COMENTARIO

 Ex 15,1-21 

Este canto de victoria es uno de los más antiguos himnos de Israel. Probablemente existía mucho antes de que el redactor del libro decidiera insertarlo como colofón del relato del éxodo. Se denomina «cántico de Myriam o de María» (v. 21) porque, según está atestiguado en poemas ugaríticos, en aquella época (siglos XIII-XI a.C.) solían poner, no al principio, sino como aparece aquí, al final, el motivo del poema, el autor y el título (vv. 19-21). Es probable que fuera recitado en la liturgia y que todo el pueblo repitiera el estribillo (vv. 1.21) después de cada estrofa recitada o cantada por el coro.

Es un himno de alabanza y de acción de gracias en el que se cantan las tres etapas de la liberación de Israel: los prodigios del Mar Rojo (vv. 4-10); el peregrinaje triunfal por el desierto (vv. 14-16) y la posesión de la tierra de Canaán (vv. 17-18).

En la recreación poética de estos acontecimientos hay una gloriosa enumeración de atributos divinos: fuerza, poder guerrero, victorias, redención, etc., que reflejan el alcance teológico del éxodo, del desierto y de la tierra: Dios es quien ha llevado a cabo tantas maravillas; las ha realizado porque ha elegido al pueblo como propiedad suya; Dios mismo exige en correspondencia que se le reconozca como Dios, como Señor supremo, como único liberador.

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