1Ex1Éstos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: 2Rubén, Simeón, Leví, Judá, 3Isacar, Zabulón, Benjamín, 4Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5El total de los descendientes directos de Jacob era de setenta personas. José estaba ya en Egipto. 6Luego murió José, y todos sus hermanos y toda aquella generación. 7Pero los hijos de Israel fueron prolíficos y crecieron, se multiplicaron y se hicieron muy fuertes, hasta ir llenando el país entero.
8Surgió en Egipto un nuevo rey que no había conocido a José, 9y dijo a su pueblo:
—Miren, el pueblo de los hijos de Israel es ya más numeroso y fuerte que nosotros. 10Vamos, actuemos astutamente con él, para que no siga multiplicándose y suceda que, si se declara una guerra, se unan a nuestros enemigos, peleen contra nosotros y luego abandonen el país. 11Así pues, les impusieron capataces que les oprimieran con duros trabajos mientras construían para el Faraón las ciudades de almacenaje Pitón y Ramsés. 12Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y propagaban. Los egipcios llegaron a sentir pavor ante los hijos de Israel, 13así que los esclavizaron con crueldad 14y les llenaron su vida de amargura, imponiéndoles trabajos severos como el de la arcilla y los ladrillos, y toda clase de faenas del campo; a todo tipo de trabajos los sometieron con crudeza.
15Entonces el rey de los egipcios dio órdenes a las comadronas hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá y otra Puá:
16—Cuando asistan a las hebreas y llegue el momento del parto, si es niño, háganlo morir, si es niña, déjenla con vida.
17Pero las comadronas temían a Dios y no actuaron como les había ordenado el rey de Egipto, sino que dejaron con vida a los niños. 18Entonces el rey egipcio las llamó y les dijo:
—¿Por qué han hecho esto y han dejado con vida a los niños?
19Respondieron las comadronas al Faraón:
—Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias; son fuertes y antes de que llegue la partera, ya han dado a luz.
20Dios favoreció a las comadronas y el pueblo se multiplicó y se hizo muy fuerte. 21Y a las comadronas, por haber temido a Dios, les concedió numerosa descendencia. 22Entonces el Faraón dio a todo su pueblo esta orden:
—A todo niño que les nazca a los hebreos lo arrojarán al Nilo; en cambio, a las niñas las dejarán con vida.
2Ex1Un hombre de la casa de Leví tomó por esposa a una mujer de su misma tribu; 2ella concibió y dio a luz un niño y, viendo que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses. 3Al no poderlo ocultar por más tiempo, tomó una cesta de papiro, la calafateó con betún y pez, colocó en ella al niño y la puso entre los juncos, a la orilla del Nilo. 4La hermana del niño se situó a lo lejos, para ver qué le ocurría.
5La hija del Faraón bajó a bañarse mientras sus doncellas paseaban por la orilla del río. Cuando descubrió la cesta en medio de los juncos, envió a su sierva para que la recogiera. 6Al abrirla vio al niño que lloraba, se compadeció de él y dijo:
—Es un niño de los hebreos.
7Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón:
—¿Quieres que vaya a buscarte una nodriza que te amamante al niño?
8—Ve —le contestó la hija del Faraón.
Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño. 9Y la hija del Faraón le dijo:
—Llévate este niño y amamántamelo, que yo te daré tu salario.
Tomó la mujer al niño y lo amamantó. 10Cuando el niño creció, su madre lo llevó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y le impuso el nombre de Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado».
11En aquellos días, cuando Moisés se hizo mayor, salió adonde sus hermanos y comprobó sus duros trabajos. Vio entonces que un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12Se volvió a un lado y a otro y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena. 13Salió al día siguiente, vio a dos hebreos riñendo y dijo al agresor:
—¿Por qué golpeas a tu compañero?
14Él respondió:
—¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas acaso matarme como mataste al egipcio?
Moisés tuvo miedo y se dijo: «Seguramente aquello ha trascendido». 15Se enteró el Faraón del hecho y trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó y se estableció en el país de Madián.
Un día vino a sentarse junto al pozo. 16El sacerdote de Madián tenía siete hijas. Vinieron a llenar los canales para abrevar el rebaño de su padre, 17pero llegaron los pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó, las defendió, y les abrevó el rebaño. 18Cuando las muchachas llegaron a casa, Reuel, su padre, les preguntó:
—¿Cómo han venido hoy tan temprano?
19Ellas contestaron:
—Un egipcio nos ha librado de los pastores y además nos ha sacado agua y ha abrevado el rebaño.
20—¿Y dónde está? —preguntó el padre a sus hijas—. ¿Por qué lo han dejado marchar? Llámenlo para que comparta nuestro pan.
21Moisés accedió a establecerse con este hombre, que le entregó por esposa a su hija Séfora. 22Ésta le dio un hijo al que puso por nombre Guersom, porque dijo: «Extranjero soy en tierra ajena».
23Sucedió al cabo de mucho tiempo que murió el rey de Egipto. Los hijos de Israel gemían bajo la esclavitud. Clamaron y su grito desde la esclavitud llegó hasta Dios. 24Escuchó Dios su lamento y se acordó de su alianza con Abrahán, con Isaac y con Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel y cuidó de ellos.
3Ex1Moisés apacentaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; solía conducirlo al interior del desierto, llegando hasta el Horeb, el monte de Dios. 2El ángel del Señor se le manifestó en forma de llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró: la zarza ardía pero no se consumía. 3Y se dijo Moisés: «Voy a acercarme y comprobar esta visión prodigiosa: por qué no se consume la zarza». 4Vio el Señor que Moisés se acercaba a mirar y lo llamó de entre la zarza:
—¡Moisés, Moisés!
Y respondió él:
—Heme aquí.
5Y dijo Dios:
—No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada.
6Y añadió:
—Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Moisés se cubrió el rostro por temor a contemplar a Dios. 7Luego dijo el Señor:
—He observado la opresión de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor por la dureza de sus opresores, y he comprendido sus sufrimientos. 8He bajado para librarlos del poder de Egipto y para hacerlos subir de ese país a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perezeos, jeveos y jebuseos. 9Así es, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión a que los egipcios los someten. 10Ahora, pues, ve: yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto.
11Moisés respondió a Dios:
—¿Quién soy yo para ir al Faraón y para sacar a los hijos de Israel de Egipto?
12Y le dijo Dios:
—Yo estaré contigo, y ésta será la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, darán culto a Dios en este mismo monte.
13Moisés replicó:
—Cuando me acerque a los hijos de Israel y les diga: «El Dios de sus padres me envía a ustedes», y me pregunten cuál es su nombre, ¿qué he de decirles?
14Y le dijo Dios a Moisés:
—Yo soy el que soy.
Y añadió:
—Así dirás a los hijos de Israel: «Yo soy» me ha enviado a ustedes.
15Y le dijo más:
—Así dirás a los hijos de Israel: «El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a ustedes». Éste es mi nombre para siempre; así seré invocado de generación en generación.
16Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles: «Se me ha manifestado el Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob y me ha dicho: “Los he visitado y he visto lo que les hacen en Egipto; 17he resuelto sacarlos de la opresión egipcia y subirlos al país de los cananeos, de los amorreos, de los perezeos, de los jeveos y de los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel”. 18Ellos te escucharán; luego, tú y los ancianos de Israel irán al rey de Egipto y le dirán: “El Señor, Dios de los hebreos, se nos ha manifestado; tenemos que hacer un viaje de tres días por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios”. 19Yo sé que el rey de Egipto no les permitirá marchar si no es con mano poderosa; 20pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda clase de prodigios que obraré en medio de ellos; después de esto, los dejará salir.
21Haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios de modo que cuando salgan no vayan con las manos vacías, 22sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive con ella objetos de plata y oro, y vestidos que pondrán sobre sus hijos y sobre sus hijas; así despojarán a los egipcios».
4Ex1Moisés respondió:
—No van a creerme ni van a escuchar mi voz pues dirán que no se me ha manifestado el Señor.
2El Señor le preguntó:
—¿Qué tienes en tu mano?
Contestó Moisés:
—Un bastón.
3Entonces le dijo el Señor:
—Arrójalo al suelo.
Lo arrojó al suelo y se convirtió en una serpiente, y Moisés huyó de ella.
4Volvió a decirle el Señor a Moisés:
—Extiende tu mano y agárrala por la cola.
Extendió su mano, la atrapó y volvió a ser de nuevo un bastón en su mano.
5—Con esto creerán que se te ha manifestado el Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
6Y continuó el Señor:
—Mete tu mano en tu seno.
Moisés metió su mano en su seno y, al sacarla, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
7Le dijo de nuevo:
—Mete otra vez tu mano en tu seno.
La metió otra vez y, al sacarla, estaba como el resto de su cuerpo.
8—De esta manera, si no te creen ni atienden al primer prodigio, creerán al segundo. 9Y si tampoco creen por estos dos prodigios ni escuchan tu voz, toma agua del Nilo, derrámala en el suelo y el agua que sacaste del Nilo se convertirá en sangre sobre el suelo.
10Dijo entonces Moisés al Señor:
—Señor, desde siempre he sido hombre premioso de palabra, y aún ahora que has hablado a tu siervo, sigo siendo torpe de boca y de lengua.
11El Señor le respondió:
—¿Quién ha dado boca al hombre? ¿O quién hace al mudo o al sordo, al que ve o al que no ve? ¿Acaso no soy yo, el Señor? 12Ve, pues, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de decir.
13Replicó Moisés:
—Señor, envía a otro, a quien quieras.
14Entonces se inflamó la ira del Señor contra Moisés y dijo:
—¿No está tu hermano Aarón, el levita? Sé que habla muy bien. Él va a salir a tu encuentro y cuando te vea, se alegrará en su corazón. 15Háblale y pon tus palabras en su boca. Yo estaré en tu boca y en la suya, y les enseñaré lo que han de hacer. 16Él hablará por ti al pueblo; él será como tu boca y tú serás como su dios. 17Toma en tu mano este bastón, pues con él harás los prodigios.
18Entonces volvió Moisés junto a Jetró su suegro y le dijo:
—Permíteme volver con mis hermanos que están en Egipto, para ver si viven todavía.
Jetró le contestó:
19El Señor dijo a Moisés en Madián:
—Anda, vuelve a Egipto, que han muerto todos los hombres que atentaban contra tu viida.
20Tomó, pues, Moisés a su mujer y a sus hijos, los acomodó en su asno y regresó al país de Egipto. Moisés llevaba en su mano el bastón de Dios.
21El Señor dijo a Moisés:
—Cuando llegues de regreso a Egipto ten en cuenta todos los prodigios que he puesto en tu mano y hazlos ante el Faraón. Yo endureceré su corazón y no dejará salir al pueblo. 22Entonces tú dirás al Faraón: «Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23Yo te ordeno: Deja salir a mi hijo para que me dé culto; pero si te opones a dejarlo salir, yo mismo daré muerte a tu hijo primogénito».
24Sucedió que en el camino, en un lugar de descanso, salió el Señor al encuentro de Moisés con intención de matarlo. 25Entonces, Séfora tomó un cuchillo de pedernal, cortó el prepucio a su hijo y lo colocó a los pies de Moisés diciendo:
—Eres esposo de sangre para mí.
26Y el Señor lo soltó cuando ella dijo: «Eres esposo de sangre para mí», por la circuncisión.
27Y dijo el Señor a Aarón:
—Ve al encuentro de Moisés en el desierto.
Fue, pues, se encontró con él en el monte de Dios y lo besó. 28Moisés transmitió a Aarón todas las palabras con las que el Señor le comunicaba su misión, y todas las señales que le había mandado hacer. 29Moisés y Aarón fueron y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. 30Aarón repitió todas las palabras que el Señor había dicho a Moisés y realizó las señales ante el pueblo. 31El pueblo creyó y, al oír que el Señor había visitado a los hijos de Israel y que se había fijado en su opresión, se postraron y le adoraron.
5Ex1Más tarde Moisés y Aarón se presentaron al Faraón y le dijeron:
—Así dice el Señor, Dios de Israel: «Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto».
2Respondió el Faraón:
—¿Quién es el Señor para que tenga que escuchar su voz y dejar salir a Israel? No conozco al Señor, y no pienso dejar salir a Israel.
3Ellos dijeron:
—El Dios de los hebreos se nos ha manifestado y tenemos que hacer una salida de tres días por el desierto y ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios; de lo contrario nos castigará con peste o con espada.
4El rey de Egipto les replicó:
—¿Por qué ustedes, Moisés y Aarón, soliviantan al pueblo en sus trabajos? Vuelvan a sus tareas.
5Y añadió el Faraón:
—Ahora que el pueblo de la tierra es numeroso, ¿quieren interrumpir sus tareas?
6Aquel mismo día el Faraón dio órdenes a los capataces del pueblo y a sus responsables:
7—No vuelvan a dar al pueblo paja para los ladrillos como anteriormente; que vayan ellos a buscársela; 8pero les exigirán la misma cantidad de ladrillos que antes, sin rebajarla; pues son unos holgazanes, y por eso claman diciendo: «Tenemos que ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios». 9Que se imponga a esos hombres un trabajo más pesado y que lo hagan; y que no presten atención a palabras engañosas.
10Salieron los capataces del pueblo y sus responsables y hablaron al pueblo:
—Así dice el Faraón: no les daré más paja; 11vayan a recogerla donde la encuentren; pero no disminuirá en nada la tarea de ustedes.
12El pueblo se dispersó por todo el país de Egipto para recoger la paja. 13Los capataces les apremiaron diciendo:
—Terminen su tarea, la asignada para cada día, como cuando había paja.
14Y a los responsables de los hijos de Israel que los capataces del Faraón habían puesto al frente, se les golpeaba diciendo:
—¿Por qué no han completado ni ayer ni hoy la misma cantidad de ladrillos que antes?
15Los responsables de los hijos de Israel fueron entonces a quejarse al Faraón, diciendo:
—¿Por qué tratas así a tus siervos? 16No se les da paja a tus siervos, y se nos exige hacer los mismos ladrillos. He aquí que tus siervos son golpeados, pero la culpa es de tu propio pueblo.
—¡Holgazanes! ¡Ustedes son unos holgazanes! Por eso dicen: «Tenemos que ir a ofrecer sacrificios al Señor». 18Y ahora, vayan a trabajar. No se les dará paja; han de entregar, sin embargo, la cantidad asignada de ladrillos.
19Los responsables de los hijos de Israel se vieron en gran aprieto cuando les dijeron: «Ustedes no disminuirán en nada la asignación diaria de ladrillos». 20Se encontraron con Moisés y Aarón que les estaban esperando a la salida de su visita al Faraón, 21y les dijeron:
—Que el Señor los examine y los juzgue, pues nos han hecho odiosos ante el Faraón y ante sus siervos, y han puesto en su mano una espada para matarnos.
22Se volvió entonces Moisés hacia el Señor y le dijo:
—Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Por qué me has enviado? 23Desde que me presenté al Faraón para hablarle en tu nombre, está maltratando a este pueblo y tú no te decides a librar a tu pueblo.
6Ex1Respondió el Señor a Moisés:
—Ahora verás lo que voy a hacer al Faraón; pues obligado por mano fuerte los dejará salir, y por mi mano fuerte incluso los expulsará de su país.
2Habló Dios a Moisés y le dijo:
—Yo soy el Señor. 3Me manifesté a Abrahán, a Isaac y a Jacob como El–Saday, pero no les di a conocer mi nombre, que es «Señor». 4Y establecí mi alianza con ellos, para darles el país de Canaán, el país por el que peregrinaron y en el que habitaron como extranjeros. 5Asimismo, he escuchado el gemido de los hijos de Israel esclavizados por los egipcios y he recordado mi alianza. 6Por eso, di a los hijos de Israel: «Yo soy el Señor; los sacaré de las opresiones de los egipcios, los libraré de su servidumbre y los redimiré con brazo extendido y grandes castigos. 7Los constituiré en pueblo mío y seré su Dios, y sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que los saca de las opresiones de los egipcios. 8Los introduciré en la tierra que con mano alzada juré dar a Abrahán, a Isaac y a Jacob. Y se las daré en propiedad. Yo, el Señor».
9Moisés dijo esto a los hijos de Israel, pero ellos no lo escucharon por el desánimo y por su pesada esclavitud.
10El Señor habló a Moisés diciendo:
11—Ve a decir al Faraón, rey de Egipto, que deje salir de su tierra a los hijos de Israel.
12Pero Moisés replicó ante el Señor:
—Si los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo me va a escuchar el Faraón, a mí que soy torpe de palabra?
13Entonces el Señor habló a Moisés y a Aarón y les dio instrucciones para los hijos de Israel y para el Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel del país de Egipto.
14Éstos son los jefes según sus familias.
Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí; son las familias de Rubén. 15Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; son las familias de Simeón.
16Éstos son los nombres de los hijos de Leví, por generaciones: Guersón, Quehat y Merarí; los años de vida de Leví fueron ciento treinta y siete.
17Hijos de Guersón: Libní y Semeí, según sus familias. 18Hijos de Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uziel; los años de vida de Quehat fueron ciento treinta y tres. 19Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Hasta aquí las familias de Leví, por generaciones.
20Amram tomó por esposa a Yoquébed, su tía, de la que le nacieron Aarón y Moisés; los años de vida de Amram fueron ciento treinta y siete.
21Hijos de Yishar: Coré, Néfeg y Zicrí. 22Hijos de Uziel: Misael, Elisafán y Sitrí. 23Aarón tomó por esposa a Isabel, hija de Aminadab, y hermana de Najsón, de la que le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. 24Hijos de Coré: Asir, Elcaná y Abiyasaf. Éstos forman las familias de los coreítas.
25Eleazar, hijo de Aarón, tomó por esposa a una de las hijas de Putiel y de ella le nació Pinjás.
Éstos son los jefes de los levitas según sus familias.
26Éstos son, Aarón y Moisés, a quienes dijo el Señor: «Saquen a los hijos de Israel del país de Egipto a la manera de un ejército». 27Ellos son los que hablaron al Faraón, rey de Egipto para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Éstos son Moisés y Aarón.
28Ahora bien, el día que el Señor habló a Moisés en el país de Egipto, 29dijo el Señor a Moisés:
—Yo soy el Señor. Di al Faraón, rey de Egipto, todo lo que yo te diga.
30Pero Moisés replicó ante el Señor:
—Mira, que soy torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar el Faraón?
7Ex1Entonces dijo el Señor a Moisés:
—Mira, yo te hago como un dios ante el Faraón; Aarón, tu hermano, será tu profeta. 2Tú le transmitirás todo lo que yo te ordene y Aarón, tu hermano, le hablará al Faraón para que deje salir de su país a los hijos de Israel. 3Yo endureceré el corazón del Faraón, pero multiplicaré mis signos y prodigios en el país de Egipto. 4El Faraón no los escuchará, pero yo extenderé mi mano contra Egipto y sacaré del país de Egipto a mis ejércitos, a mi pueblo, los hijos de Israel, mediante severos castigos. 5Y así Egipto sabrá que yo soy el Señor, cuando extienda mi mano contra Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
6Moisés y Aarón así lo hicieron; como el Señor les había ordenado, lo hicieron. 7Cuando hablaron al Faraón, Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres.
8Habló el Señor a Moisés y a Aarón diciendo:
9—Cuando el Faraón les diga: «Hagan algún prodigio que los acredite», tú dirás a Aarón: «Toma tu bastón y arrójalo ante el Faraón»; y se convertirá en una serpiente.
10Moisés y Aarón llegaron ante el Faraón e hicieron tal como les había mandado el Señor: Aarón arrojó su bastón delante del Faraón y de sus servidores, y se convirtió en una serpiente. 11El Faraón, entonces, llamó a sus sabios y a sus magos, y también ellos, los hechiceros de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos: 12cada uno arrojó su bastón y se convirtieron en serpientes; pero el bastón de Aarón devoró los bastones de los demás. 13Sin embargo, se endureció el corazón del Faraón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
14El Señor dijo a Moisés:
—El corazón del Faraón es obstinado y no deja salir al pueblo. 15Preséntate al Faraón por la mañana, cuando salga hacia el río; hazte el encontradizo a la orilla de Nilo, llevando en tu mano el bastón que se convirtió en serpiente. 16Le dirás: «El Señor, Dios de los hebreos, me ha enviado para decirte esto: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto en el desierto; hasta ahora no me has escuchado. 17Pues así dice el Señor: En esto conocerás que yo soy el Señor; mira, golpearé con el bastón que hay en mi mano las aguas del Nilo y se convertirán en sangre: 18los peces del Nilo morirán, el río quedará apestado y los egipcios no serán capaces de beber agua del Nilo».
19Dijo además el Señor a Moisés:
—Di a Aarón: «Toma tu bastón y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sus estanques y sus depósitos de agua; y se convertirán en sangre. Y habrá sangre en todo el país de Egipto, incluso en las vasijas de madera y de piedra».
20Moisés y Aarón hicieron como les había mandado el Señor. Levantó el bastón y golpeó las aguas del Nilo a la vista del Faraón y de sus siervos; y todas las aguas del Nilo se convirtieron en sangre. 21Los peces del Nilo se murieron y las aguas se corrompieron; los egipcios no podían beber agua del Nilo y había sangre por todo el país de Egipto. 22Pero los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, con lo que se endureció el corazón del Faraón, y no les escuchó, como había predicho el Señor.
23Se volvió, pues, el Faraón y regresó a su palacio sin tener esto en cuenta. 24Los egipcios tuvieron que excavar en los alrededores del Nilo buscando agua para beber, porque no podían beber las aguas del Nilo.
25Transcurrieron siete días desde que el Señor golpeara el Nilo. 26Entonces dijo el Señor a Moisés:
—Preséntate al Faraón y dile: «Así dice el Señor: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto. 27Si tú te niegas a dejarlo salir, yo infestaré de ranas todo tu territorio. 28El Nilo se llenará de ranas que subirán y entrarán en tu casa, en tu alcoba y sobre tu propio lecho; y lo mismo en las casas de tus siervos y de tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas. 29Las ranas los invadirán a ti, a tu pueblo y a todos tus siervos».
8Ex1El Señor dijo a Moisés:
—Di a Aarón: «Extiende tu mano con el bastón sobre los canales, los ríos y los estanques, y haz que las ranas surjan sobre el país de Egipto».
2Aarón extendió la mano sobre las aguas de Egipto, y subieron las ranas e invadieron el país de Egipto. 3Pero los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; e hicieron surgir ranas por el país de Egipto. 4El Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo:
—Pidan al Señor que aleje de mí y de mi pueblo las ranas y dejaré salir al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor.
5Respondió Moisés al Faraón:
—Indícame cuándo he de pedir por ti, por tus siervos y por tu pueblo para alejar las ranas de ti y de tu casa, y que queden solamente en el Nilo.
6Y contestó:
—Mañana.
Moisés replicó:
—Se hará como dices, para que sepas que no hay otro como el Señor, nuestro Dios. 7Las ranas se alejarán de ti, de tu casa, de tus siervos y de tu pueblo; y se quedarán solamente en el Nilo.
8Salieron, pues, Moisés y Aarón de la presencia del Faraón. Moisés invocó al Señor por lo de las ranas como había convenido con el Faraón. 9El Señor hizo lo que Moisés pedía; y murieron las ranas de las casas, de los patios y de los campos. 10Las recogieron en grandes montones, de modo que el país quedó apestado. 11Pero el Faraón, al ver que había un respiro, endureció su corazón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
12Dijo después el Señor a Moisés:
—Di a Aarón: «Extiende tu bastón y golpea el polvo de la tierra y se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto».
13Así lo hicieron. Aarón extendió su mano con el bastón, golpeó el polvo de la tierra y se convirtió en mosquitos sobre los hombres y los animales; todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto.
14Los hechiceros intentaron igualmente hacer salir mosquitos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos sobre los hombres y los animales.
15Los hechiceros dijeron al Faraón:
—Es el dedo de Dios.
Pero el Faraón endureció su corazón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
16Dijo después el Señor a Moisés:
—Levántate temprano y preséntate al Faraón. Cuando salga hacia el río, le dirás: «Así dice el Señor: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto. 17Si tú no dejas salir a mi pueblo, yo haré salir tábanos contra ti, contra tus siervos, contra tu pueblo y contra tu casa; se llenarán de tábanos las casas de los egipcios y hasta el suelo que pisan. 18Pero exceptuaré en ese día el país de Gosen donde habita mi pueblo, de suerte que allí no habrá tábanos para que sepas que yo soy el Señor en medio de la tierra. 19Haré así distinción entre mi pueblo y tu pueblo; mañana mismo sucederá este signo».
20El Señor lo cumplió: una enorme cantidad de tábanos sobrevino sobre la casa del Faraón, sobre sus siervos y sobre todo el país de Egipto; y el país quedó infestado de tábanos.
21Llamó entonces el Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo:
—Vayan y ofrezcan sacrificios a su Dios, dentro de mi país.
22Pero Moisés respondió:
—No es posible hacerlo; porque el sacrificio que ofrecemos al Señor, nuestro Dios, es abominable a los egipcios; y si ofrecemos ante sus ojos los sacrificios que les son abominables, nos lapidarán. 23Tenemos que hacer tres jornadas de camino en el desierto y ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios, como nos ha indicado.
24Y dijo el Faraón:
—Los dejaré marchar para que ofrezcan sacrificios al Señor, su Dios, en el desierto, sólo con la condición de que no se alejen demasiado. Y rueguen por mí.
25Dijo Moisés:
—En cuanto salga de tu presencia rogaré al Señor y mañana mismo los tábanos se alejarán del Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sólo con la condición de que el Faraón no siga engañando para impedir que el pueblo salga a ofrecer sacrificios al Señor.
26Salió Moisés de la presencia del Faraón e imploró al Señor. 27El Señor actuó conforme a la petición de Moisés y los tábanos se alejaron del Faraón, de sus siervos y de su pueblo sin quedar ni uno. 28Pero el Faraón endureció su corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo.
9Ex1El Señor dijo a Moisés:
—Preséntate al Faraón y dile: «Así dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto; 2porque si tú te niegas a dejarles salir y los sigues reteniendo, 3la mano del Señor recaerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, asnos, camellos, ovejas y vacas; será una peste muy grave. 4Pero el Señor hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de Egipto de modo que no muera ninguno de los que pertenecen a los hijos de Israel».
5Y el Señor señaló un plazo diciendo:
—Mañana el Señor realizará esto en el país.
6Al día siguiente cumplió el Señor su palabra y murió todo el ganado de los egipcios, pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni uno. 7El Faraón mandó hacer averiguaciones y, en efecto, del ganado de Israel no había muerto ni uno. Sin embargo, se endureció el corazón del Faraón y no dejó salir al pueblo.
8Dijo el Señor a Moisés y a Aarón:
—Tomen dos puñados de hollín del horno y que Moisés lo lance hacia el cielo a la vista del Faraón; 9se convertirá en polvo por todo el país de Egipto y brotarán úlceras pustulentas en hombres y animales sobre todo el país de Egipto.
10Tomaron hollín del horno y se presentaron ante el Faraón; Moisés lo lanzó hacia el cielo; y brotaron úlceras pustulentas en hombres y animales. 11Ni los magos pudieron mantenerse ante Moisés a causa de las erupciones, pues tenían las mismas erupciones que los demás egipcios. 12Pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no les escuchó, como había predicho el Señor a Moisés.
13Dijo el Señor a Moisés:
—Levántate temprano, preséntate ante el Faraón y dile: «Así dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto. 14Porque esta vez voy a enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que no hay como yo en toda la tierra. 15Pues si hubiera extendido mi mano y les hubiera herido con peste a ti y a tu pueblo, habrían desaparecido de la tierra. 16Pero para esto te he mantenido en pie, para mostrarte mi poder y para que sea anunciado mi nombre en toda la tierra. 17Todavía te alzas frente a mi pueblo, para no dejarle salir. 18Pues mira, mañana a esta hora haré llover un granizo tan fuerte como no lo ha habido en Egipto desde el día de su fundación hasta el presente. 19Ahora pues, manda poner a salvo tu ganado y cuanto tengas en el campo; todo hombre o animal que se encuentre en el campo sin haberse recogido en casa morirá bajo el granizo que caerá sobre ellos».
20Algunos siervos del Faraón que temieron la palabra del Señor, hicieron refugiarse en casa a sus siervos y a sus ganados; 21pero los que no atendieron la palabra del Señor, dejaron a sus siervos y ganados en el campo.
22El Señor dijo a Moisés:
—Extiende tu mano hacia el cielo y que caiga granizo en todo el país de Egipto sobre hombres y animales y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.
23Moisés extendió su bastón hacia el cielo y el Señor lanzó truenos y granizo; y cayeron rayos sobre la tierra; el Señor hizo llover granizo sobre el país de Egipto. 24Llegó el granizo, y rayos junto con el granizo; cayó con tal fuerza como no lo había hecho en todo el país de Egipto, desde que fue fundado. 25El granizo hirió en todo el país de Egipto a cuanto había en el campo, tanto hombres como animales; el granizo estropeó toda la hierba del campo y destrozó todos los árboles del campo. 26Sólo en el territorio de Gosen, donde habitaban los hijos de Israel, no cayó el granizo.
27El Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo:
—He pecado esta vez. El Señor es justo, pero mi pueblo y yo somos impíos. 28Imploren al Señor, que cesen ya los truenos y el granizo. Los dejaré marchar; no continuarán retenidos.
29Le respondió Moisés:
—Cuando salga de la ciudad, alzaré mis manos hacia el Señor; cesarán los truenos y no habrá más granizo; para que sepas que la tierra entera es del Señor. 30Aunque bien sé que ni tú ni tus siervos temen todavía al Señor Dios.
31El lino y la cebada quedaron destrozados, pues la cebada ya estaba granada y el lino en flor. 32En cambio, el trigo y la espelta no quedaron destrozados, por ser tardíos.
33Salió Moisés de la presencia del Faraón, fuera de la ciudad, alzó sus manos hacia el Señor y cesaron los truenos y el granizo y no cayó más lluvia sobre la tierra. 34Al ver el Faraón que había cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a pecar y endureció su corazón, lo mismo él que sus servidores. 35Se obcecó, pues, el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel, como había predicho el Señor por medio de Moisés.
10Ex1Dijo el Señor a Moisés:
—Preséntate al Faraón, porque soy yo quien ha endurecido su corazón y el de sus siervos para realizar estos signos míos en medio de ellos; 2y para que pueda contarse a tus hijos y a los hijos de tus hijos cómo he maltratado a Egipto y los signos que he realizado allí; para que sepan que yo soy el Señor.
3Moisés y Aarón se presentaron ante el Faraón y le dijeron:
—Así dice el Señor, Dios de los hebreos: «¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí? Deja salir a mi pueblo para que me dé culto. 4Pues si rehúsas dejar salir a mi pueblo, mira que mañana mismo atraeré la langosta sobre tu territorio; 5cubrirá la superficie del país hasta el punto de que no podrá verse el suelo; consumirá lo poco que se les salvó del granizo y devorará todos los árboles que crecen en el campo. 6Llenarán tus casas, las de tus siervos y las casas de todos los egipcios, como jamás lo vieron tus padres y los padres de tus padres desde que empezaron a existir sobre la tierra hasta hoy».
Y volviéndose, se retiró de la presencia del Faraón.
7Entonces los siervos del Faraón le dijeron:
—¿Hasta cuándo va a seguir molestándonos ése? Deja salir a esos hombres para que den culto al Señor, su Dios. ¿Aún no te das cuenta de que Egipto se está arruinando?
8Hicieron, pues, volver a Moisés y a Aarón ante el Faraón y él les dijo:
—Vayan y den culto al Señor, su Dios. Ahora bien, ¿quiénes tendrán que ir?
9Respondió Moisés:
—Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacas, pues es la fiesta del Señor para nosotros.
10Y les dijo:
—¡Así que el Señor estará con ustedes en cuanto los deje marchar a ustedes y a sus pequeños! Vean cómo su mala intención está patente. 11No será así; vayan sólo los varones y den culto al Señor, puesto que eso es lo que piden.
Y fueron arrojados de la presencia del Faraón.
12Entonces el Señor dijo a Moisés:
—Extiende tu mano sobre el país de Egipto atrayendo la langosta; que suba sobre el país de Egipto y devore toda la hierba, todo lo que quedó del granizo.
13Extendió Moisés su bastón sobre el país de Egipto y el Señor hizo soplar viento solano sobre el país todo aquel día y toda la noche. A la mañana siguiente, el viento solano había arrastrado la langosta 14que invadió por entero el país de Egipto y se posó en todo el territorio egipcio. Tal cantidad de langostas no la hubo antes ni la habrá después. 15Cubrieron toda la superficie del país hasta el punto de quedar oscurecido; devoraron toda la hierba del país, todos los frutos de los árboles que había dejado el granizo; no quedó absolutamente nada verde en los árboles ni en el suelo en todo el país de Egipto.
16Se apresuró el Faraón a llamar a Moisés y a Aarón y les dijo:
—He pecado contra el Señor, su Dios, y contra ustedes. 17Pero perdonen por esta vez mi pecado y rueguen al Señor, su Dios, que aleje de mí al menos esta pena mortal.
18Salió Moisés de la presencia del Faraón y rogó al Señor. 19El Señor hizo soplar fuerte viento del oeste que arrastró la langosta hacia el Mar Rojo; no quedó ni una sola langosta en el territorio de Egipto. 20Pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel.
21El Señor dijo a Moisés:
—Extiende tu mano hacia el cielo y que sobrevenga sobre el país de Egipto una oscuridad tan densa que se pueda palpar.
22Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo y sobrevino una oscuridad muy densa sobre el país de Egipto durante tres días. 23No se veían unos a otros durante los tres días y no pudieron moverse de donde estaban. En cambio, los hijos de Israel tenían luz en sus poblados.
24El Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo:
—Vayan a dar culto al Señor; que queden únicamente las ovejas y las vacas de ustedes; pueden acompañarlos también sus pequeños.
25Respondió Moisés:
—Aunque tú nos dieras víctimas para los sacrificios y holocaustos para ofrecerlos al Señor, nuestro Dios, 26nuestro ganado tiene que venir también con nosotros. No quedará ni una res, porque de ellos hemos de tomar para dar culto al Señor, nuestro Dios. Además, nosotros no sabemos con qué hemos de dar culto al Señor, hasta que lleguemos allí.
27Pero el Señor endureció el corazón del Faraón que no quiso dejarlos marchar.
28Y dijo el Faraón a Moisés:
—Sal de mi presencia y guárdate de volver a ver mi rostro, porque el día que vuelva a verte ante mí morirás.
29Respondió Moisés:
—Tal como has dicho, no volveré a ver tu rostro.
11Ex1Dijo el Señor a Moisés:
—Todavía he de atraer una plaga más sobre el Faraón y sobre Egipto; después los dejará marchar de aquí. Cuando los deje marchar, hasta los expulsará de aquí. 2Habla, por tanto, al pueblo y que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y de oro.
3El Señor hizo grato el pueblo a los ojos de Egipto; también Moisés llegó a ser un gran personaje en Egipto ante los siervos del Faraón y ante el pueblo.
—Así dice el Señor: «En la mitad de la noche yo saldré por medio de Egipto, 5y morirá en el país de Egipto todo primogénito, desde el primogénito del Faraón, que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la esclava dedicada a moler; y también los primogénitos de los animales. 6Un gran clamor se oirá en todo el país de Egipto, como nunca lo hubo ni lo habrá jamás. 7Pero entre los hijos de Israel ni siquiera un perro aullará ni por hombres ni por animales; para que sepan que el Señor hace distinción entre Egipto e Israel. 8Y bajarán hasta mí todos estos siervos tuyos y se postrarán ante mí diciendo: “Sal, tú y el pueblo que te venera”. Entonces saldré».
Moisés salió muy enojado de la presencia del Faraón.
9Y el Señor dijo a Moisés:
—El Faraón no los escuchará, para que tengan que multiplicarse mis prodigios en el país de Egipto.
10Moisés y Aarón habían realizado todos estos prodigios ante el Faraón; pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel de su país.