COMENTARIO
La disposición sobre la edad del animal ofrecido sugiere que lo que no era útil como alimento para los hombres, tampoco podría ser sacrificado al Señor. En cuanto a la disposición de no matar en el mismo día a la madre y a su cría, parece responder a evitar ciertas prácticas idolátricas, aunque hay quien se inclina por ver en ello una especie de respeto y compasión hacia el animal ofrecido.
Por otra parte, la exigencia de presentar a Dios víctimas sin defecto recuerda al cristiano la necesidad de ofrecer al Señor el “sacrificio espiritual” (cfr 1 P 2,5) de un trabajo realizado con perfección humana y sobrenatural. «No podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los mínimos detalles: Dios no acepta las chapuzas. “No presentaréis nada defectuoso”, nos amonesta la Escritura Santa, “pues no sería digno de Él” (Lv 22,20). Por eso, el trabajo de cada uno, esa labor que ocupa nuestras jornadas y energías, ha de ser una ofrenda digna para el Creador, operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una palabra, un quehacer cumplido, impecable» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 55).