COMENTARIO

 Lv 22,1-16 

La sacralidad de las ofrendas exigía la santidad y pureza en quienes las consumían, ya fueran sacerdotes o laicos. En el caso de los primeros se da un precepto general y se pasa luego a casos concretos, ya considerados antes (cfr 13,1ss.; 15,2.16.18; 21,16-23). En cuanto a los laicos, aunque sean huéspedes del sacerdote, no comerán de las cosas santas.

Volver a Lv 22,1-16