COMENTARIO
Taberah en hebreo significa «incendio». En las tradiciones de Israel, el lugar de nombre Taberá está unido al relato de la queja del pueblo, desanimado en su camino, que encendió la ira del Señor. Lo que el pasaje viene a poner especialmente de relieve es la absoluta soberanía de Dios y de sus designios que el hombre debe secundar a pesar de las dificultades. Por otra parte, se resalta el papel mediador de Moisés. Aquí no se menciona un motivo concreto en la queja del pueblo, tal como aparecerá después (cfr v. 4); pero esa queja denota el cansancio y pérdida de ilusión, tras haber salido de Egipto.
La tentación del desánimo puede presentarse a veces durante la peregrinación terrena de los hijos de Dios. Esto no debe ser motivo serio de preocupación. «Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los temores. —Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica, y, sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta experiencia de la vida.
Te daré un medio seguro para superar esos temores —¡tentaciones del diablo o de tu falta de generosidad!-: “desprécialos”, quita de tu memoria esos recuerdos. Ya lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: “¡no vuelvas la cara atrás!”» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 133).