COMENTARIO

 Ex 32,15-24 

También el castigo narrado en estos versículos está cargado de significación. En primer lugar, Moisés rompe las tablas escritas por Dios (vv. 16.19), indicando que el pecado ha quebrantado la Alianza, y que la principal consecuencia y castigo del pecado es la falta de Ley (cfr Am 8,11-12), es decir, lo que hoy llamaríamos la pérdida de conciencia de pecado.

Moisés destruye el becerro porque no tiene en sí ninguna fortaleza. Las tablas eran «obra de Dios» (v. 16), mientras que el becerro lo habían hecho los hombres (v. 20). Y les da a beber los residuos (v. 20) en un gesto que recuerda las ordalías (cfr Nm 5,23-24), pero que tiene por finalidad enseñar que el pecado es personal: sólo quienes pecaron recibieron el castigo. Finalmente, el reproche a Aarón, que recuerda el que Dios dirigió a Adán (cfr Gn 3,11), descubre al verdadero culpable.

El misterio del pecado afecta también a los grandes personajes elegidos por Dios, y la Biblia no lo oculta. En otro lugar a Moisés se le recuerda su pecado (cfr Nm 20,12; Dt 32,51) y más tarde a David el suyo (1 S 12,7-9); en el Nuevo Testamento se narran también con detalle las negaciones de Pedro (Mt 26,69-75). La historia de la salvación la realiza Dios mismo, a pesar de las infidelidades de los hombres.

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