COMENTARIO

 Nm 11,1-12,16 

Más que una descripción de lo que fue la marcha por el desierto desde el Sinaí hasta Cadés (cfr 13,26), estos capítulos nos ofrecen algunos rasgos de extraordinaria importancia sobre las relaciones entre Dios y su pueblo: la reiterada protesta y rebelión de los israelitas ante las dificultades del largo camino, los castigos de parte de Dios, y, finalmente, el perdón por intercesión de Moisés.

En estas narraciones se han recogido recuerdos de diversos acontecimientos: las codornices y el maná (cfr Ex 16), la institución de los setenta ancianos (cfr Ex 18,13-26; Ex 24,9), el caso de los profetas Eldad y Medad, y la murmuración de Aarón y María contra Moisés. La concatenación de los sucesos sigue esta lógica: el pueblo se queja de no comer carne y protesta del maná; Moisés, cansado de soportar al pueblo, recurre a Dios; y Dios responde con una doble intervención: hace partícipes del espíritu de Moisés a setenta ancianos que le ayuden a gobernar el pueblo, y envía codornices para saciar su apetito.

La descripción del pueblo en perfecto orden, casi como un ejército acompasado, en su marcha por el desierto, ha desaparecido ahora, cuando el pueblo se siente acosado por el hambre y bajo el influjo de los extraños que se le unían. Encontramos, en efecto, una chusma entremezclada con el pueblo (cfr v. 4), que lleva a todos a la protesta contra el Señor. Una protesta que surge de la duda acerca de Dios y de sus intenciones hacia ellos (cfr Ex 16,3), y que desemboca en lamentarse de haber salido de Egipto, querer echarse atrás del camino emprendido y desear volver a la esclavitud (cfr vv. 18-20). Ésta es la gran tentación y el gran pecado del pueblo.

Cuanto sucede al pueblo en la peregrinación por el desierto, ayuda a comprender la realidad del nuevo pueblo de Dios: «Caminando la Iglesia a través de tentaciones y tribulaciones, de tal forma se ve confortada por la fuerza de la gracia de Dios que el Señor le prometió, que en la debilidad de la carne no pierde su fidelidad absoluta» (Conc. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 9).

Volver a Nm 11,1-12,16