COMENTARIO

 Ex 7,8-13 

El prodigio del bastón, muy relacionado con lo narrado en 4,1-5, vuelve a subrayar la categoría de Aarón que es quien goza del poder taumatúrgico.

Los «sabios», «magos» y «hechiceros» (v. 11) formaban el círculo de consejeros del faraón. En la vida cultural y religiosa de Egipto los ritos mágicos tenían una alta consideración (cfr Gn 41,8), así como los encantamientos de serpientes.

Se pone de manifiesto que Dios es más poderoso que el faraón con sus magos, no tanto por la capacidad de obrar prodigios, cuanto por el dominio soberano: Dios es el Señor, el único Señor al que le están sometidos todos los demás poderes. Los Santos Padres han visto en el bastón la figura de la Cruz, puesto que como dice San Pablo (1 Co 1,24), desde la Cruz, Cristo es «la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios» (cfr Orígenes, Homiliae in Exodum 4,6).

La tradición judía ha conservado los nombres de dos de los magos de Egipto, Yannes y Yambrés. San Pablo, al hacerse eco de esta tradición, los menciona como prototipo de los hombres obstinados en no aceptar la verdad más evidente; «Lo mismo que Yannes y Yambrés se opusieron a Moisés, también éstos se oponen a la verdad; son hombres de mente pervertida, incapaces para creer» (2 Tm 3,8).

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