COMENTARIO
Al pronunciar su bendición sobre José y sus hijos Jacob invoca solemnemente a Dios, designándole como el Dios al que adoraron y fueron fieles sus antepasados Abrahán e Isaac; y, al mismo tiempo, como su Dios personal que le ha guiado y protegido durante toda su vida. Por primera vez en la Biblia se contempla a Dios bajo la imagen de «Pastor», que tantas resonancias tendrá más adelante en el Antiguo Testamento (cfr por ej. Sal 23,1) y en el Nuevo (cfr Jn 10,11). Junto a Dios Jacob invoca también al Angel que ha sido su defensor y libertador, el que ha salido por él en los peligros concretos: Dios ha custodiado a Jacob mediante el Ángel.
El Ángel tiene aquí los rasgos personales propios del Ángel Custodio de Jacob; y el hecho de que éste le invoque en tan solemne e importante bendición nos invita a considerar el papel del Angel Custodio en la vida de cada hombre. «El Ángel Custodio nos acompaña siempre como testigo de mayor excepción. Él será quien, en tu juicio particular, recordará las delicadezas que hayas tenido con Nuestro Señor, a lo largo de tu vida. Más: cuando te sientas perdido por las terribles acusaciones del enemigo, tu Ángel presentará aquellas corazonadas internas —quizá olvidadas por ti mismo—, aquellas muestras de amor que hayas dedicado a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo. Por eso, no olvides nunca a tu Custodio, y ese Príncipe del Cielo no te abandonará ahora, ni en el momento decisivo» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 693).