COMENTARIO

 Lv 26,14-46 

Los castigos aparecen de manera desordenada, siendo difícil establecer un determinado sistema de penas. Son diferentes aspectos de la vida, por no decir todos, los que se ven afectados por la ira divina. Así, la tierra se vuelve yerma y dura, la salud se quebranta hasta la consunción de la vida, los enemigos acosan implacables y crueles, el hambre aparece hasta los límites inconcebibles de la antropofagia entre padres e hijos. A este respecto no podemos dejar de recordar la descripción que hace Flavio Josefo del asedio a Jerusalén en el año 70, con la consiguiente destrucción del Templo. Uno de los horrores que refiere el historiador judío consiste en que una mujer, enloquecida por el hambre, se come a su propio hijo (cfr Flavio Josefo, De bello Iudaico 7,8).

Pero el pueblo reconocerá sus pecados, confesará sus culpas, comprenderá que ha merecido aquellos terribles castigos y el Señor, una vez más, se compadecerá de su pueblo recordando la Alianza que hizo con los tres grandes patriarcas: Abrahán, Isaac y Jacob.

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