12Ex1El Señor habló a Moisés y a Aarón en el país de Egipto, diciendo:
2—Este mes será para ustedes el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año. 3Hablen a toda la comunidad de Israel diciendo: «El día diez de este mes tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. 4Si la familia es demasiado pequeña para consumirlo, se unirá con su vecino más próximo hasta completar el número de personas suficiente para comer la res entera. 5Ha de ser un animal sin defecto, macho, de un año, escogido de entre los corderos o cabritos. 6Lo guardarán hasta el día catorce de este mes y toda la asamblea de la comunidad de Israel lo inmolará entre dos luces. 7Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde se va a comer. 8Comerán la carne esa misma noche; la comerán asada al fuego, con panes ácimos y hierbas amargas. 9No comerán nada de ella crudo o cocido en agua, sino asado al fuego con su cabeza, patas y vísceras. 10No dejarán nada para la mañana siguiente; si algo quedara, lo quemarán.
11»Han de comerlo así: ceñidas sus cinturas, las sandalias en los pies, y el bastón en sus manos; lo comerán deprisa: pues es la Pascua del Señor. 12Esta noche pasaré por el país de Egipto y heriré a todo primogénito del país de Egipto, tanto de hombres como de animales; y haré justicia sobre los dioses de Egipto. Yo, el Señor. 13La sangre será la señal de ustedes sobre las casas donde estén; cuando yo vea la sangre pasaré de largo sobre ustedes, y no habrá entre ustedes plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto. 14Este día será para ustedes memorable y lo celebrarán como fiesta del Señor; lo celebrarán como institución perpetua de generación en generación.
15»Durante siete días comerán panes ácimos; desde el primer día harán desaparecer de sus casas toda levadura, pues el que coma pan fermentado, será extirpado de Israel; y esto, desde el día primero hasta el séptimo. 16El día primero habrá asamblea santa y también la habrá el día séptimo; en ellos no harán trabajo alguno; únicamente prepararán la comida que vayan a tomar. 17Guardarán los Ácimos, porque en este día yo saqué sus ejércitos del país de Egipto; y guardarán este día de generación en generación como institución perpetua.
18»En este primer mes comerán ácimos desde el día catorce por la tarde hasta el día veintiuno por la tarde. 19Durante estos días no habrá levadura en sus casas, pues todo el que coma algo fermentado será extirpado de la comunidad de Israel, tanto el extranjero como el nativo. 20No comerán nada fermentado; en todos sus lugares de asentamiento comerán panes ácimos».
21Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo:
—Vayan y tomen un cordero por familia e inmolen la pascua. 22Tomen un manojo de hisopo, mójenlo en la sangre que hay en la vasija y unten con ella el dintel y las dos jambas, y que ninguno de ustedes salga de la puerta de su casa hasta la mañana siguiente. 23El Señor pasará hiriendo a los egipcios; pero cuando vea la sangre en el dintel y en las dos jambas, el Señor pasará de largo sobre sus puertas y no permitirá al exterminador entrar en sus casas para herir. 24Guardarán este mandato del Señor, como institución perpetua para ustedes y sus hijos para siempre. 25Cuando entren en la tierra que va a darles el Señor, como les prometió, guardarán este rito. 26Y cuando sus hijos les pregunten qué significa este rito para ustedes, 27responderán: «Éste es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel, cuando hirió a los egipcios y preservó nuestras casas».
El pueblo se postró en adoración. 28Los hijos de Israel fueron e hicieron todo como el Señor había ordenado a Moisés y a Aarón.
29Sucedió, en efecto, que a media noche el Señor hirió a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito del cautivo que está en prisión; y también a todo primogénito de animal.
30El Faraón se levantó de noche junto con todos sus servidores y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto porque no había casa donde no hubiera un muerto. 31Aquella misma noche el Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo:
—Levántense y salgan de en medio de mi pueblo, ustedes y los hijos de Israel; vayan y den culto al Señor según su deseo. 32Recojan también sus ovejas y sus vacas, como habían pedido, y márchense. Y bendíganme también a mí.
33Los egipcios apremiaban al pueblo para que salieran rápidamente del país, pues decían: «Vamos a morir todos». 34El pueblo recogió la masa antes de que fermentara, envolvió las artesas en mantas y cargó con ella a las espaldas. 35Los hijos de Israel hicieron lo que había dicho Moisés y pidieron a los egipcios objetos de plata y de oro, y vestidos. 36El Señor hizo grato el pueblo a los ojos de los egipcios, que accedieron a sus peticiones. Así despojaron a los egipcios.
37Los hijos de Israel salieron de Ramsés hacia Sucot, unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. 38Subió con ellos además una gran multitud; y ovejas y vacas, en grandes rebaños. 39Cocieron la masa que habían sacado de Egipto e hicieron panes ácimos porque aún no había fermentado, pues al ser expulsados de Egipto no pudieron entretenerse; ni siquiera prepararon provisiones para el camino.
40La estancia de los hijos de Israel en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. 41Pasados estos cuatrocientos treinta años, el mismo día salieron todos los ejércitos del Señor del país de Egipto. 42Noche de vela fue ésta para el Señor, para sacarlos del país de Egipto; noche de vela en honor del Señor será para todos los hijos de Israel, de generación en generación.
43El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
—Ésta es la ley de la Pascua: «Ningún extranjero podrá comerla. 44Los siervos comprados con dinero serán circuncidados y sólo entonces podrán comerla. 45El advenedizo y el mercenario no podrán comerla. 46Se comerá en la misma casa, sin sacar fuera nada de carne; y no le quebrarán ningún hueso. 47Toda la comunidad de Israel la celebrará. 48Si un extranjero que vive entre ustedes quiere celebrar la Pascua del Señor, que se circuncide él y todo varón de su familia; después podrá acercarse a participar de ella. Será como un nativo. Pero ningún incircunciso podrá comerla. 49La misma ley regirá para el nativo y para el extranjero que habita en medio de ustedes».
50Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como lo había ordenado el Señor a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. 51Aquel mismo día el Señor sacó de Egipto a los hijos de Israel a la manera de un ejército.
13Ex1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Conságrame todo primogénito de los hijos de Israel. Todo lo que abre el seno materno tanto de hombres como de animales será para mí.
3Moisés dijo al pueblo:
—Acuérdense de este día en que salieron de Egipto, de la casa de la esclavitud, pues el Señor los ha sacado de allí con mano fuerte. No comerán pan fermentado. 4Salen hoy mismo en el mes de Abib. 5Cuando el Señor te haya introducido en la tierra de los cananeos, de los hititas, de los jeveos y de los jebuseos, la que había jurado a tus padres que te entregaría, tierra que mana leche y miel, celebrarás este rito en este mes: 6Durante siete días comerás panes ácimos y el día séptimo será fiesta en honor del Señor. 7Durante los siete días sólo se comerá pan ácimo y no se verá nada fermentado ni levadura en todo tu territorio. 8Ese día lo transmitirás a tus hijos, diciendo: «Esto es por lo que me hizo el Señor cuando salí de Egipto». 9Este rito será como señal en tu mano y como memorial ante tus ojos para que la ley del Señor esté en tu boca, porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto. 10Guardarás esta ley año tras año, en la fecha establecida.
11»Cuando el Señor te haya introducido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y te la haya entregado, 12ofrecerás al Señor todo primogénito; todo primer nacido de animales, si es macho, será para el Señor. 13El primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero; si no lo rescatas, lo desnucarás. Pero al primogénito del hombre entre tus hijos has de rescatarlo.
14»Y cuando el día de mañana tu hijo te pregunte: «¿Qué significa esto?», le responderás: «Con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto, de la casa de la esclavitud. 15Como el Faraón se obstinó en no dejarnos salir, el Señor dio muerte a todos los primogénitos en Egipto, tanto de hombres como de animales. Por eso, yo ofrezco en sacrificio al Señor todo primer nacido macho, y rescato a todo primogénito de mis hijos. 16Esto será como señal en tu mano y como recordatorio ante tus ojos; porque con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto».
17Cuando el Faraón dejó marchar al pueblo, Dios no lo llevó por el camino de la región de los filisteos, aunque es el más corto; pues se dijo Dios: «No sea que el pueblo, al ver inminente la batalla, se arrepienta y se vuelva a Egipto». 18Hizo Dios que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto hacia el Mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de Egipto bien equipados.
19Moisés tomó consigo los huesos de José, porque éste había hecho jurar a los hijos de Israel, diciendo: «Con toda seguridad os visitará Dios; entonces lleven con ustedes mis huesos».
20Partieron, pues, de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto. 21El Señor caminaba al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarles; así podían caminar de día y de noche. 22Nunca faltó al frente del pueblo, ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche.
14Ex1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Di a los hijos de Israel que se vuelvan y acampen junto a Pi–Hajirot, entre Migdal y el mar, frente a Baal–Safón. Frente a este lugar acamparán de cara al mar. 3El Faraón pensará de los hijos de Israel: «Andan perdidos por el país y el desierto les cierra el paso». 4Yo endureceré el corazón del Faraón y los perseguirá; y manifestaré mi gloria a costa del Faraón y de su ejército; y sabrán los egipcios que yo soy el Señor.
Y así lo hicieron.
5Cuando anunciaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, se mudó el corazón del Faraón y el de sus servidores en contra del pueblo, y dijeron:
—¿Qué hemos hecho dejando salir a Israel de nuestra servidumbre?
6Entonces hizo uncir sus carros y reunió consigo a su pueblo; 7tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con sus correspondientes guerreros. 8El Señor endureció el corazón del Faraón, rey de Egipto, el cual persiguió a los hijos de Israel. Pero los hijos de Israel salían con aire de triunfo. 9Los egipcios los persiguieron, todos los caballos, los carros del Faraón, los jinetes y el ejército; y les dieron alcance cuando acampaban junto a Pi–Hajirot frente a Baal–Safón.
10El Faraón estaba cerca cuando los hijos de Israel alzaron la vista y vieron que los egipcios seguían tras ellos. Entonces los hijos de Israel temieron mucho y clamaron al Señor. 11Y dijeron a Moisés:
—¿Acaso no había sepulcros en Egipto, para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto? 12¿No es esto lo que te decíamos en Egipto: «Déjanos; continuaremos sirviendo a los egipcios; es preferible servir a los egipcios que morir en el desierto»?
13Moisés respondió al pueblo:
—No teman, manténganse firmes y verán la salvación que el Señor les concede hoy, porque los egipcios que ahora ven, no volverán a verlos jamás. 14El Señor peleará por ustedes y ustedes podrán estar tranquilos.
15El Señor dijo a Moisés:
—¿Por qué clamas hacia mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en camino. 16Y tú, alza tu bastón y extiende tu mano hacia el mar y divídelo para que los hijos de Israel pasen por medio del mar como por tierra seca. 17Yo, por mi parte, voy a endurecer el corazón de los egipcios para que entren tras ellos; así manifestaré mi gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando yo muestre mi gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.
19El ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se puso en marcha y se situó tras ellos. Se puso en marcha también la columna de nube que iba delante de ellos y se situó detrás, 20interponiéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; la nube era tan oscura por un lado y tan luminosa por otro, que no pudieron acercarse unos a otros en toda la noche.
21Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, mediante un viento solano que sopló toda la noche, empujó el mar hasta que se secó, y se dividieron las aguas. 22Los hijos de Israel entraron por medio del mar como por lo seco y las aguas formaban como una muralla a derecha e izquierda. 23Los egipcios los persiguieron con todos los caballos del Faraón, los carros y los guerreros, entrando tras ellos hasta el medio del mar.
24Al romper el alba el Señor observó desde la columna de nube y fuego los campamentos de los egipcios y los desbarató. 25Hizo que se trabaran las ruedas de sus carros, de modo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios se dijeron:
—Huyamos de delante de Israel porque el Señor combate a su favor en contra de los egipcios.
26El Señor dijo a Moisés:
—Extiende tu mano sobre el mar y las aguas se volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sus guerreros.
27Extendió Moisés su mano sobre el mar y éste volvió a su estado habitual al rayar el día. Los egipcios al huir, se encontraron con las aguas y así el Señor precipitó a los egipcios al medio del mar. 28Las aguas volvieron, y cubrieron los carros y los guerreros de todo el ejército del Faraón, que había entrado tras ellos en el mar. No escapó ni uno solo.
29Los hijos de Israel pasaron por medio del mar como por lo seco y las aguas formaban como una muralla a derecha e izquierda. 30Así el Señor salvó aquel día a Israel de la mano de los egipcios, e Israel pudo ver a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31Israel vio la mano poderosa con la que el Señor trató a Egipto, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
15Ex1Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este cántico al Señor. Y decían:
—Quiero cantar al Señor, vencedor excelso:
caballos y caballeros al mar ha precipitado.
2El Señor es mi fuerza y mi vigor,
Él me ha salvado.
Él es mi Dios, quiero alabarlo;
el Dios de mi padre, quiero ensalzarlo.
3El Señor es un fuerte guerrero,
su nombre es el Señor.
4Los carros del Faraón, todo su ejército,
los ha precipitado en el mar;
los mejores guerreros
bajo el Mar Rojo han sucumbido.
5Los ha sepultado el abismo,
como piedras llegaron hasta el fondo.
6Tu diestra, Señor, reverbera en su poder;
tu diestra, Señor, doblega al enemigo.
7En tu inmensa majestad a tus adversarios derribas;
das suelta a tu furor y como paja los devoras.
8Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas;
las olas como un dique se elevaron;
y en el fondo del mar se cuajaron los abismos.
9Decíase el enemigo: «Los perseguiré,
repartiré el botín, quedará saciada mi codicia;
voy a desenvainar la espada, los exterminará mi mano».
10Pero soplaste con tu aliento y el mar los cubrió;
como plomo se hundieron en las profundas aguas.
11¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, glorioso en santidad,
temible en tus proezas, que obras maravillas?
12Extendiste tu diestra y la tierra los tragó.
13Guiaste con ternura
al pueblo que salvaste.
Con poder lo llevaste a tu morada santa.
14Lo oyeron los pueblos y temblaron;
agudo dolor invadió a los filisteos.
15Los príncipes de Edom se estremecieron;
a los jefes de Moab los abatió el terror;
todos los habitantes de Canaán se acobardaron.
16Espanto y pavor los asaltaron;
ante la fuerza de tu brazo enmudecieron como piedras;
hasta que pasó tu pueblo, Señor,
hasta que pasó el pueblo que te habías adquirido.
17Los llevarás y los plantarás en el monte de tu heredad,
el lugar que tú, Señor, te has preparado como trono,
en el Santuario que han fundado tus manos, Señor.
18El Señor reina por siempre jamás.
19Cuando los caballos del Faraón con sus carros y guerreros entraron en el mar, el Señor hizo que las aguas se volvieran sobre ellos, mientras que los hijos de Israel pasaron por medio del mar como por tierra seca.
20María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un pandero y todas las mujeres la siguieron también con panderos y danzas a coro. 21Y María les iba respondiendo:
«Canten al Señor, vencedor excelso:
caballos y caballeros al mar ha precipitado».
22Moisés hizo partir a Israel desde el Mar Rojo y los condujo hacia el desierto del Sur. Caminaron durante tres días por el desierto sin encontrar agua, 23hasta llegar a Mará; pero no pudieron beber el agua de Mará porque eran aguas amargas. De ahí le viene el nombre de Mará. 24El pueblo, entonces, murmuró contra Moisés, diciendo:
—¿Qué vamos a beber?
25Moisés clamó al Señor y el Señor le mostró un trozo de madera; Moisés lo arrojó al agua y el agua se volvió dulce.
Allí mismo el Señor dio leyes y normas al pueblo y lo puso a prueba, 26diciéndoles:
—Si escuchas la voz del Señor, tu Dios, y pones por obra lo que es recto a sus ojos, si prestas oído a sus preceptos y observas sus leyes, no te impondré los sufrimientos que impuse a Egipto. Pues yo soy el Señor, el que te sana.
27Después llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras. Y acamparon allí junto al agua.
16Ex1Toda la comunidad de los hijos de Israel partió de Elim y el día quince del segundo mes de su salida del país de Egipto, llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. 2La comunidad de los hijos de Israel murmuraba contra Moisés y contra Aarón en el desierto. 3Los hijos de Israel les decían:
—¿Quién nos hubiera dado morir a manos del Señor en el país de Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta saciarnos? Porque ustedes nos han sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.
4El Señor dijo a Moisés:
—He aquí que voy a hacer llover para ustedes pan desde el cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción cotidiana; así les pondré a prueba y veré si se comporta según mi ley o no. 5El sexto día, habrán de preparar lo que han recogido, que será el doble de lo que recolectan cada día.
6Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel:
—Esta tarde sabrán que es el Señor quien los ha sacado del país de Egipto, 7y por la mañana verán la gloria del Señor, que ha escuchado sus murmuraciones contra Él; pues nosotros ¿qué somos para que nos difamen?
8Moisés añadió:
—El Señor les dará por la tarde carne para comer y por la mañana pan para saciarlos, porque ha escuchado sus murmuraciones contra Él; pues nosotros ¿qué somos? No van contra nosotros sus murmuraciones, sino contra el Señor.
9Moisés dijo a Aarón:
—Di a toda la comunidad de los hijos de Israel: «Acérquense ante el Señor porque ha escuchado sus murmuraciones».
10Y ocurrió que mientras hablaba Aarón a toda la comunidad de los hijos de Israel, volvieron su rostro hacia el desierto, y he aquí que la gloria del Señor se manifestó en la nube. 11Entonces el Señor dijo a Moisés:
12—He escuchado las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: «Al atardecer comerán carne y por la mañana se saciarán de pan. Así conocerán que yo soy el Señor, su Dios».
13Aquella tarde, en efecto, subieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la mañana, hubo una capa de rocío alrededor del campamento. 14Al evaporarse la capa de rocío quedó sobre la superficie del desierto una cosa blanca delgada, como escarcha sobre la tierra. 15Al verlo los hijos de Israel se dijeron entre sí:
—¿Man–hu? (que significa: «¿Qué es esto?»)
Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:
—Esto es el pan que el Señor les da como alimento. 16Ésta es la orden que ha dado el Señor: tome cada uno según su necesidad, un ómer por cabeza, según el número de personas; cada uno recogerá también para los que están en su tienda.
17Así hicieron los hijos de Israel y recogieron unos más y otros menos. 18Luego lo midieron con el ómer y ni a los que tomaron más les sobraba ni a los que tomaron menos les faltaba; cada uno había recogido según su necesidad. 19Moisés les dijo:
—Que nadie guarde nada para mañana.
20Sin embargo no le escucharon y algunos dejaron parte para la mañana siguiente, pero crió gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó con ellos.
21Lo recogían, por tanto, por la mañana, cada uno según su necesidad, pues el calor del sol lo derretía.
22El día sexto recogían el doble de pan, dos ómer para cada uno. Vinieron entonces los representantes de la comunidad y se lo contaron a Moisés. 23Él les dijo:
—He aquí lo que ha dicho el Señor: «Mañana es sábado, descanso consagrado para el Señor: lo que deban cocer, cuézanlo; lo que deban hervir, hiérvanlo, y todo lo que sobre guárdenlo como reserva para mañana».
24Y lo guardaron para el día siguiente como lo había ordenado Moisés y no se pudrió ni se agusanó. 25Moisés dijo:
—Cómanlo hoy, porque hoy es sábado en honor del Señor; hoy no encontrarán nada en el campo. 26Seis días lo recogerán y el séptimo día, el sábado, no habrá nada.
27De hecho, el día séptimo salieron algunos del pueblo para recoger y no encontraron nada.
28El Señor dijo a Moisés:
—¿Hasta cuándo se negarán a guardar mis preceptos y mis leyes? 29Miren que el Señor les ha dado el sábado; por eso les da el sexto día ración para dos días; permanezcan cada uno en su sitio; que nadie salga de su sitio el día séptimo.
30El pueblo descansó el día séptimo.
31La casa de Israel lo llamó maná; era como una semilla de coriandro, blanco y su sabor como una torta de miel. 32Y Moisés dijo:
—Éste es el mandamiento que el Señor ha ordenado: llenen un ómer de esto y consérvenlo para sus generaciones, para que vean el pan que les di de comer en el desierto cuando los saqué del país de Egipto.
33Moisés dijo a Aarón:
—Toma un recipiente, pon en él un ómer de maná y déjalo delante del Señor, para conservarlo de generación en generación.
34Aarón, tal como el Señor ordenó a Moisés, lo dejó delante del Testimonio para conservarlo.
35Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años hasta su entrada en tierra habitada; comieron el maná hasta su entrada en los confines de la tierra de Canaán. 36El ómer de maná es la décima parte de un efah.
17Ex1Toda la comunidad de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, haciendo etapas, según indicaba el Señor. Y acamparon en Refidim, donde el pueblo no halló agua para beber. 2El pueblo entonces se quejó a Moisés diciendo:
—Danos agua para beber.
Y les respondió:
—¿Por qué se querellan conmigo? ¿Por qué tientan al Señor?
3Pero el pueblo continuaba sediento y murmuró contra Moisés:
—¿Por qué nos has sacado de Egipto para dejarnos morir de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
4Moisés clamó al Señor diciendo:
—¿Qué puedo hacer con este pueblo? Casi llegan a apedrearme.
5Respondió el Señor a Moisés:
—Pasa delante del pueblo acompañado de algunos ancianos de Israel, lleva en tu mano el bastón con que golpeaste el Nilo y emprende la marcha. 6Yo estaré junto a ti sobre la roca en el Horeb; golpearás la roca y saldrá agua para que beba el pueblo.
Lo hizo así Moisés a la vista de los ancianos de Israel. 7Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá por la querella de los hijos de Israel y por haber tentado al Señor diciendo: «¿Está el Señor entre nosotros, o no?»
8Vino entonces Amalec y atacó a Israel en Refidim. 9Moisés dijo a Josué:
—Elige unos hombres y sal a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie en la cima del monte con el bastón de Dios en la mano.
10Hizo Josué como Moisés le había ordenado y combatió contra Amalec; mientras, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte. 11Resultó que cuando Moisés alzaba las manos, vencía Israel, pero cuando las dejaba caer, vencía Amalec. 12Como se le cansaban las manos a Moisés, acercaron una piedra, se la pusieron debajo y se sentó sobre ella, en tanto que Aarón y Jur le sujetaban las manos, cada uno por un lado. Y así sus manos se mantuvieron en alto hasta la puesta del sol. 13Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14Luego el Señor dijo a Moisés:
—Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y transmite a Josué que yo he de borrar por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
15Entonces Moisés edificó un altar al que puso por nombre «El Señor es mi bandera», 16diciendo:
—Mano al estandarte del Señor;
el Señor está en guerra contra Amalec
de generación en generación.
18Ex1Jetró, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se enteró de todo lo que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo el Señor había sacado a Israel de Egipto. 2Entonces Jetró, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que éste había abandonado, 3y a sus dos hijos: el uno llamado Guersom, porque Moisés dijo: «Huésped he sido en tierra extranjera»; 4y el otro Eliézer, porque dijo Moisés: «El Dios de mi padre es mi protección y me ha librado de la espada del Faraón». 5Se llegó, pues, Jetró, suegro de Moisés, con los hijos y con la mujer hasta Moisés en el desierto donde estaba acampado al pie del monte de Dios. 6Y le hizo saber a Moisés:
—Yo, Jetró, tu suegro, vengo hasta ti con tu mujer y tus dos hijos.
7Moisés entonces salió al encuentro de su suegro Jetró, se postró y le besó. Se saludaron mutuamente y entraron en la tienda. 8Moisés contó a su suegro todo lo que había hecho el Señor con el Faraón y con los egipcios en favor de Israel; y todas las adversidades que les habían sobrevenido en el camino y cómo el Señor les había librado de ellas. 9Se alegró Jetró de todo el bien que el Señor había hecho a Israel, librándolo de la mano de los egipcios, 10y dijo:
—Bendito sea el Señor, que los ha librado de la mano de los egipcios y de la mano del Faraón. 11Ahora reconozco que el Señor es más grande que todos los dioses, porque ha librado al pueblo de la mano de los egipcios precisamente cuando con más insolencia los trataban.
12Después Jetró, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios: Aarón y todos los ancianos de Israel vinieron a participar de la comida con el suegro de Moisés en presencia de Dios.
13Al día siguiente Moisés se sentó para administrar justicia entre el pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana hasta la noche. 14Al ver el suegro de Moisés todo lo que éste hacía por el pueblo, le dijo:
—¿Qué sentido tiene que tú hagas esto por el pueblo? ¿Por qué eres tú el único que te sientas, haciendo que el pueblo entero tenga que permanecer ante ti desde la mañana hasta la noche?
15Contestó Moisés a su suegro:
—Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios; 16cuando tienen un pleito vienen a mí y yo administro justicia entre unos y otros, dándoles a conocer los decretos y las leyes de Dios.
17Entonces el suegro de Moisés le dijo:
—No está bien lo que haces. 18Te agotarás por completo tú y este pueblo que te acompaña; es éste un quehacer demasiado pesado para ti y no podrás llevarlo a cabo tú solo. 19Así pues, escúchame; voy a darte un consejo y que Dios esté contigo: Sé tú valedor del pueblo ante Dios, y presenta ante Dios sus asuntos; 20enseña al pueblo los decretos y las leyes, y dales a conocer el camino que deben seguir y las obras que deben realizar. 21Pero elígete de entre el pueblo hombres probados, temerosos de Dios, hombres fieles y honrados, y colócalos al frente, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 22Que sean ellos quienes juzguen al pueblo en todo momento: que te presenten a ti los asuntos graves, pero en los demás que juzguen ellos. Así se aliviará el peso que llevas encima y ellos lo compartirán contigo. 23Si atiendes mi advertencia, Dios mismo te dará instrucciones, tu podrás resistir y, además, este pueblo podrá volver en paz a su puesto.
24Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le indicó. 25Escogió, pues, hombres probados entre todo Israel y los colocó al frente del pueblo, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 26Ellos juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos más graves se los presentaban a Moisés, y en los demás juzgaban ellos. 27Moisés despidió a su suegro que se volvió a su tierra.
19Ex1A los tres meses de la salida del país de Egipto, ese mismo día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí. 2Habían salido de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon. Israel puso allí el campamento frente a la montaña.
3Moisés subió hacia Dios y el Señor lo llamó desde la montaña y le dijo:
—Esto has de decir a la casa de Jacob y esto has de anunciar a los hijos de Israel: «4Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios y cómo los he llevado en alas de águila y los he traído hacia mí. 5Ahora, pues, si de veras escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; 6ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa». Éstas son las palabras que han de decir a los hijos de Israel.
7Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas las palabras que el Señor le había ordenado. 8El pueblo entero respondió a una diciendo:
—Haremos cuanto ha dicho el Señor.
Y Moisés comunicó al Señor la respuesta del pueblo. 9Entonces dijo el Señor a Moisés:
—He aquí que Yo voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo oiga cuándo me comunico contigo, y así te crean a ti siempre.
Y Moisés refirió al Señor la respuesta de su pueblo.
10El Señor dijo a Moisés:
—Ve al pueblo y haz que se purifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos. 11Y que estén preparados para el tercer día, porque el día tercero el Señor descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. 12Señalarás un límite al pueblo alrededor de la montaña y le dirás: «Ustedes se guardarán de subir a la montaña, y hasta de aproximarse a su falda. El que se aproxime a la montaña morirá sin remedio». 13Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea hombre o animal no quedará con vida. Sólo cuando suene el cuerno, subirán a la montaña.
14Bajó, pues, Moisés de la montaña hasta el pueblo, hizo que se purificaran, y lavaron sus vestidos. 15Y dijo al pueblo:
—Estén preparados para el tercer día; y no se acerquen a mujer alguna.
16El día tercero, al despuntar la aurora, hubo truenos y relámpagos, y una densa nube sobre la montaña, y un sonido muy intenso de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció. 17Moisés hizo salir al pueblo del campamento al encuentro de Dios; ellos se detuvieron al pie de la montaña. 18Todo el monte Sinaí humeaba porque el Señor había descendido sobre él en el fuego. El humo subía como humo de horno y toda la montaña se estremeció violentamente. 19El sonido de la trompeta se fue haciendo más intenso: Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. 20El Señor descendió sobre el monte Sinaí, sobre la cima de la montaña. Luego el Señor llamó a Moisés a la cumbre de la montaña y allí subió Moisés. 21Y dijo el Señor a Moisés:
—Baja y advierte al pueblo que no se acerquen a mirar al Señor; si no, morirán muchos de ellos. 22Además, los sacerdotes que se acercan al Señor, que se purifiquen para que el Señor no los castigue.
23Moisés dijo al Señor:
—El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has amenazado al decir: «Señala un límite a la montaña y declárala sagrada».
24El Señor le respondió:
—Anda, baja; y después, suban tú y Aarón; pero los sacerdotes y el pueblo que no traspasen el límite con intención de subir hacia el Señor para que no los castigue.
25Bajó, pues, Moisés a donde estaba el pueblo y se lo transmitió.
20Ex1Entonces Dios pronunció todas estas palabras, diciendo:
2—Yo soy el Señor, tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la esclavitud.
3»No tendrás otro dios fuera de mí.
4»No te harás escultura ni imagen, ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas por debajo de la tierra. 5No te postrarás ante ellos ni les darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de aquellos que me odian; 6pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.
7»No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, pues el Señor no dejará impune al que tome su nombre en vano.
8»Recuerda el día del sábado, para santificarlo. 9Durante seis días trabajarás y harás tus tareas. 10Pero el día séptimo es sábado, en honor del Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita junto a ti. 11Pues el Señor en seis días hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene, pero el día séptimo descansó. Por eso el Señor bendijo el día del sábado y lo santificó.
12»Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
13»No matarás.
14»No cometerás adulterio.
15»No robarás.
16»No darás falso testimonio contra tu prójimo.
17»No codiciarás los bienes de tu prójimo; ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo ni su esclava, ni su buey, ni su asno ni nada de lo que pertenezca a tu prójimo.
18Todo el pueblo percibía los truenos y los relámpagos, el sonido de la trompeta y la montaña humeante; y se llenaron de temor y se mantenían a distancia. 19Entonces le dijeron a Moisés:
—Habla tú con nosotros y te escucharemos; pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos.
20Respondió Moisés al pueblo:
—No teman, pues Dios ha venido para probarlos, para que su temor esté ante sus ojos y no pequen.
21Y el pueblo se mantuvo a distancia mientras Moisés se acercaba hacia la densidad de la nube donde estaba Dios.
22Entonces dijo el Señor a Moisés:
—Así hablarás a los hijos de Israel: «Ustedes han visto que les he hablado desde el cielo. 23Ustedes no se fabricarán dioses de plata, ni se harán dioses de oro.
24»Me harás un altar de tierra y me sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus sacrificios de comunión, tu ganado menor y tu ganado mayor; en todo lugar donde haga conmemorar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.
25»Y en caso de hacerme un altar de piedra, no lo edificarás con piedras talladas, pues al dejar caer tu escoplo sobre ellas, las profanarías.
26»Tampoco subirás a mi altar por escalones, para que, al subir por ellos, no quede al descubierto tu desnudez».
21Ex1»Éstas son las normas que les expondrás:
2«Cuando adquieras un esclavo hebreo, te servirá seis años y al séptimo quedará libre sin pagar; 3si entró solo, solo saldrá; si estaba casado, su mujer saldrá con él. 4Pero si fue el dueño quien le dio esposa, y de ella hubieran nacido hijos o hijas, la mujer y los hijos serán del dueño y él saldrá solo. 5Si el esclavo dijera con insistencia: «Amo a mi dueño, a mi mujer y a mis hijos, no quiero quedar libre», 6entonces su dueño lo llevará ante Dios y, acercándolo a la puerta o a la jamba, le perforará la oreja con un punzón y así será su esclavo para siempre.
7»Cuando un hombre venda a su hija como esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los varones. 8Si cayera en desgracia a los ojos de su dueño para quien estaba destinada, éste le permitirá ser rescatada; no podrá venderla a un pueblo extranjero y ser desleal con ella. 9Si la destina para su hijo, la tratará como a una hija suya. 10Si toma otra nueva mujer, no le negará a la primera ni la comida ni el vestido ni el derecho conyugal; 11si no le proporciona esas cosas, ella podrá marcharse de balde, sin pagar dinero.
12»El que hiera a un hombre causándole la muerte deberá morir. 13Si no estaba al acecho, sino que Dios permitió que cayera a manos de él, yo te mostraré un lugar donde pueda refugiarse; 14pero si por odio uno llega a matar a su prójimo con alevosía, hasta de mi altar lo arrancarás para darle muerte.
15»El que hiera a su padre o a su madre deberá morir.
16»El que rapte a un hombre, tanto si lo ha vendido como si lo tiene en su poder, deberá morir.
17»El que maldiga a su padre o a su madre deberá morir.
18»Cuando dos hombres riñan, y uno hiere a su prójimo con una piedra o con el puño y no muere pero tiene que guardar cama: 19si se levanta y puede caminar por la calle apoyado en su cayado, el que le hirió quedará exculpado; sólo tendrá que pagar lo que haya perdido por la enfermedad y los gastos de la curación.
20»Cuando uno golpee con un bastón a su esclavo o a su esclava, y mueran a manos del dueño, será reo de venganza; 21pero si sobrevive un día o dos, no será reo, puesto que es parte de su hacienda.
22»Cuando algún hombre, en el fragor de una riña, golpee a una mujer embarazada provocándole el parto, pero sin causar más daño, el culpable será multado según lo que imponga el marido de la mujer y decidan los magistrados. 23Pero si se sigue algún daño, pagarás vida por vida, 24ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión.
26»Cuando uno golpee a su esclavo o a su esclava en un ojo, y los deje tuertos, los dejará libres en compensación del ojo. 27Y si le hace saltar un diente a su esclavo o a su esclava, le dejará libre en compensación del diente.
28»Cuando un buey cornee a un hombre o a una mujer, y le cause la muerte, será apedreado; no se comerá su carne, pero el dueño quedará exculpado. 29Pero si el buey ya corneaba antes y su dueño, aun sabiéndolo no lo tenía vigilado, en caso de que el buey mate a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado y también su dueño será reo de muerte. 30Y si al dueño le imponen una compensación, pagará el precio que le hayan impuesto por conservar la vida. 31Si cornea a un niño o a una niña, se actuará según la misma norma. 32Pero si el buey cornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño del esclavo, y el buey será apedreado.
33»Cuando uno abra un pozo o excave una cisterna y no lo tape, y caiga allí un buey o un asno, 34el propietario de la cisterna pagará con dinero: resarcirá al dueño de los animales, y la res muerta será para él.
35»Cuando un buey cornee a otro buey y le cause la muerte, venderán el buey vivo y se repartirán el dinero; y también se repartirán la res muerta. 36Pero si era notorio que el buey corneaba antes y su dueño no lo tenía vigilado, éste deberá pagar buey por buey y el animal muerto será para él.
37»Cuando uno robe un buey o una oveja y lo mate o lo venda, pagará cinco reses de ganado mayor por el buey y cuatro reses de ganado menor por la oveja.
22Ex1»Si un ladrón es sorprendido asaltando una propiedad, es herido y muere, no habrá venganza de sangre; 2pero si ya luce el sol, habrá venganza de sangre. El ladrón deberá indemnizar; y si no tiene nada, será vendido por lo que robó; 3y si lo robado, sea un buey, un asno o una oveja, se encuentra todavía vivo en su poder, pagará el doble.
4»Cuando uno destroce un campo o una viña, dejando a su ganado pastar en campo ajeno, pagará con lo mejor de su ganado y lo mejor de su viña.
5»Cuando se declare un incendio y se propague por los espinos devorando haces, mieses o un campo, el que provocó el incendio deberá indemnizar.
6»Cuando uno entregue dinero o cualquier objeto en depósito a su prójimo, y lo roban de casa del depositario y se encuentra al ladrón, éste pagará el doble. 7Si el ladrón no aparece, el dueño de la casa se acercará ante Dios y jurará que no ha puesto su mano sobre la propiedad de su prójimo.
8»En toda causa delictiva, sobre un buey o un asno o una oveja o un vestido o cualquier cosa desaparecida, si uno dice: “Esto es así”, el pleito de ambos se llevará ante Dios, y aquél a quien Dios declare culpable pagará el doble a su prójimo.
9»Si uno entrega en depósito a su prójimo un asno o un buey o una oveja o cualquier otro animal, y mueren, se dañan o son robados, sin que nadie lo vea, 10se interpondrá entre ambos el juramento por el Señor de que aquél no ha puesto sus manos en la propiedad de su prójimo; el propietario aceptará el juramento y el depositario no tendrá que pagar. 11Pero si se lo robaron en su presencia, tendrá que pagar al dueño. 12Y si el animal ha sido despedazado, aportará los despojos y no tendrá que pagar.
13»Cuando uno pida prestado a su prójimo un animal y se dañe o muera, en ausencia del dueño, tendrá que pagar. 14Pero si el dueño estaba con él, no tendrá que pagar. Si el préstamo fue en alquiler, la indemnización va incluida en el alquiler.
15»Cuando uno seduzca a una doncella no desposada y tenga relación con ella, pagará la dote y la tomará como esposa. 16Si su padre se niega a desposarla con él, pagará en dinero la dote que se acostumbra dar a las doncellas.