COMENTARIO

 Ex 24,12-18 

Nueva subida de Moisés a la montaña, esta vez relacionada con el trágico episodio del becerro de oro (Ex 32). Sobre piedra, y no sobre arcilla, se grababan normalmente las leyes —como sucede con el Código de Hammurabi, grabado sobre una enorme piedra de diorita—, quizá para indicar la estabilidad de las mismas. San Pablo, en cambio, queriendo enseñar más la interioridad de la ley, recordará que el mensaje evangélico está inscrito en el corazón (cfr 2 Co 3,3). Las tablas de piedra van a ser en esta narración el símbolo de la fidelidad quebrantada por el pueblo y recompuesta por la misericordia divina (cfr nota a 32,1-6).

Los vv. 15-18, provenientes probablemente de la «tradición sacerdotal», describen la teofanía, en términos cultuales, hablando de la «gloria del Señor». Es la manifestación sensible de la presencia divina en forma de nube luminosa y, a la vez, opaca (v. 16); la misma que más tarde impregnará el Arca (cfr 40,34-35), y posteriormente el Templo (cfr 1 R 8,10-11). Es también un fuego devorador, ante el cual nada ni nadie puede resistir (cfr Dt 4,36). Ambas imágenes expresan la trascendencia de Dios. También el Espíritu Santo vendrá en forma de lenguas de fuego (cfr Hch 2,3-4). Sobre el sentido profundo de la nube, ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 697.

Dios exigió a Moisés una semana de preparación antes de presentársele el día séptimo; luego, Moisés permaneció cuarenta días en íntima comunicación. Estos períodos de tiempo, más que un detalle cronológico, reflejan la intensidad del trato con el Señor, y serán evocados en episodios importantes: así Elías caminó cuarenta días en su búsqueda de Dios (cfr 1 R 19,8) y también Jesucristo pasará cuarenta días en el desierto, antes de comenzar su vida pública (cfr Mt 4,2).

Volver a Ex 24,12-18