COMENTARIO
El Catecismo de la Iglesia Católica describe así la significación del rito de la purificación del gran Día de la Expiación (Yôm Kippur): «El Nombre de Dios Salvador era invocado una sola vez al año por el sumo sacerdote para la expiación de los pecados de Israel, cuando había asperjado el propiciatorio del Santo de los Santos con la sangre del sacrificio (cfr Lv 16,15-16; Si 50,20; Hb 9,7). El propiciatorio era el lugar de la presencia de Dios (cfr Ex 25,22; Lv 16,2; Nm 7,89; Hb 9,5). Cuando San Pablo dice de Jesús que “Dios lo exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre” (Rm 3,25), significa que en su humanidad “estaba Dios reconciliando el mundo consigo” (2 Co 5,19)» (n. 433).