COMENTARIO
En el censo de los hijos de Israel no se incluyen los miembros de la tribu de Leví. El empadronamiento era de carácter militar y los levitas, destinados a funciones en relación directa con el santuario, no podían ocuparse de otras tareas para no quedar impuros por un contacto profano. Esta tribu había sido reservada para dedicarse exclusivamente al servicio del Tabernáculo.
Las funciones de culto en los santuarios, y particularmente en el Templo de Jerusalén, que desempeñarían los levitas, tienen sus raíces en la Alianza; por eso se recuerda el comienzo de esta actividad durante la peregrinación por el desierto.
La importancia que se concede al cuidado del Tabernáculo es extraordinaria, hasta el punto de que, según el texto sagrado, se destinó una tribu completa a custodiar con exquisito cuidado todos sus enseres y a dedicarse a su servicio. Incluso se advierte que esa vigilancia solícita es importante para todo el pueblo, para que la ira de Dios «no caiga sobre la comunidad de los hijos de Israel» (v. 53).
El texto invita a reflexionar también ahora acerca del cuidado que merecen los lugares y objetos de culto. El Tabernáculo del desierto era una señal de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Con ese mismo nombre de «Tabernáculo» designamos los cristianos al Sagrario donde está realmente presente Jesucristo, Hijo de Dios, bajo las especies sacramentales. La solicitud de los levitas por aquel antiguo Tabernáculo sirve de ejemplo a los cristianos de hoy del cuidado y veneración que han de mostrar ante el Sagrario. «La nobleza, la disposición y la seguridad del tabernáculo eucarístico deben favorecer la adoración del Señor realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1183).