COMENTARIO
Estos capítulos sobre leyes de pureza ritual comprenden la tercera parte del libro del Levítico, dedicada a señalar los animales que son considerados impuros y las diversas causas que determinan esa impureza legal. El cap. 16 constituye una sección especial dedicada a los ritos del Día de la Expiación, el Yôm Kippur, en el que se prescribe una purificación colectiva.
Respecto de las impurezas, hay cuatro fuentes principales que las originan: los alimentos, los cadáveres, la lepra y el uso inadecuado del sexo. No se puede decir que haya unas causas claras para hacer estas clasificaciones, debidas sobre todo a las costumbres de aquellos pueblos primitivos, o a la apariencia repugnante de ciertos animales. Tomando pie de esta legislación enseña Novaciano que aquellos alimentos fueron prohibidos, no por ser condenables en sí mismos, sino simplemente como una forma de rendir culto a Dios, para lo cual es conveniente la frugalidad en el comer y la temperancia de la gula, práctica coherente con la religiosidad, y casi connatural con el culto a Dios, así como la falta de sobriedad y la lujuria consiguiente son enemigas de la santidad (cfr De cibis iudaicis 4).
La impureza que se originaba era de ordinario externa, sin que pueda hablarse de una transgresión de orden moral. Por eso la forma de quitar la impureza era un rito exterior. La santidad y pureza de Dios ha impulsado siempre a los hombres a evitar cuanto pueda desdecir del Señor, sobre todo a la hora de acercarse a adorarle o suplicarle. A veces la impureza de un cierto animal proviene de la consideración que los pueblos limítrofes tenían hacia él, dándole una especie de culto, o reservándolo para su dios como algo intocable. Así ocurría, por ejemplo, con el cerdo, animal empleado para los sacrificios al dios babilonio Tammuz.