COMENTARIO

 Nm 6,1-21 

El voto de nazareato del que aquí se habla, fue frecuente en Israel desde muy antiguo. Sansón era nazareo perpetuo (cfr Jc 13,2-7) y quizá también Samuel (cfr 1 S 1,28); los había en tiempo de Amós (Am 2,11) y en la época de los Macabeos (1 M 3,49-50). Probablemente algunos judíos convertidos al cristianismo hicieron también este voto (cfr Hch 21,24) y tal vez hasta el mismo San Pablo lo realizó (cfr Hch 18,18). Indicaba una especial consagración a Dios, al menos durante un tiempo.

El nazareo adquiría tres compromisos: dejarse crecer el cabello, abstenerse de toda bebida alcohólica y evitar el contacto con cadáveres. El más específico era el del cabello, que es mencionado siempre que se habla del nazareo; el término pasa incluso al vocabulario profano de la Biblia que, para referirse a las vides no podadas (cfr Lv 25,5), el texto hebreo las llama vides nazareas. No se sabe con claridad qué sentido podía tener el dejarse cabello largo; quizá era señal de fortaleza (cfr Jc 5,2), o de proximidad con Dios, puesto que algunos textos dan a entender que los sacerdotes llevaban el cabello largo (Lv 21,5). La abstinencia de bebidas alcohólicas no presupone que se considere malo el beber vino, puesto que se permite tomarlo en el banquete sacrificial con que culmina el nazareato; probablemente es un signo de que la persona consagrada prescinde de lo efímero de esta tierra para dedicarse a las cosas de Dios. Era, sin duda, una manifestación de la entrega a Dios en exclusiva. La obligación de evitar el contacto con cadáveres es común con los sacerdotes (cfr Lv 21,1) y sirve para prevenir el caer en impureza ritual.

Las ceremonias de terminación del voto son especialmente solemnes y reflejan la alegría de quien ha intentado estar más cerca de Dios. Los sacerdotes y los amigos participan del sacrificio de comunión y del gozo de la persona consagrada.

Volver a Nm 6,1-21