en nuestros sacos la otra vez, para acosarnos, caer sobre nosotros y llevarnos como esclavos con nuestros asnos.
19Se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la puerta de la casa, 20diciéndole:
—Escúchanos, por favor, señor; ya bajamos antes otra vez a comprar alimento, 21y sucedió que al llegar al lugar donde pernoctamos y abrir nuestro sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco, todo nuestro dinero en su justo peso, y queremos devolverlo personalmente. 22Hemos traído, además, otro dinero para comprar alimento. No sabemos quién metió nuestro dinero en los sacos.
23Él respondió:
—Quédense en paz, no teman; su Dios, el Dios de sus padres, les puso un tesoro en los sacos, pues el dinero de ustedes me llegó a mí.
Entonces sacó a Simeón con ellos. 24Les introdujo en casa de José, les trajo agua para que se lavaran los pies, y echó pienso a sus asnos. 25Ellos prepararon los regalos antes de que llegase José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí.
26Cuando llegó José a casa, ellos le ofrecieron los regalos que habían traído hasta allí, y se postraron en tierra ante él. 27José les saludó y les preguntó:
—¿Qué tal está su anciano padre del que me hablaron? ¿Vive todavía?
28Respondieron:
—Tu siervo, nuestro padre, está bien; vive todavía.
E inclinándose se postraron. 29Alzó la vista y vio a su hermano Benjamín, hijo de su madre. Preguntó:
—¿Es éste el hermano pequeño del que ustedes me hablaron?
Y exclamó:
—¡Que Dios te guarde, hijo mío!
30Entonces José salió a toda prisa, porque se le conmovieron las entrañas a la vista de su hermano, sintiendo ganas de llorar; y entrando en su habitación, lloró allí.
31Luego, se lavó la cara, salió y, conteniéndose, ordenó:
—Sirvan la comida.
32Les sirvieron por separado a él, a ellos, y a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, ya que es una abominación para los egipcios. 33Ellos se sentaron frente a él, el primogénito conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su juventud. Y todos se miraban asombrados. 34José les pasó raciones de su mesa, y la ración de Benjamín era cinco veces más grande que las raciones de todos los demás. Bebieron y se alegraron en su compañía.
44Gn1José dio la siguiente orden a su mayordomo:
—Llena de víveres los sacos de estos hombres, tanto como quepan, y pon el dinero de cada uno en la boca de su saco. 2Además colocarás mi copa, la de plata, en la boca del saco del pequeño, junto con el dinero de su compra.
Él cumplió tal cual la orden de José.
3Al amanecer se despidieron los hombres con sus asnos. 4Éstos salieron de la ciudad y aún no estaban lejos cuando José dijo a su mayordomo:
—Ponte en camino y persigue a esos hombres; cuando les alcances diles: «¿Por qué han pagado mal por bien? 5¿No es esta copa donde bebe mi señor y con la que hace adivinaciones? Está muy mal lo que han hecho».
6Los alcanzó y les dijo estas mismas palabras. 7Ellos le respondieron:
—¿Por qué habla mi señor de este modo? Lejos de tus siervos hacer tal cosa. 8El dinero que encontramos en la boca de nuestros sacos te lo trajimos desde el país de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata ni oro de casa de tu señor? 9Aquél de tus siervos a quien se le encuentre, que muera, e incluso nosotros quedaremos como esclavos de mi señor.
10Él les dijo:
—De acuerdo, sea como dices; a quien se le encuentre quedará como mi esclavo, los demás quedarán libres.
11Dándose prisa cada uno bajó su saco a tierra, y lo abrió. 12Él los registró comenzando por el mayor y acabando por el pequeño, y encontró la copa en el saco de Benjamín. 13Entonces se rasgaron las vestiduras y, cargando cada uno su asno, volvieron a la ciudad. 14Entró Judá con sus hermanos a casa de José, quien todavía estaba allí, y cayeron ante él rostro en tierra.
15Les dijo José:
—¿Qué acción han cometido? ¿No sabían que un hombre como yo puede adivinar?
—¿Qué podemos exponer a mi señor? ¿Qué alegaremos y cómo nos vamos a justificar? Dios ha descubierto la falta de tus siervos; aquí estamos como esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder se ha encontrado la copa.
17Repuso José:
—Lejos de mí tal acción; aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa, ése será mi esclavo; los demás vayan en paz a donde está su padre.
18Judá se le acercó y le dijo:
—Te suplico, mi señor, que permitas a tu siervo decir una palabra a oídos de mi señor; y no se excite tu ira contra tu siervo, pues eres como el faraón. 19Mi señor preguntó a sus siervos: «¿Tienen padre o algún hermano?» 20Respondimos a mi señor: «Tenemos al padre anciano, y un hijo nacido en su ancianidad, el pequeño, cuyo hermano murió quedando él solo de su madre, y su padre le ama». 21Entonces dijiste a tus siervos: «Tráiganmelo, para verlo con mis ojos». 22Nosotros contestamos a mi señor: «El muchacho no puede abandonar a su padre; si lo abandonara, moriría». 23Tú insististe a tus siervos: «Si no baja con ustedes su hermano pequeño, no vuelvan a verme». 24Cuando subimos a donde estaba mi padre, tu siervo, le contamos lo que había dicho mi señor. 25Luego dijo nuestro padre: «Vuelvan a comprarnos algunos víveres». 26Respondimos: «No podemos bajar. Bajaremos si viene con nosotros nuestro hermano pequeño, pues no podemos presentarnos ante aquel hombre si nuestro hermano pequeño no viene con nosotros». 27Pero mi padre, tu siervo, nos replicó: «Ustedes saben que mi esposa me dio dos hijos; 28el uno se alejó de mí y tuve que decir: “Seguramente ha sido despedazado”. Y yo no le he vuelto a ver. 29Si se llevan también a éste de mi lado y le ocurre alguna desgracia, harían bajar, de aflicción, mis canas al sheol». 30Si ahora vuelvo a mi padre, tu siervo, sin que venga con nosotros el muchacho, a cuya vida está unida la de él, 31cuando vea que no viene el muchacho, morirá; tus siervos habremos hecho bajar de pena las canas de nuestro padre al sheol. 32Porque, además, yo, tu siervo, me he hecho responsable del muchacho ante mi padre, diciendo: «Si no te lo traigo seré culpable de pecado ante mi padre toda la vida». 33Ahora, pues, quede tu siervo, por favor, como esclavo de mi señor en lugar del muchacho y que éste suba con sus hermanos, 34pues ¿cómo voy a subir a donde está mi padre sin el muchacho conmigo? No quiero ver la desgracia que va a sobrevenir a mi padre.
45Gn1José ya no podía contenerse ante todos sus asistentes y ordenó:
—Salgan todos de mi presencia.
Y no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos. 2Al llorar levantó la voz, y lo oyeron los egipcios y la casa del faraón.
3José dijo a sus hermanos:
—Yo soy José; ¿vive aún mi padre?
Sus hermanos no podían responderle, porque quedaron aterrados ante él. 4Entonces José dijo a sus hermanos:
—Acérquense a mí.
Se acercaron y les dijo:
—Yo soy José, su hermano, el que vendieron a los egipcios; 5pero ahora no se preocupen, ni les parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para su salvación. 6Llevamos dos años de hambre dentro del país y todavía quedan cinco años en los que no habrá ni siembra ni siega. 7Dios me envió delante de ustedes para asegurarles la subsistencia en la tierra, y conservarles la vida mediante una gran liberación. 8No me enviaron, por tanto, ustedes aquí, sino que es Dios quien me ha puesto como un padre para el faraón, como señor de toda su casa, y como gobernador de todo el país de Egipto. 9Dense prisa, suban a donde está mi padre y díganle: «Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto, baja adonde estoy yo, sin detenerte; 10te instalarás en la región de Gosen, vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos; tu ganado mayor y menor, y todo lo que poseas. 11Yo te mantendré allí, pues todavía quedan cinco años de hambre, para que no perezcas ni tú, ni tu casa, ni nada de lo que posees». 12Están viendo con sus propios ojos, y también lo ve mi hermano Benjamín, que les hablo yo personalmente. 13Cuéntenle a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo lo que han visto, y dense prisa en bajar aquí con mi padre.
14Luego se echó al cuello de su hermano Benjamín y rompió a llorar; Benjamín lloró también abrazado a él. 15Besó José a todos sus hermanos y lloró abrazado a ellos. Después de esto sus hermanos comenzaron a hablarle.
16Llegó a casa del faraón la noticia de que habían venido los hermanos de José, y les pareció bien al faraón y a sus servidores. 17El faraón dijo a José:
—Di a tus hermanos: «Hagan lo siguiente: Carguen sus caballerías y vuelvan al país de Canaán, 18recojan a su padre y a sus familias y vengan a mí; yo les daré lo mejor del país de Egipto, y comerán lo más excelente de la tierra». 19Ordénales también: «Hagan lo siguiente: Llévense del país de Egipto carros para sus niños y sus mujeres, monten a su padre y vengan. 20No se preocupen de sus cosas, porque tendrán lo mejor de todo el país de Egipto».
21Así lo hicieron los hijos de Israel; José les dio carros según la orden del faraón, y les proporcionó provisiones para el viaje. 22A cada uno de ellos le regaló un vestido nuevo, pero a Benjamín le dio trescientos siclos de plata y cinco vestidos nuevos. 23A su padre le mandó lo siguiente: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de grano, pan y provisiones para el viaje de su padre. 24Despidió a sus hermanos, y cuando se marchaban les dijo:
—No se enfaden en el camino.
25Subieron de Egipto y llegaron al país de Canaán donde estaba su padre Jacob. 26Le dieron la noticia:
—José vive todavía y él es quien manda en todo el país de Egipto.
Jacob no se conmovió porque no les creía. 27Entonces le contaron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que José mandaba para transportarle, Jacob, su padre, recobró el ánimo. 28Israel exclamó:
—Es suficiente; mi hijo José vive todavía. Iré a verle antes de morir.
46Gn1Israel emprendió el viaje con todo lo que tenía; llegó a Berseba y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche:
—¡Jacob, Jacob!
Éste contestó:
—¡Aquí estoy!
3Y le dijo:
—Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo. 4Yo bajaré contigo a Egipto, y yo te haré también subir; y José te cerrará los ojos.
5Jacob se puso en camino desde Berseba, y los hijos de Israel subieron a su padre Jacob, a los niños y a las mujeres en los carros que había enviado el faraón para transportarle. 6Llevaron su ganado y las riquezas que habían hecho en el país de Canaán, y llegaron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él: 7sus hijos y nietos, y sus hijas y nietas; a toda su descendencia la llevó consigo a Egipto.
8Éstos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, de Jacob y de sus hijos: Rubén, primogénito de Jacob, 9y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí.
10Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea.
11Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.
12Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres, Zéraj; Er y Onán habían muerto en el país de Canaán. Los hijos de Peres fueron: Jesrón y Jamul.
13Hijos de Isacar: Tolá, Puá, Job y Simrón.
14Hijos de Zabulón: Séred, Elón y Yajleel.
15Éstos fueron los hijos que Lía dio a Jacob en Padán–Aram, además de su hija Dina. En total, entre sus hijos e hijas, treinta y tres personas.
16Hijos de Gad: Sefón, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arod y Arelí.
17Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá, y Séraj, hermana de éstos. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel.
18Éstos son los hijos que dio a Jacob Zilpá, la esclava que Labán regaló a su hija Lía: dieciséis personas.
19Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín. 20A José le nacieron en el país de Egipto Manasés y Efraím-, los hijos que le dio Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On.
21Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupim, Jupim y Ared.
22Éstos son los hijos que Raquel dio a Jacob; en total, catorce personas.
23Hijos de Dan: Jusim.
24Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Silem.
25Éstos son los hijos que dio a Jacob Bilhá la esclava que Labán regaló a su hija Raquel: en total, siete personas.
26El total de personas que entraron con Jacob a Egipto, las nacidas de él, sin contar las mujeres de sus hijos, fueron sesenta y seis; 27más los dos hijos de José, que le nacieron en Egipto, hacen de la familia de Jacob que entró a Egipto un total de setenta personas.
28Jacob envió a Judá por delante a donde estaba José, para que éste diese instrucciones antes de su llegada a Gosen. Luego entraron en la región de Gosen. 29José enganchó su carroza y subió a Gosen al encuentro de su padre Israel. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él. 30Israel dijo a José:
—Ahora puedo morir después de haber visto tu rostro y saber que todavía vives.
31José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre:
—Voy a subir a dar la noticia al faraón y decirle: «Mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en el país de Canaán, han venido hasta mí. 32Los hombres pastorean ovejas, pues son ganaderos, y han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen». 33Cuando el faraón les llame y les pregunte cuál es su ocupación, 34le responderán: «Tus siervos son ganaderos desde la juventud hasta ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres». Y de esta forma podrán instalarse en la región de Gosen, porque los pastores de ovejas son una abominación para los egipcios.
47Gn1Fue José y dio al faraón la noticia:
—Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, vacas y todo lo que poseen han llegado del país de Canaán y están ahora en la región de Gosen.
2Y de entre todos sus hermanos eligió cinco hombres y se los presentó al faraón. 3El faraón les preguntó:
Ellos respondieron al faraón:
—Nosotros tus siervos somos pastores de ovejas, lo mismo que nuestros padres.
4Y añadieron:
—Hemos venido a habitar en el país, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, ya que es rigurosa el hambre en el país de Canaán. Ahora, permite que tus siervos se instalen en la región de Gosen.
5Habló el faraón a José diciéndole:
—Tu padre y tus hermanos han venido a ti; 6el país de Egipto está a tu disposición; instala en lo mejor del país a tu padre y a tus hermanos. Que se establezcan en la región de Gosen; y si sabes que hay entre ellos hombres expertos, ponlos de mayorales al frente de mi ganado.
7José hizo venir a su padre Jacob y lo presentó al faraón. Jacob bendijo al faraón, 8y el faraón preguntó a Jacob:
—¿Cuantos son los años de tu vida?
9Respondió Jacob al faraón:
—Ciento treinta son los años de mi peregrinar. Pocos y malos han sido los años de mi vida, y no llegan a los años de vida de mis padres en su peregrinar.
10Jacob bendijo al faraón y salió de su presencia.
11José instaló a su padre y a sus hermanos, y les otorgó propiedades en el país de Egipto, en lo mejor del país, en la región de Ramsés, como había ordenado el faraón. 12Además, él mismo proveyó de alimento a su padre, a sus hermanos y a toda la familia de su padre, según el número de descendientes.
13No había pan en toda la tierra porque el hambre era rigurosa y tanto el país de Egipto como el país de Canaán estaban asolados por el hambre. 14José se hizo con todo el dinero que había en el país de Egipto y en el país de Canaán a cambio del grano que le compraban, y reunió todo el dinero en casa del faraón.
15Pero se agotó el dinero en el país de Egipto y en el país de Canaán, y acudieron todos los egipcios a José diciéndole:
—Danos pan, ¿o es que vamos a morir delante de ti porque falte el dinero?
16Les respondió José:
—Entreguen su ganado, y les daré pan a cambio de su ganado si les falta dinero.
17Traían su ganado a José y éste les daba pan a cambio de caballos, de rebaños de ganado mayor y menor, y de asnos; y durante aquel año les proveyó de pan a cambio de todo su ganado. 18Pasó aquel año, y al año siguiente acudieron a él los egipcios y le dijeron:
—No vamos a ocultar a mi señor que se acabó el dinero, y los rebaños de animales han pasado a ser de mi señor; no queda ante mi señor sino nuestras personas y nuestros campos. 19¿Es que vamos a morir ante tus ojos, nosotros y nuestros campos? Compra nuestras personas y nuestros campos a cambio de pan, y seremos nosotros y nuestros campos esclavos del faraón; danos semilla y podremos vivir; así no moriremos y nuestros campos no quedarán yermos.
20Así compró José para el faraón toda la tierra de Egipto, pues cada uno de los egipcios vendió su campo porque arreciaba el hambre sobre ellos. El país vino a ser propiedad del faraón, 21y el pueblo le quedó sometido a esclavitud, desde un extremo a otro de las fronteras de Egipto. 22Solamente dejó de comprar las tierras de los sacerdotes, porque tenían una renta del faraón y comían de la renta que les pasaba el faraón; por eso no vendieron sus campos.
23José dijo a la gente:
—Hoy los he adquirido a ustedes y sus tierras para el faraón; ahí tienen simiente para sembrar la tierra. 24Cuando lleguen las cosechas, entregarán la quinta parte al faraón, y tendrán cuatro partes para simiente de los campos, para su alimento y de quienes haya en sus casas, y para comida de los niños.
25Ellos respondieron:
—Nos has salvado la vida; que encontremos favor ante mi señor; seremos esclavos del faraón.
26Entonces José estableció la ley sobre el campo de Egipto, vigente hasta el día de hoy, de que la quinta parte es para el faraón, a excepción únicamente de las tierras de los sacerdotes, que no pasaron a ser propiedad del faraón.
27Israel se estableció en el país de Egipto, en la región de Gosen. Allí arraigaron, crecieron y se multiplicaron mucho. 28Jacob vivió en el país de Egipto diecisiete años, y el total de los años de vida de Jacob fue ciento cuarenta y siete años. 29Cuando los días de Israel tocaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo:
—Si he hallado gracia ante ti, por favor, pon la mano bajo mi muslo, y jura que actuarás conmigo con misericordia y fidelidad; no me entierres en Egipto 30cuando descanse con mis padres, sino sácame de Egipto y entiérrame en el sepulcro.
José respondió:
—Lo haré según tu palabra.
31Jacob insistió:
—Júramelo.
Y se lo juró. Entonces Israel se dejó caer sobre la cabecera de la cama.
48Gn1Después de estos sucesos le dijeron a José:
—Tu padre está enfermo.
Él llevó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím. 2Cuando le anunciaron a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte», Israel se reanimó y se sentó en la cama.
3Le dijo Jacob a José:
—El–Saday se me manifestó en Luz, en tierra de Canaán y me bendijo 4diciéndome: «Te haré crecer, te multiplicaré y te convertiré en multitud de pueblos; daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua». 5Y en cuanto a tus dos hijos que te han nacido en el país de Egipto, antes de que yo viniera a Egipto a estar contigo, ellos serán míos; Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. 6En cambio, la descendencia que hayas tenido después de ellos será tuya, y serán mencionados en la herencia junto al nombre de sus hermanos. 7Cuando yo venía de Padán, Raquel se me murió en tierra de Canaán, en el camino, un trecho antes de llegar a Efrata, y allí le di sepultura, en el camino de Efrata, es decir, de Belén.
8Israel vio a los hijos de José, y preguntó:
—¿Quiénes son éstos?
9José respondió a su padre:
—Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí.
Le dijo Jacob:
—Acércamelos para que los bendiga.
10Los ojos de Israel se habían debilitado por la vejez, y apenas podía ver. José se los acercó y él los abrazó y los besó.
11Israel dijo a José:
—No esperaba ver tu rostro, y ahora Dios me concede verte a ti y también a tu descendencia.
12José los sacó de entre las rodillas de su padre y se postró rostro en tierra. 13Después tomó José a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y se los acercó. 14Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor; y su izquierda sobre la cabeza de Manasés; adrede cruzó los brazos, ya que Manasés era el primogénito.
15Entonces bendijo a José diciendo:
—El Dios en cuya presencia anduvieron
mis padres Abrahán e Isaac;
el Dios que ha sido mi pastor desde el día en que nací
hasta el día de hoy;
16el ángel que me libró de todo mal,
bendiga a estos muchachos:
y el de mis padres Abrahán e Isaac,
y en multitud se conviertan sobre la tierra.
17Al ver José que su padre había puesto la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal; y agarró la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraím a la cabeza de Manasés, 18diciendo a su padre:
—Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza.
19Pero su padre rehusó diciendo:
—Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones.
20Aquel día Jacob los bendijo diciendo:
—En ti se bendecirá Israel diciendo: «Dios te haga como a Efraím y Manasés».
Y puso a Efraím delante de Manasés.
—Yo voy a morir; pero Dios estará con ustedes, y los hará volver a la tierra de sus padres. 22A ti te entrego Siquem, una parte más que a tus hermanos, la que arrebaté del poder de los amorreos con mi espada y mi arco.
49Gn1Jacob llamó a sus hijos y habló así:
—Reúnanse, que voy a anunciarles lo que les sucederá en los días venideros.
2Júntense y escuchen, hijos de Jacob,
escuchen a su padre Israel.
3Rubén, tú eres mi primogénito,
mi fuerza y primicia de mi vigor,
primero en dignidad, y primero en poder:
4hierves como el agua, no predominarás,
porque subiste al lecho de tu padre,
y al subir mancillaste mi tálamo.
5Simeón y Leví son hermanos;
instrumentos de violencia sus cuchillos.
6¡Que no me una yo a sus decisiones
ni asista a sus asambleas!;
porque, en su cólera, asesinaron hombres
y, por su capricho, desjarretaron toros.
7Maldita sea su cólera, porque es violenta;
y su furor, porque es cruel.
Los repartiré entre Jacob;
los dispersaré por Israel.
8A ti, Judá, te alabarán tus hermanos;
pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos
y ante ti se postrarán los hijos de tu padre.
¡hijo mío, volviste con la presa!
Se recuesta echándose como un león,
y como una leona: ¿quién le hará levantarse?
10No se apartará de Judá el cetro
ni el bastón de mando de entre sus pies,
hasta que venga aquél, a quien le pertenece,
y a quien deben obediencia las naciones.
11Ata su asno a una cepa
y a una parra su pollino;
lava en vino su vestido
y en sangre de uvas su manto;
12sus ojos son más oscuros que el vino
y sus dientes más blancos que la leche.
13Zabulón habitará junto al mar
y será puerto para los barcos;
su frontera llegará hasta Sidón.
14Isacar es un asno robusto
echado entre las aguaderas;
15ve que el descanso es bueno
y la tierra agradable;
ofrece el lomo a la carga
llega a hacerse esclavo a sueldo.
16Dan juzgará a su pueblo
como una más de las tribus de Israel.
17Dan será serpiente junto al camino,
víbora junto al sendero,
que muerde el jarrete del caballo
y hace caer hacia atrás a su jinete.
18Espero, oh Señor, tu salvación.
19A Gad le asaltarán los ladrones;
pero él asaltará su retaguardia.
20Aser tiene un pan excelente,
produce manjares regios.
21Neftalí es una cierva suelta
que tiene hermosos cervatos.
22José es un retoño fecundo,
retoño fecundo junto a la fuente,
sus brotes sobrepasan el muro.
23Le hostigan lanzándole dardos;
le atacan ferozmente los arqueros.
24Pero se les rompe el arco
y se aflojan los músculos de sus brazos,
por obra del Fuerte de Jacob,
en nombre del Pastor, la Piedra de Israel,
25por el Dios de tu padre, que te auxilia
y El–Saday que te bendice
con bendiciones del cielo desde arriba,
bendiciones del abismo que yace en lo hondo,
bendiciones de pechos y de senos.
26Las bendiciones de tu padre sobrepasan
las bendiciones de las colinas antiguas,
los anhelos de los collados eternos.
Recaigan sobre la cabeza de José,
sobre la frente del elegido entre sus hermanos.
27Benjamín es un lobo feroz,
por la mañana devora la presa
y por la tarde reparte los despojos.
28Todas éstas son las doce tribus de Israel y esto es lo que les dijo su padre al bendecirlos, bendiciendo a cada uno con una bendición propia.
29Luego les dio la siguiente orden:
—Yo voy a reunirme con los míos; entiérrenme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita; 30en la cueva que está en el campo de Macpelá, frente a Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como propiedad sepulcral. 31Allí están sepultados Abrahán y su esposa Sara; allí sepultaron a Isaac y a su esposa Rebeca; y allí sepulté yo a Lía. 32El campo y la cueva que hay en él fueron adquiridos de los hijos de Het.
33Cuando Jacob acabó de dar estas instrucciones a sus hijos, metió los pies en el lecho, expiró, y fue a reunirse con los suyos.
50Gn1Entonces José se inclinó sobre el rostro de su padre, lloró y le besó. 2Luego ordenó a los médicos a su servicio que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3Emplearon en ello cuarenta días, para que así se cumplieran los días del embalsamamiento; y los egipcios le lloraron durante setenta días.
4Cuando pasaron los días del duelo, José habló a la casa del Faraón diciendo:
—Si he hallado gracia ante ustedes, hablen, por favor, al faraón en estos términos: 5«Mi padre me hizo jurar esto: “Cuando yo muera, me enterrarás en el sepulcro que me excavé en el país de Canaán”. Ahora, pues, voy a subir a enterrar a mi padre, y luego volveré».
6El faraón respondió:
—Sube y entierra a tu padre, tal como te hizo jurar.
7José subió a enterrar a su padre, y con él subieron todos los siervos del faraón, los ancianos de su corte, y todos los ancianos del país de Egipto, 8así como toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre; solamente sus niños, ganados y vacadas quedaron en el país de Gosen. 9También subieron con él carros y jinetes, formando un cortejo imponente. 10Cuando llegaron a Goren–Atad, al otro lado del Jordán, celebraron allí un gran rito fúnebre muy solemne, y José hizo duelo por su padre siete días. 11Al ver los habitantes de la tierra, los cananeos, el duelo en Goren–Atad, dijeron: «Qué solemne es el duelo de los egipcios». Por eso se llamó a aquel lugar Abel–Misraim, que está al otro lado del Jordán.
12Los hijos de Jacob hicieron con él tal como les había mandado: 13lo llevaron a tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpelá, el campo que Abrahán había comprado a Efrón, el hitita, como propiedad sepulcral frente a Mambré. 14Después de haber sepultado a su padre, José, sus hermanos y todos los que habían subido con él a enterrar a su padre volvieron a Egipto.
15Al ver los hermanos de José que había muerto su padre se dijeron:
—Quizá José nos guarde rencor y nos devuelva todo el mal que le hicimos.
16Entonces mandaron decir a José:
—Tu padre, antes de su muerte, dio esta orden: 17«Así dirán a José: “Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado, pues te hicieron mal”. Ahora perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre».
Al hablarle así, José se echó a llorar. 18Entonces fueron también sus hermanos, se postraron ante él y dijeron:
—Aquí nos tienes como esclavos tuyos.
19José les respondió:
—No teman. ¿Acaso estoy yo en lugar de Dios? 20Ustedes planearon el mal contra mí, pero Dios lo planeó para el bien, para hacer, tal como hoy ocurre, que viviera un pueblo numeroso. 21Ahora, pues, no teman; yo los alimentaré a ustedes y a sus hijos.
Y José los consoló hablándoles al corazón.
22José vivió en Egipto con la casa de su padre, y llegó a los ciento diez años. 23José vio a los descendientes de Efraím hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.
24José dijo a sus hermanos:
—Yo voy a morir; pero Dios los visitará sin falta y los hará subir desde esta tierra a la tierra que juró a Abrahán, Isaac y Jacob.
25Luego José hizo jurar a los hijos de Israel de esta manera:
—Cuando Dios los visite, sacarán mis huesos de aquí.
26José murió a los ciento diez años; lo embalsamaron y fue puesto en un féretro en Egipto.