COMENTARIO

 Nm 11,16-23 

Ya en Ex 18,13-27 aparece la necesidad de ayuda que tiene Moisés para gobernar al pueblo. Allí se rodea de hombres capaces por consejo de su suegro Jetró; aquí, en cambio, es Dios mismo quien le manda elegir setenta ancianos, o jefes de familia, y les comunica parte del espíritu que poseía Moisés. De los setenta ancianos se ha hablado ya en Ex 24,9; pero ahora se resalta que Moisés poseía el espíritu de profecía en tan gran medida que una participación del mismo hace entrar en trance profético a quienes se les comunica. En Dt 18,18 se presentará a Moisés como un gran profeta y en Nm 12 se realza el carácter excepcional de su relación con Dios. Así se va perfilando en la tradición de Israel la grandeza de la figura de Moisés. Al mismo tiempo, el pasaje está indicando que la tarea de gobernar al pueblo sólo puede llevarse a cabo mediante el espíritu de Dios.

«¿Acaso es mezquina la mano del Señor?» (v. 23). Esta expresión aparece repetidamente en la Biblia para expresar el poder de Dios y su magnanimidad (cfr Is 50,2; 59,1). Cuando Moisés se encuentra ante un problema aparentemente irresoluble, Dios lo tranquiliza haciéndole notar que para Él no hay nada imposible. También hoy podemos estar serenos, porque «Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios (Is 59,1): no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 130).

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