COMENTARIO

 Ex 13,17-18 

Los datos geográficos del libro del Éxodo no son suficientes para descubrir con exactitud el itinerario de los israelitas por la península del Sinaí. Probablemente el autor sagrado pretende, más que una crónica detallada, describir los lugares que ayudan a presentar la actuación constante de Dios dentro del pueblo. Sabemos que no utilizaron ninguna de las rutas habituales, sino que dieron un rodeo por el desierto (v. 18), en dirección al Mar Rojo. Este mar circunda la península del Sinaí formando el golfo de Ácaba en la parte oriental y el golfo de Suez en la occidental. La construcción del canal de Suez ha modificado sensiblemente la topografía, pero se sabe que, entre el golfo de Suez y el Mediterráneo, había una serie de lagos y marismas que recibían los efectos de las mareas dando a esas aguas un tono rojizo; de ahí que por extensión al mar en esa zona también se le denominara Mar Rojo; ya la versión griega de los Setenta, y con ella el Nuevo Testamento (Hch 7,36 y Hb 11,29), hablarán aquí de Mar Eritreo (erythrós significa «rojo»). En cambio, el texto hebreo lo llama «Mar de las Cañas» por la cantidad de papiros que crecen en sus orillas. Es muy probable, por tanto, que los israelitas acaudillados por Moisés atravesaran una de esas zonas pantanosas, y no el mar propiamente dicho.

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