COMENTARIO

 Lv 19,19-37 

Las normas referentes a los apareamientos entre animales de diversas especies, o siembras con distintos granos, así como el vestirse con diferentes tejidos, responden, al parecer, a costumbres paganas en las que se mezclaban creencias mágicas; de ahí la prohibición. También las disposiciones sobre los abusos cometidos contra una esclava responden a circunstancias y costumbres de aquellos tiempos. En todas las normas prevalece la idea del respeto al prójimo y la necesidad de desagraviar al Señor por las faltas cometidas. Se trataba de evitar que los hebreos se dejaran influir por supersticiones y prácticas mágicas de la época. A pesar de ello, en diversas ocasiones se narran en la Biblia el recurso a esos medios mágicos, como la invocación de los muertos (cfr Dt 18,11; Is 19,3; 1 S 28,7), las incisiones en la piel o los tatuajes (cfr 1 R 18,28; Is 44,5). La profanación de una hija prostituyéndola se refiere, probablemente, a los ritos cananeos para alcanzar la fecundidad que atribuían a la diosa Astarté.

El honrar a los ancianos, dignos de respeto por su experiencia (cfr Jb 11,12), es doctrina que se repite en otros muchos pasajes de la Biblia. Así, el libro de los Proverbios habla en favor de los ancianos diciendo que «los cabellos blancos son una corona de honor» (Pr 16,31).

El afecto por los forasteros que trabajan fuera de su tierra es también frecuente en los libros sagrados (cfr Ex 22,20; Dt 10,19; 24,17); junto con los huérfanos y las viudas forman un grupo social que Dios toma bajo su protección.

En el Evangelio vemos la misma preocupación de Cristo por los más débiles y necesitados, como son los niños (cfr Mc 9,36; Lc 18,16-17), o los pecadores, que la sociedad despreciaba (cfr Mt 9,11; Lc 7,34), o los pobres y enfermos (cfr Mt 8,2ss.; Lc 5,12-14; etc.). La encíclica Sollicitudo rei socialis de San Juan Pablo II, al referirse a la opción o amor preferencial por los pobres, señala: «Ésta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia» (n. 42).

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