COMENTARIO

 Ex 18,1-27 

El encuentro de Moisés con su suegro Jetró y la institución de los jueces son los dos últimos acontecimientos que ocurrieron en el desierto antes de la teofanía del Sinaí (caps. 19-24). Por una parte, Jetró y los madianitas, que representan aquí a los gentiles, celebran con Israel la liberación, y participan en un mismo sacrificio de comunión. Por otra, Moisés, que actúa en nombre de Dios, instituye el sistema judicial. El libro del Deuteronomio vuelve a relatar la institución de los jueces al abandonar el Sinaí (Dt 1,9-18). El autor sagrado, al situarlos en este momento, pretende enseñar que Dios mismo quiso que los israelitas tuvieran la estructura de pueblo, antes de llevar a cabo la revelación sinaítica. El hecho de que los israelitas que salieron de Egipto formaran un pueblo con todas las características —autoridad, leyes, bien común, etc.— es muy importante para descubrir cómo el Señor quiso llevar a cabo la salvación de los hombres: «Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello, eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una Alianza, y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 9).

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