COMENTARIO
La narración de los acontecimientos del Sinaí termina exaltando la figura de Moisés, cuyo rostro refleja la gloria de Dios.
«Su rostro se había vuelto radiante» (vv. 29.30.35). El término hebreo qarán, que significa «resplandecer, ser radiante», es muy parecido a qeren, que significa «cuerno». De ahí la traducción de San Jerónimo en la Vulgata: «Y su rostro volvió con cuernos luminosos», que ha influido en la tradición cristiana y en el arte. Así, por ejemplo, Miguel Angel esculpió su famoso Moisés, con dos luces luminosas, una a cada lado de la frente. En todo caso, el autor sagrado pretende indicar la transformación de Moisés por su proximidad con el Señor. El velo que cubría su rostro pone de relieve la transcendencia de Dios: los israelitas no sólo no pueden ver a Dios, sino ni siquiera el rostro de Moisés, su más íntimo intermediario.
San Pablo aludirá a este episodio para mostrar la supremacía radical de la Nueva Alianza y el sentido del ministerio apostólico, puesto que con la venida de Jesucristo todo ha quedado desvelado y el hombre tiene acceso directo al Padre (cfr 2 Co 3,7-18).