COMENTARIO
Esta sección, considerada de «tradición yahvista», tiene un origen muy antiguo, probablemente anterior a las narraciones que lo enmarcan, como ocurre con otros textos legislativos de este libro. Del mismo modo que en la redacción del Decálogo moral (cfr 20,1-21), el recuerdo de las acciones divinas precede y fundamenta los preceptos y normas que vienen a continuación. De modo solemne comienza un discurso del Señor en el que se decide a establecer una Alianza con su pueblo.
La introducción histórica (v. 10) no se limita a enumerar los prodigios del éxodo, sino que abarca todas las maravillas que Dios va a realizar constantemente. La iniciativa divina en la Alianza es originaria y fundante para que el pueblo sea testigo permanente de la presencia protectora de Dios.
Hacer pactos y alianzas con los pueblos politeístas sería reconocer a sus dioses y exponerse al peligro de idolatría (vv. 12-13) o de sincretismo.
Al establecimiento de la Alianza sigue el denominado «Código Ritual» (vv. 14-28). Aunque en el v. 28 se denominan «diez mandamientos», es difícil reducir a diez todas estas prescripciones. Suele aceptarse que también este «código» o codificación de normas (cfr nota a 20,1-17), tuvo su origen y sus modificaciones independientemente del libro del Éxodo. Las prescripciones son fundamentalmente cultuales y suponen un pueblo ya sedentarizado, capaz de celebrar las fiestas de peregrinación, Ácimos, Pentecostés y Tabernáculos, aunque aquí aparecen en su normativa más embrionaria.
«Derribaréis sus estelas y destrozaréis sus aserás» (v. 13). Las estelas eran piedras conmemorativas a modo de obeliscos (cfr nota a 23,24-25). Las aserás o cipos eran monumentos de madera erigidos en forma de tocón de árbol más o menos adornados en honor de la diosa de la fertilidad Aserá, Astarté en griego.