COMENTARIO

 Ex 32,25-29 

La intervención de los levitas resulta un tanto extraña para la mentalidad moderna. Quizá es un relato que quiere realizar la función que los levitas habían de ejercer en el futuro: en efecto, los descendientes de Leví son alabados como guardianes de la palabra y de la Alianza (cfr Dt 33,9); aquí permanecen fieles a Moisés y son capaces de distinguir entre culpables e inocentes. Toda la sección del castigo muestra que el pecado, aun siendo perdonado, no por eso queda impune. La Iglesia enseña que el pecado, además de ser ofensa a Dios, «hiere y debilita al pecador mismo, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes causados. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados. (…) Esta satisfacción se llama también penitencia» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1459).

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