COMENTARIO

 Ex 15,1-3 

La gloria y el poder de Dios se han puesto de manifiesto en la victoria sobre los egipcios. Fuerza, poder, salvación, pueden considerarse como sinónimos, puesto que el autor sagrado no considera los atributos como categorías abstractas, sino como acciones concretas: sólo Dios ha sido capaz de salvar eficazmente al pueblo.

«El Señor es un fuerte guerrero». Esta denominación atrevida del poeta indica la antigüedad del poema. Algunas versiones, quizá porque consideran que puede entenderse mal, suavizan la expresión: «Poderoso en el combate», según el Pentateuco samaritano, o «el que rompe las batallas», según los Setenta. Nosotros, con la Neovulgata, hemos mantenido en su pureza la imagen castrense, que expresa con vigor el poder universal de Dios: «Él es el Señor del universo; (…) es el Señor de la historia: gobierna los corazones y los acontecimientos según su voluntad» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 269).

«Su nombre es el Señor». Literalmente «su nombre es Yah», utilizando una abreviatura de Yahwéh, que quizá se usó en tiempos más antiguos. Es posible que una reminiscencia de este nombre haya quedado en la alabanza de los Salmos, Aleluyah.

Volver a Ex 15,1-3