8Nm1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Habla a Aarón y dile: «Cuando instales las lamparillas, estas siete lamparillas permanecerán encendidas en el frontal de la parte anterior del candelabro».
3Y así lo hizo Aarón: en el frontal de la parte anterior del candelabro instaló sus lamparillas como el Señor había mandado a Moisés. 4Y la hechura del candelabro era de oro macizo: desde su pie hasta sus flores eran de oro macizo. Hizo el candelabro según el modelo que el Señor mostró a Moisés.
5El Señor habló a Moisés diciendo:
6—Toma a los levitas de entre los hijos de Israel y purifícalos. 7Así harás para purificarlos: aspergerás sobre ellos agua de expiación, rasurarán todo su cuerpo, lavarán sus vestidos, y se purificarán. 8Tomarán un novillo joven, con su ofrenda de flor de harina amasada con aceite, y tú tomarás un segundo novillo para el sacrificio por el pecado. 9Harás que se acerquen los levitas ante la Tienda de la Reunión, y convocarás a toda la comunidad de los hijos de Israel. 10Harás que los levitas se acerquen ante el Señor y los hijos de Israel impondrán sus manos sobre los levitas. 11Aarón balanceará a los levitas como ofrenda balanceada ante el Señor de parte de los hijos de Israel, y serán destinados a trabajar en el culto del Señor. 12Los levitas impondrán sus manos sobre la cabeza de los novillos. Y tú ofrecerás para expiar por los levitas uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto al Señor. 13Harás estar de pie a los levitas ante Aarón y ante sus hijos, y los balancearás como ofrenda balanceada al Señor, 14y separarás a los levitas de entre los hijos de Israel, y los levitas serán para mí.
15»Después los levitas entrarán a servir en la Tienda de la Reunión. Los purificarás y los presentarás como ofrenda balanceada, 16porque han sido donados; ellos me han sido donados de entre los hijos de Israel. A cambio de todo primogénito, esto es, de todo el que abre el seno materno, de los hijos de Israel, los he tomado para mí, 17pues mío es todo primogénito entre en los hijos de Israel, tanto de hombre como de animal; los consagré para mí en el día en que herí a todo primogénito en la tierra de Egipto; 18de modo que tomaré a los levitas a cambio de todo primogénito de los hijos de Israel. 19He dado a los levitas, como donación de los hijos de Israel, a Aarón y a sus hijos para que realicen el servicio de los hijos de Israel en la Tienda de la Reunión; y para expiar por los hijos de Israel, de modo que no haya plagas cuando los hijos de Israel se acerquen al santuario.
20Moisés, Aarón y toda la comunidad de los hijos de Israel hicieron esto con los levitas. Conforme a todo lo que el Señor había mandado a Moisés en relación a los levitas, así hicieron con ellos los hijos de Israel.
21Los levitas se purificaron de los pecados y lavaron sus vestidos. Aarón los presentó como ofrenda balanceada ante el Señor, y Aarón hizo la expiación por ellos para purificarlos. 22Después los levitas se incorporaron a desempeñar sus tareas en la Tienda de la Reunión ante Aarón y sus hijos. Conforme a todo lo que el Señor había mandado a Moisés en relación a los levitas, así hicieron con ellos.
23El Señor habló a Moisés diciendo:
24—Esto es lo que compete a los levitas: cada uno, a partir de los veinticinco años, se incorporará al servicio divino, en el servicio de la Tienda de la Reunión, 25y a partir de los cincuenta años dejará de formar parte de este servicio divino, y ya no servirá más. 26Ayudará a sus hermanos en el cumplimiento de su tarea en la Tienda de la Reunión, pero no desempeñarán el servicio. Así harás en lo que se refiere a las tareas de los levitas.
9Nm1El Señor habló a Moisés en el desierto del Sinaí, el año segundo de su salida de la tierra de Egipto, el mes primero, diciendo:
2—Los hijos de Israel han de celebrar la Pascua a su tiempo debido. 3La celebrarán en su momento: el día catorce de este mes al atardecer. La celebrarán ateniéndose a todas las prescripciones y costumbres relativas a ella.
4Ordenó Moisés a los hijos de Israel que celebraran la Pascua, 5y la celebraron el día catorce del mes primero, al atardecer, en el desierto del Sinaí. Los hijos de Israel hicieron todo tal y como el Señor lo había mandado a Moisés.
6Hubo algunos hombres que quedaron impuros por haber tocado el cuerpo de un difunto, y no pudieron celebrar la Pascua aquel día. Ese mismo día se presentaron ante Moisés y Aarón 7y dijeron:
—Nosotros hemos quedado impuros por el cadáver de un hombre, pero ¿por qué a nosotros siendo israelitas se nos prohíbe presentar la ofrenda al Señor a su tiempo debido? 8Y Moisés les dijo:
—Esperen, que voy a escuchar lo que les manda el Señor.
9Y el Señor habló a Moisés diciendo:
10—Habla a los hijos de Israel y diles: «Cualquiera de ustedes o de sus descendientes que esté impuro por haber tocado un cadáver, o que se encuentre lejos de viaje, que celebre la Pascua del Señor. 11Pero la celebrará el día catorce del mes segundo, al atardecer; la comerá con ácimos y hierbas amargas, 12no dejarán nada para la mañana, y no le romperán ningún hueso; la celebrarán ateniéndose a todo lo prescrito para la Pascua. 13Pero si uno que estaba puro y no se encontraba en camino se abstuvo de celebrar la Pascua, ése será extirpado de su pueblo, porque no ofreció la ofrenda del Señor en su momento; ese hombre será responsable de su pecado. 14Y el extranjero que vive entre ustedes celebrará la Pascua en honor del Señor; conforme a las leyes de la Pascua y sus normas, así hará. La misma ley valdrá para ustedes, para el extranjero y para el habitante del país».
15El día en que se erigió el Tabernáculo, la nube cubrió el Tabernáculo por el lado de la tienda del Testimonio, y hubo una apariencia de fuego sobre el Tabernáculo desde el atardecer hasta la mañana. 16Así sucedía siempre: la nube lo cubría de día, y la apariencia de fuego por la noche. 17Cuando la nube que estaba encima de la tienda se elevaba, los hijos de Israel se ponían en marcha, y en el lugar en el que la nube se detenía, allí los hijos de Israel acampaban. 18Conforme al mandato del Señor los hijos de Israel se ponían en marcha, y de acuerdo con el mandato del Señor acampaban. Todos los días que la nube se detenía sobre el Tabernáculo permanecían acampados. 19Cuando la nube permanecía sobre el Tabernáculo muchos días, los hijos de Israel respetaban la orden del Señor, y no se ponían en marcha. 20Había veces que la nube estaba unos cuantos días sobre el Tabernáculo; de acuerdo con el mandato del Señor acampaban, y de acuerdo con el mandato del Señor se ponían en marcha. 21Y había veces en que la nube estaba inmóvil desde la tarde hasta la mañana, y por la mañana la nube se levantaba y se ponían en marcha; o la nube estaba inmóvil día y noche y luego se levantaba, y entonces se ponían en marcha. 22Cuando la nube permanecía sobre el Tabernáculo, reposando sobre él dos días, o un mes, o más tiempo, los hijos de Israel acampaban y no se ponían en marcha, y cuando ella se elevaba se ponían en marcha. 23De acuerdo con el mandato del Señor acampaban y de acuerdo con el mandato del Señor se ponían en marcha. Guardaban la orden del Señor de acuerdo con lo que el Señor había dicho a través de Moisés.
10Nm1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Hazte dos trompetas: las harás de plata forjada, y te servirán para convocar a la comunidad y para poner en marcha el campamento. 3Cuando toquen, toda la comunidad se reunirá junto a ti a la entrada de la Tienda de la Reunión; 4y si toca una sola se reunirán junto a ti los príncipes, los capitanes de las milicias de Israel.
5»Cuando ustedes toquen la señal de marcha partirán los campamentos que están al este, 6y cuando la toquen por segunda vez partirán los campamentos que están al sur. Se tocará la señal de marcha para partir. 7Se tocará también para la reunión de la asamblea, pero sin tocar la señal de marcha. 8Los hijos de Aarón y los sacerdotes tocarán las trompetas: esto será para ustedes una ley perpetua para sus generaciones.
9»Cuando en su tierra entren en guerra contra un adversario que les haga frente, tocarán a rebato con las trompetas, y el Señor, su Dios, se acordará de ustedes y serán salvados de sus enemigos.
10»Cuando estén alegres, en sus festividades y en sus novilunios, tocarán las trompetas al ofrecer sus holocaustos y sus sacrificios de comunión, y servirán para que su Dios se acuerde de ustedes. Yo, el Señor, su Dios.
11Sucedió que el día veinte del mes segundo del año segundo la nube se elevó de encima del Tabernáculo del Testimonio. 12Los hijos de Israel se pusieron en marcha para salir del desierto del Sinaí, hasta que la nube se detuvo en el desierto de Parán.
13Así se pusieron en marcha por vez primera según lo que el Señor había indicado por medio de Moisés. 14Primero se puso en marcha la bandera del campamento de los hijos de Judá, distribuidos por compañías: Najsón, hijo de Aminadab iba al frente de su compañía; 15y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Isacar iba Natanael, hijo de Suar; 16y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Zabulón iba Eliab, hijo de Jelón. 17Cuando desmontaron el Tabernáculo se pusieron en marcha los hijos de Guersón y los hijos de Merarí que lo transportaban.
18Luego se puso en marcha la bandera del campamento de Rubén, distribuidos por compañías: al frente de su compañía iba Elisur, hijo de Sedeur; 19y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Simeón iba Selumiel, hijo de Surisaday; 20y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Gad iba Eliasaf, hijo de Deuel. 21También se pusieron en marcha los quehatitas, que transportaban el santuario. El Tabernáculo ya había sido levantado cuando ellos llegaron.
22Y se puso en marcha la bandera del campamento de los hijos de Efraím, distribuidos por compañías: al frente de su compañía iba Elisamá, hijo de Amihud; 23y al frente de la compañía de la tribu de Manasés iba Gamaliel, hijo de Pedasur; 24y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Benjamín iba Abidán, hijo de Guidoní.
25Luego se puso en marcha la bandera del campamento de los hijos de Dan en la retaguardia de los demás campamentos, distribuidos por compañías: al frente de su compañía iba Ajiézer, hijo de Amisaday; 26y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Aser iba Paguiel, hijo de Ocrán; 27y al frente de la compañía de la tribu de los hijos de Neftalí iba Ajirá, hijo de Enán.
28Éste era el orden de marcha de los hijos de Israel, distribuidos por compañías, cuando emprendieron la marcha.
29Moisés dijo a su suegro Jobab, hijo de Reuel, el madianita:
—Nosotros nos dirigimos al lugar del que dijo el Señor: «Yo se los daré». Ven con nosotros y te trataremos bien, porque el Señor ha prometido bienes a Israel.
30Pero él le respondió:
—No iré, sino que me volveré a mi tierra y a mi patria.
31Y Moisés insistió:
—Por favor, no nos abandones, pues sin duda conoces en qué lugares podemos acampar; serías como nuestros ojos. 32Y si vienes con nosotros tendrás los bienes con los que el Señor nos favorezca y te trataremos bien.
33Recorrieron desde el monte del Señor un camino de tres días. El arca de la alianza del Señor marchó delante de ellos durante los tres días en busca de un sitio donde descansar; 34y la nube del Señor estaba sobre ellos durante el día cuando partían del lugar donde habían acampado.
35Cuando el arca se ponía en marcha decía Moisés:
—¡Levántate, oh Señor,
dispersa a tus enemigos,
aleja de tu presencia a los que te odian!
36Y cuando ella se paraba, él decía:
—¡Vuélvete, oh Señor,
mira a la multitud de las milicias de Israel!
11Nm1Sucedió que el pueblo estaba quejándose amargamente a los oídos del Señor. El Señor los oyó y se enardeció su ira. El fuego del Señor se encendió sobre ellos y devoró un extremo del campamento. 2Y clamó el pueblo a Moisés. Moisés intercedió ante el Señor, y se extinguió el fuego. 3Y se llamó aquel lugar con el nombre de Taberá, porque prendió contra ellos el fuego del Señor.
4La chusma que se les había unido sintió un gran apetito, y se echaron a llorar también los hijos de Israel diciendo:
—¿Quién nos dará carne para comer? 5Nos acordamos del pescado que estaríamos comiendo de balde en Egipto, y de los pepinos, las sandías, los puerros, las cebollas y los ajos, 6pero ahora nuestra alma está reseca; no vemos nada más que maná. (7El maná era como la semilla del cilantro, y su aspecto era parecido al de una resina. 8El pueblo salía a recogerlo, y lo molían en el molino o lo machacaban en el mortero; lo cocían en la olla y hacían con él unas tortas cuyo sabor era como el del pan con aceite. 9Cuando el rocío caía sobre el campamento, por la noche, también el maná descendía sobre él.)
10Moisés oyó al pueblo que estaba llorando, cada familia a la entrada de su tienda. Se encendió mucho la ira del Señor, y a Moisés le pareció mal, 11por lo que Moisés dijo al Señor:
—¿Por qué maltratas a tu siervo? ¿Y por qué no he encontrado gracia a tus ojos, para que impongas sobre mí la carga de todo este pueblo? 12¿Acaso soy yo el que ha concebido a todo este pueblo, o el que les ha dado a luz, para que me digas que los lleve en mi regazo, como una nodriza llevaría a su niño, hacia la tierra que prometiste a sus padres? 13¿De dónde voy a sacar carne para darla a todo este pueblo? Pues me dicen llorando: «Danos carne para que comamos». 14Yo solo no puedo llevar el peso de todo este pueblo, es demasiado para mí. 15Si me vas a tratar así, mátame, por favor. Mátame, si es que he encontrado gracia a tus ojos, para que no vea mi desgracia.
16El Señor dijo a Moisés:
—Reúneme setenta hombres entre los ancianos de Israel, que sepas que son ancianos y responsables del pueblo; llévalos a la Tienda de la Reunión y que estén allí contigo. 17Bajaré y hablaré allí contigo; tomaré del espíritu que hay sobre ti y lo infundiré sobre ellos, para que lleven contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo. 18Y dirás al pueblo: «Prepárense para mañana santificándose, que van a comer carne; pues han llorado a los oídos del Señor diciendo: “¿Quién nos dará carne para comer? ¡En Egipto nos iba mejor!” El Señor les dará carne para que coman; 19y no comerán un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte, 20sino un mes entero, hasta que les salga por las narices y les dé nausea, porque han despreciado al Señor que está en medio de ustedes y han llorado ante Él diciendo: “¿Por qué hemos salido de Egipto?”».
21Moisés replicó:
—¿Son seiscientos mil los hombres de a pie que hay en el pueblo al que pertenezco y tú dices: «Voy a darles carne para que coman un mes entero»? 22¿Acaso si se inmolaran ovejas y vacas les sería bastante? ¿Y si se juntaran todos los peces del mar, les bastaría?
23Dijo el Señor a Moisés:
—¿Acaso es mezquina la mano del Señor? Ahora verás si mi palabra se cumple o no.
24Moisés salió y trasmitió al pueblo las palabras del Señor. Reunió a setenta hombres de entre los ancianos del pueblo y los colocó de pie alrededor de la tienda. 25Descendió el Señor en la nube y habló con él. Tomó del espíritu que había sobre Moisés y lo infundió sobre cada uno de los setenta ancianos. Y cuando el espíritu reposó sobre ellos se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.
26Dos hombres se habían quedado en el campamento, uno se llamaba Eldad y el otro Medad. El espíritu reposó sobre ellos, pues eran de los señalados aunque no habían ido a la tienda, y se pusieron a profetizar en el campamento. 27Un muchacho corrió a referírselo a Moisés, y le dijo:
—Eldad y Medad están profetizando en el campamento.
28Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde su juventud, replicó:
—Señor mío, Moisés, prohíbeselo.
29Moisés le dijo:
—¿Estás celoso por mí? ¡Ojalá todos los del pueblo del Señor fueran profetas porque el Señor les hubiera infundido su espíritu!
30Y Moisés regresó al campamento junto con los ancianos de Israel.
31Se levantó un viento enviado por el Señor que trajo codornices desde el mar, y las dejó sobre el campamento y sus alrededores en un radio de una jornada de camino, a unos dos codos de altura sobre el suelo. 32El pueblo estuvo ocupado todo aquel día, toda la noche, y todo el día siguiente, recogiendo codornices. El que menos, recogió diez jómer. Las extendieron como una alfombra alrededor del campamento.
33Tenían la carne entre sus dientes y todavía no habían tomado el primer bocado cuando se encendió la ira del Señor contra el pueblo, y el Señor hirió al pueblo con una gran plaga. 34Y se llamó a aquel lugar Quibrot–Ha-Taavá, porque allí enterraron a los del pueblo que se habían dejado arrastrar por su apetito.
35El pueblo se dirigió de Quibrot–Ha-Taavá a Jaserot, y se detuvieron en Jaserot.
12Nm1María y Aarón murmuraron contra Moisés por causa de la cusita que había tomado por esposa —pues se había desposado con una mujer cusita—, 2y dijeron:
—¿Acaso el Señor ha hablado sólo con Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?
Y el Señor los oyó.
3Pero este hombre, Moisés, era muy humilde, más que ningún otro hombre sobre la faz de la tierra. 4De improviso, el Señor dijo a Moisés, a Aarón y a María:
—Salgan los tres hacia la Tienda de la Reunión.
Y salieron los tres.
5El Señor bajó en una columna de nube, se puso a la entrada de la tienda, llamó a Aarón y María, y salieron ambos. 6Y dijo:
—Escuchen, pues, mis palabras:
Cuando hay entre ustedes un profeta del Señor,
mediante visiones yo me doy a conocer,
en el sueño yo le hablo.
7Esto no lo hago con mi siervo Moisés.
Ningún otro es tan fiel en toda mi casa.
8Conversamos cara a cara.
Mediante visión, no por enigmas,
contempla la figura del Señor.
¿Cómo no temen murmurar contra mi siervo Moisés?
9Se encendió la ira del Señor contra ellos y el Señor se marchó. 10La nube se apartó de encima de la tienda y María quedó leprosa, blanca como la nieve. Aarón se dirigió hacia María y vio que estaba leprosa. 11Entonces Aarón dijo a Moisés:
—Por favor, señor mío, no cargues sobre nosotros este pecado que tan neciamente hemos cometido. 12¡Que ella no sea como un aborto que, cuando sale de las entrañas de su madre, tiene consumida la mitad de su carne!
13Moisés clamó al Señor diciendo:
14Y el Señor dijo a Moisés:
—Si su padre le hubiera escupido en la cara ¿no quedaría avergonzada siete días? Así pues, que sea confinada siete días fuera del campamento, y que después sea admitida de nuevo.
15María fue confinada siete días fuera del campamento, y el pueblo no se puso en marcha hasta que María no se reincorporó. 16Después el pueblo partió de Jaserot y acamparon en el desierto de Parán.
13Nm1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Envía a unos hombres para que exploren la tierra de Canaán que yo doy a los hijos de Israel. Por cada tribu patriarcal enviarás a un solo hombre, y que todos ellos sean príncipes.
3Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a lo que había dicho el Señor; todos aquellos hombres eran capitanes de los hijos de Israel. 4Éstos son sus nombres:
por la tribu de Rubén, Samúa, hijo de Zacur;
5por la tribu de Simeón, Safat, hijo de Jorí;
6por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Yefuné;
7por la tribu de Isacar, Yigal, hijo de José;
8por la tribu de Efraím, Oseas, hijo de Nun;
9por la tribu de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú;
10por la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí;
11por la tribu de José, Gadí, hijo de Susí, de la tribu de Manasés;
12por la tribu de Dan, Amiel, hijo de Guemalí;
13por la tribu de Aser, Satur, hijo de Miguel;
14por la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vafsí;
15por la tribu de Gad, Gueuel, hijo de Maquí.
16Éstos son los nombres de aquellos a quienes envió Moisés a explorar la tierra. Y Moisés llamó a Oseas, hijo de Nun, Josué.
17Moisés los envió a explorar la tierra de Canaán diciéndoles:
—Marchen ahí por el Négueb y suban a la montaña; 18observen cómo es la tierra y si el pueblo que habita en ella es fuerte o débil, pequeño o numeroso; 19y cómo es la tierra en la que habita, si es buena o mala; y cómo son las ciudades en las que habita, si son campamentos o fortalezas; 20y cómo es la tierra, si es pingüe o enjuta, si hay en ella árboles o no. Sean valientes y tomen algunos de los frutos de la tierra.
Era entonces la época en la que maduran las primeras uvas.
21Subieron y exploraron la tierra desde el desierto de Sin hasta Rejob, en dirección a Jamat. 22Subieron por el Négueb y llegaron hasta Hebrón, donde estaban Ajimán, Sesay y Talmay, descendientes de Anac. Hebrón había sido fundada siete años antes que Soán de Egipto. 23Llegaron hasta Najal–Escol y cortaron de allí un sarmiento con un racimo de uvas que transportaron con una pértiga entre dos, y también granadas e higos. 24Y llamaron a aquel lugar Najal–Escol, a causa del racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.
25Al cabo de cuarenta días regresaron de explorar la tierra. 26Se pusieron en marcha y fueron a donde estaban Moisés, Aarón y toda la comunidad de los hijos de Israel, al desierto de Parán, en Cadés. Informaron de palabra a ellos y a toda la comunidad, y les mostraron los frutos de la tierra.
27Le dijeron:
—Llegamos a la tierra donde nos enviaste, que, ciertamente, mana leche y miel, y éstos son sus frutos. 28Pero el pueblo que habita en ella es poderoso, y las ciudades están muy fortificadas y son muy grandes; y también vimos allí a los descendientes de Anac. 29Amalec habita en la región del Négueb; el hitita, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar y a la orilla del Jordán.
30Entonces Caleb cortó la murmuración del pueblo contra Moisés y dijo:
—Subamos con decisión y apoderémonos de ella, pues sin duda lo conseguiremos.
31Pero los hombres que habían subido con él replicaron:
—No podemos atacar a este pueblo, porque es más fuerte que nosotros.
32Y denigraron ante los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo:
—La tierra que hemos atravesado en nuestra exploración es una tierra que devora a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son gente de gran estatura: 33allí vimos a los gigantes descendientes de Anac, el gigante; nosotros nos veíamos como unos saltamontes, y lo mismo les parecíamos a ellos.
14Nm1Toda la comunidad se puso a gritar y el pueblo se pasó llorando aquella noche. 2Todos los hijos de Israel murmuraron contra Moisés y contra Aarón; y toda la comunidad les dijo:
—¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto o en este desierto! ¡Ojalá hubiéramos muerto! 3¿Por qué el Señor nos ha traído a esta tierra para hacernos caer a filo de espada? ¡Tomarán como botín a nuestras mujeres y a nuestros niños! ¿No sería mejor volvernos a Egipto?
4Y se decían unos a otros:
—Nombremos a un jefe y volvamos a Egipto.
5Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros ante toda la asamblea de la comunidad de los hijos de Israel. 6Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefuné, que eran de los que habían explorado la tierra, se rasgaron sus vestiduras, 7y dijeron a toda la comunidad de los hijos de Israel:
—La tierra que hemos atravesado para explorarla es una tierra muy buena; 8si el Señor nos es propicio, nos llevará a esa tierra que mana leche y miel, y nos la dará. 9Pero ustedes no se rebelen contra el Señor y no teman al pueblo de esta tierra, pues ellos son como pan comido para nosotros; el favor divino se ha apartado de ellos mientras que el Señor está con nosotros. ¡No los teman!
10Pero toda la comunidad hablaba de apedrearlos. Entonces la gloria del Señor se hizo visible en la Tienda de la Reunión a todos los hijos de Israel. 11El Señor dijo a Moisés:
—¿Hasta cuándo me injuriará este pueblo, y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todos los signos que he obrado entre ellos? 12Los castigaré con la peste y los rechazaré, y te daré una nación más grande y fuerte que ellos.
13Pero Moisés dijo al Señor:
—Los egipcios saben bien que con tu fuerza has sacado de allí a este pueblo, 14y se lo han dicho a los habitantes de esta tierra. Ellos se han enterado de que tú, Señor, estás en medio de este pueblo; que tú, Señor, te has dejado ver cara a cara, que tu nube se mantiene sobre ellos y que caminas delante de ellos en una columna de nube durante el día y en una columna de fuego durante la noche. 15¿Vas a dar muerte a este pueblo como a un solo hombre? Los gentiles, que han oído hablar de ti, comentarán: 16«Puesto que el Señor no ha podido llevar a este pueblo a la tierra que les prometió, los ha inmolado en el desierto». 17Te pido que ahora sea exaltada la fuerza de mi Señor, como lo habías prometido diciendo: 18«El Señor es lento a la ira y rico en piedad, soporta la culpa y el delito, pero nada deja impune, porque castiga la culpa de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación». 19Perdona, te lo ruego, la culpa de este pueblo como corresponde a tu gran piedad, así como has soportado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
20Y el Señor dijo:
—Le perdono conforme a tu palabra. 21Sin embargo, ¡vivo Yo y la gloria del Señor llena la tierra!, 22que ninguno de los hombres que han visto mi gloria y los signos que realicé en Egipto y en el desierto —y ya me han tentado diez veces— y no han escuchado mi voz, 23piense que va a ver la tierra que prometí a sus padres. ¡Ninguno de los que me han injuriado la verá! 24Pero a mi siervo Caleb, puesto que ha tenido otro espíritu y ha sido perfecto en mi seguimiento, lo llevaré a la tierra en la que entró, y su descendencia la heredará. 25Y como el amalecita y el cananeo habitan en el valle, mañana pónganse en marcha y diríjanse al desierto por el camino del Mar Rojo.
26El Señor habló a Moisés y a Aarón diciendo:
27—¿Hasta cuándo soportaré a esta comunidad malvada que murmura contra mí? He oído las quejas con las que los hijos de Israel protestan contra mí. 28Diles: «¡Vivo Yo!, oráculo del Señor: según ustedes han hablado a mis oídos, así les he de hacer. 29En este desierto quedarán sus cadáveres, todos los que fueron censados, todos y cada uno, de veinte años para arriba, los que han murmurado contra mí. 30No crean que van a entrar en la tierra que juré que iban a habitar, excepto Caleb, hijo de Yefuné, y Josué, hijo de Nun. 31Pero sus niños, de los que ustedes dijeron que los tomarían como botín, los llevaré y conocerán la tierra que ustedes han despreciado. 32Sus cadáveres —ustedes mismos— quedarán en este desierto. 33Sus hijos serán pastores en este desierto durante cuarenta años, y cargarán con su infidelidad hasta que todos sus cadáveres se consuman en este desierto. 34Según el número de días que exploraron la tierra, cuarenta días, se contará un año cada día; esto es, cargarán con sus culpas cuarenta años, y así sabrán qué es rebelarse contra mí. 35Yo, el Señor, he hablado y ¿no voy a hacer esto a toda esta comunidad malvada que se ha confabulado contra mí? En este desierto se consumirán y ahí morirán.
36Los hombres que Moisés envió a explorar la tierra y que al regresar habían hecho murmurar contra él a toda la comunidad, denigrando la tierra, 37aquellos hombres que denigraron la tierra, murieron por una plaga delante del Señor. 38Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefuné, fueron los únicos que sobrevivieron de entre aquellos que marcharon a explorar la tierra.
39Moisés refirió estas palabras a todos los hijos de Israel, y el pueblo se afligió mucho. 40Por la mañana madrugaron y subieron a la cima del monte diciendo:
—Aquí estamos, dispuestos a subir al lugar que el Señor nos ha dicho, porque hemos pecado.
41Pero Moisés dijo:
—¿Por qué trasgreden lo que ha dicho el Señor? ¡Esto no tendrá éxito! 42No suban, porque el Señor no está con ustedes. No vayan a ser derrotados frente a sus enemigos. 43Pues el amalecita y el cananeo están allí frente a ustedes; caerán a filo de espada porque han dado la espalda al Señor y el Señor no estará con ustedes.
44Pero se empeñaron en subir a la cima del monte, aunque ni el arca de la alianza del Señor ni Moisés se movieron del interior del campamento; 45y el amalecita y el cananeo que habitan en aquel monte bajaron y los batieron y los dispersaron hasta Jormá.
15Nm1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Habla a los hijos de Israel y diles: «Cuando lleguen a la tierra en la que van a habitar, la que yo les doy, 3ofrecerán ofrendas consumidas en honor del Señor, holocaustos, o sacrificios para cumplir un voto o donación, o con motivo de sus solemnidades, de modo que lo escogido de su ganado mayor o menor sea suave aroma en honor del Señor.
4»Si uno presenta su ofrenda al Señor, deberá ofrecer una oblación de un décimo de flor de harina amasado con un cuarto de hin de aceite; 5y añadirá al holocausto o al sacrificio un cuarto de hin de vino para la libación por cada cordero. 6Hará por cada carnero una oblación de dos décimos de flor de harina amasados con un tercio de hin de aceite; 7y un tercio de hin de vino para la libación. Lo ofrecerás como suave aroma en honor del Señor.
8»Si haces un holocausto o un sacrificio de una res para cumplir un voto o en sacrificio de comunión al Señor, 9ofrecerás, además de la res, una ofrenda de tres décimos de flor de harina mezclados con medio hin de aceite, 10y ofrecerás medio hin de vino para la libación. Será una ofrenda consumida, de suave aroma en honor del Señor. 11Que se haga así para cada buey o cada carnero, cordero o cabrito. 12Según el número de víctimas que ofrezcan, así harán con cada una. 13Todos los del pueblo harán así estas cosas: presentarán ofrendas consumidas, de suave aroma en honor del Señor; 14y si el extranjero que viva entre ustedes, o que habite en medio de ustedes en el futuro, hiciera quemar una ofrenda consumida, de suave aroma en honor del Señor, que lo haga como lo hacen ustedes. 15Habrá una única ley para ustedes y para el extranjero que vive entre ustedes; ésta será ley perpetua para todas sus generaciones: delante del Señor, el extranjero será como ustedes. 16Habrá una sola ley y una sola norma para ustedes y para el extranjero que vive entre ustedes».
17El Señor habló a Moisés diciendo:
18—Habla a los hijos de Israel y diles: «Cuando hayan entrado en la tierra a la que yo los introduzco 19y estén comiendo el pan de la tierra, rendirán un tributo al Señor. 20Rendirán como tributo la primicia de sus moliendas, un pan trenzado; lo rendirán como tributo de la era. 21De la primicia de sus moliendas darán al Señor un tributo por todas sus generaciones.
22»Si por inadvertencia no cumplen todos estos mandamientos que el Señor ha dicho a Moisés, 23todo lo que el Señor les mandó por medio de Moisés, desde el día en que lo mandó, y en adelante por todas sus generaciones, 24sucederá que, si se hizo sin que lo viera la comunidad, por inadvertencia, toda la comunidad ofrecerá un novillo en holocausto, como suave aroma en honor del Señor, acompañado por su ofrenda y su libación, como está prescrito, y un macho cabrío en sacrificio por el pecado.
25El sacerdote hará la expiación por toda la comunidad de los hijos de Israel, y serán perdonados porque fue por inadvertencia y ellos han traído su oblación: una ofrenda consumida en honor del Señor y un sacrificio por el pecado que ellos cometieron ante el Señor por inadvertencia. 26Se perdonará, pues, a toda la comunidad de los hijos de Israel y al extranjero que habita en medio de ellos, pues la culpa es de todo el pueblo por inadvertencia.
27»Si una sola persona peca por inadvertencia, ha de ofrecer en sacrificio por el pecado una cabra de un año, 28y el sacerdote hará la expiación ante el Señor por la persona que pecó por inadvertencia; expiará por ella y se le perdonará su culpa. 29Tanto para el nativo de los hijos de Israel como para el extranjero que habita en medio de ustedes habrá una única ley respecto al que obre por inadvertencia.
30»Pero la persona que obra deliberadamente, sea nativo o extranjero, ultraja al Señor; esta persona ha de ser extirpada de su pueblo, 31porque ha despreciado la palabra del Señor y ha violado su mandamiento. Esta persona será irremisiblemente extirpada: ella es culpable».
32Estaban los hijos de Israel en el desierto y encontraron a un hombre que recogía leña en sábado. 33Los que lo habían encontrado recogiendo leña lo llevaron delante de Moisés, Aarón y toda la comunidad, 34y lo detuvieron bajo custodia, porque no sabían qué se le debería hacer. 35El Señor dijo a Moisés:
—Este hombre ha de morir. Que toda la comunidad lo apedree fuera del campamento.
36Y toda la comunidad lo sacó fuera del campamento, lo apedrearon, y murió, como el Señor había mandado a Moisés.