COMENTARIO

 Lv 8,14-32 

Al rito de la ordenación propiamente dicho, iniciado en el v. 22, preceden tres sacrificios. El primero (vv. 14-17) es expiatorio, para purificar de sus pecados a Aarón y a sus hijos, santificando al mismo tiempo el altar. Su rito ya lo conocemos por 4,1-12. El segundo sacrificio (vv. 18-21) es un holocausto con el rito ya explicado (cfr 1,10-13). El último de los sacrificios (vv. 22-32) es el de consagración propiamente dicha, cuyos ritos son similares a los del sacrificio de comunión descrito en el cap. 3. Hay ciertas variaciones en el ritual de la sangre: se ungen la oreja, la mano y el pie derechos. Con ello se preparaba al sacerdote para escuchar con atención y docilidad la palabra de Dios, se le disponía para las buenas obras y para que su conducta fuera recta. El gesto de llenar las manos de los sacerdotes, significaba la entrega de los poderes sagrados, que ejercerían en su función litúrgica. También los vestidos eran consagrados mediante la aspersión del óleo y de la sangre.

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