COMENTARIO
El candelabro de oro o menorah era una rica pieza de oro (cfr Ex 25,31-40) colocada junto a la mesa de los Panes de la proposición. Aunque no es seguro el significado del mismo, es evidente que era un elemento importantísimo en el culto, puesto que las lámparas debían permanecer siempre encendidas (cfr Lv 24,2-4). El número de siete brazos podría indicar plenitud. De hecho Flavio Josefo comenta que el candelabro recordaba el poder creador de Dios, pues los siete brazos representaban a la luna y los planetas (cfr Antiquitates Iudaicae 3,144-6). En la tradición de la Iglesia, las lámparas se han aplicado tipológicamente a Cristo. Clemente de Alejandría comenta: «El candelabro de oro tiene otra simbología: la de ser signo de Cristo, no por su sola naturaleza, sino porque ilumina “de muchos modos y en diversos momentos” (Hb 1,1) a los que creen y esperan en Él» (Stromata 5,6,35). Por su parte, Rábano Mauro señala: «Las siete lámparas son los siete dones del Espíritu Santo, que permanecieron siempre en el Señor, Redentor nuestro, y en sus miembros, es decir, en todos los elegidos según su voluntad» (Enarrationes in Numeros 14).