COMENTARIO
En esta fiesta aparecen también elementos de tipo agrícola referidos a la siega de la mies. Más tarde se relacionó con la entrega de la Ley en el Sinaí. El nombre de Pentecostés le viene por los cincuenta días que transcurren desde la Pascua. En hebreo se llamó Aseret, «Gran asamblea». Otro nombre es el de Fiesta de las Semanas, alusivo a las siete semanas transcurridas desde la Pascua. La ofrenda de panes, amasados con las primeras espigas, expresaba la acción de gracias y la alegría por la recolección recién terminada. Por otra parte, los diversos sacrificios se hacían también como expresión del arrepentimiento por los pecados, así como manifestación del sentimiento de adoración ante la grandeza divina que bendijo el trabajo de su pueblo.
Desde el punto de vista cristiano, parece significativo que fuese en la fiesta de Pentecostés cuando descendiese el Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico. Por una parte, porque comenzaba una etapa nueva con otra Ley mucho más perfecta, no escrita en piedras sino en lo más profundo de los corazones (cfr 2 Co 3,3). Por otro lado, porque parece también significativo que fuera en el momento en el que se recogían los frutos de la tierra cuando llega a la Iglesia el fruto más precioso nacido de la muerte de Cristo en la Cruz, la fuerza del Espíritu que purifica y santifica a los hombres con su gracia divina.