COMENTARIO

 Ex 15,22-27 

Al iniciar la marcha por el desierto surge la primera dificultad: la falta de agua, que va a repetirse en otras ocasiones (cfr 17,5-6; Nm 20,7-11). También en este caso es difícil localizar Mará y Elim; suele admitirse que Mará es Ayun Mûsa («Fuentes de Moisés») a unos 40 km de donde tuvo lugar el paso del Mar Rojo; Elim podría ser el actual Wadi Garandel, a unos 80 km de Mará. Las caravanas del desierto acampaban lógicamente junto a los pozos o manantiales naturales que daban vida a pequeños pero frondosos oasis.

En este episodio hay varios elementos evocadores de episodios o de verdades importantes: el hallazgo de agua no potable (la etimología popular de Mará es «amarga» o «amargura»), que recuerda la primera plaga de Egipto (v. 26); la murmuración del pueblo tantas veces repetida (cfr 16,2; 17,3; Nm 14,2; 20,3 etc.); la intercesión de Moisés; la primera vez que se mencionan las normas y leyes dadas por Dios; la promesa de protección divina, con el atributo de Dios-Sanador; y la llegada a una zona, Elim, con abundante agua potable y árboles. Todo ello para dar a conocer una enseñanza esencial: como consecuencia de la predilección que Dios ha mostrado con su pueblo, éste alcanzará seguridad y bienestar en la medida en que vivan en la obediencia al Señor.

Los primeros comentaristas cristianos encontraron en este relato símbolos de realidades de la Nueva Alianza: en el leño que arrojó Moisés para sanar las aguas vieron prefigurada la Cruz por la que todos hemos sido sanados (San Justino, Orígenes, San Cirilo de Alejandría); en las doce fuentes y setenta palmeras de Elim vieron anunciados los setenta discípulos enviados por el Señor y los doce Apóstoles (Orígenes, San Gregorio de Nisa).

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