COMENTARIO

 Ex 32,30-35 

El nuevo diálogo de Moisés con el Señor resume lo narrado en todo el capítulo. Moisés actúa una vez más como intercesor; el Señor se muestra misericordioso y perdona. «De esta intimidad con el Dios fiel, tardo a la cólera y rico en amor (cfr Ex 34,6), Moisés ha sacado la fuerza y la tenacidad de su intercesión. No pide por él, sino por el pueblo que Dios ha adquirido. Moisés intercede ya durante el combate con los amalecitas (cfr Ex 17,8-13) o para obtener la curación de María (cfr Nm 12,13-14). Pero es sobre todo después de la apostasía del pueblo cuando “se mantiene en la brecha” ante Dios (Sal 106,23) para salvar al pueblo (cfr Ex 32,1-34,9). Los argumentos de su oración (la intercesión es también un combate misterioso) inspirarán la audacia de los grandes orantes tanto del pueblo judío como de la Iglesia. Dios es amor, por tanto es justo y fiel; no puede contradecirse, debe acordarse de sus acciones maravillosas, su Gloria está en juego, no puede abandonar al pueblo que lleva su Nombre» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2577).

Pero el pueblo habrá de soportar una pena en el tiempo oportuno (v. 34). A lo largo de la historia bíblica, Israel tiene conciencia de merecer un severo castigo por éste y otros pecados que irá acumulando. Los profetas identificarán el destierro a Babilonia con el pago de esta deuda.

La mención del libro en el que Dios escribe los nombres de los que Él ha elegido, como en un empadronamiento (cfr Is 4,3; Ap 3,5.12; 17,8), es un modo gráfico de reflejar la predilección divina por aquellos que tienen una misión que cumplir en la obra de la salvación.

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